Sanciones de la UE a Rusia son desacertadas

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24 de noviembre, 2014 - 2:14 pm
Redacción Diario Qué Pasa

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Fotos: Agencia

Rusia no permitirá que el gobierno de Kiev destruya todo en Ucrania.

En el transcurso de la novena cumbre del G-20, efectuada en Brisbane, Australia, el presidente ruso, Vladimir Putin, respondió a las sanciones económicas impuestas por la Unión Europea (UE), Estados Unidos (EE UU) y sus aliados con el anuncio de medidas similares de su gobierno, como la prohibición de importaciones de algunos países europeos y la cancelación de préstamos bancarios. El mandatario afirmó, y esto es nuevo, que los castigos contra la economía rusa podrían resultar contraproducentes.

De ponerse trabas a nivel internacional a los bancos rusos, estos podrían reaccionar dando menos créditos a empresas rusas que trabajan asociadas con firmas alemanas, advirtió Putin. «Más tarde o más temprano eso no solo tendrá consecuencias para nosotros, sino también para ustedes», subrayó. El presidente ruso alertó de las graves consecuencias que pueden tener las sanciones para la economía de Ucrania. Los bancos rusos concedieron créditos por más de 25.000 millones de dólares (20.000 millones de euros) al país vecino.

Patrullando el Caribe

La reciedumbre de las palabras del presidente Putin fueron en consonancia con el nuevo lenguaje diplomático de Moscú consistentes en la reanudación de los vuelos de bombarderos estratégicos, con cargas nucleares, lejos de las fronteras rusas incluidas las aguas internacionales de Alaska, del golfo de México y el Caribe.

Esta medida que pudiera parecer un movimiento imprudente en medio de las tensiones entre los antiguos rivales de la guerra fría, especialmente el uso de estos bombarderos estratégicos rusos con capacidad de utilizar misiles nucleares, para patrullar el mar Caribe, provocó una respuesta severa de Washington, que advirtió a Moscú sobre las posibles consecuencias de su decisión.

Pero el primer punto digno de destacar es que Rusia no está haciendo nada ilegal. Según las leyes, sus aviones de guerra, al igual que los de todas las naciones, tienen el derecho inalienable a volar en cualquier espacio aéreo internacional que elija Moscú para realizar maniobras de entrenamiento. Los mismos funcionarios de Washington, aunque a regañadientes, han reconocido el derecho legal de Rusia a hacerlo. Es sencillo, Moscú está usando el único lenguaje que EE UU entiende.

Para el belicoso partido Republicano y también para los halcones demócratas norteamericanos, el último movimiento de Rusia confirma sus acusaciones de que Putin «está tratando de revivir la era soviética». O, como la lectura del comandante de la Otan, general Philip Breedlove (EU): «Rusia está enviando mensajes de que es una gran potencia».

Las declaraciones de la clase política son la típica interpretación errónea y arrogante que suele hacer Washington. No es Putin quien actúa de forma desafiante o intenta alterar la situación «con sus ambiciones expansionistas». Se trata simplemente de que Rusia pretende que EE UU pruebe su propia medicina.

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Los orígenes de la guerra fría del siglo XXI

La otra razón de esta escalada de tensiones es una respuesta a la manera rapaz y equivocada con que Europa y Estados Unidos respondieron a la desaparición de la URSS (1991), cuando la Otan comenzó a extenderse hacia el este, y se dedicó a cercar, sin justificación alguna, al integrante más grande que quedaba de la disuelta Unión Soviética (Rusia) y a atizar separatismos interétnicos en esos territorios (doctrina de Kissinger y Brzezinski).

Toda esa hostilidad sobre un enemigo estratégico que solo existe en las mentes anticomunistas y maniqueas de la dirigencia occidental, sobre todo de EE UU y Gran Bretaña (GB), indujo a Rusia a rearmarse, a potenciar su industria militar y pesada y recuperar la condición de superpotencia que había tenido en su momento, y ello, a su vez, llevó a una escalada que aún se mantiene en curso, y de la cual la habilidad diplomática de Putin ha sacado partida al máximo.

Frente a la descomposición institucional de Ucrania, un país de dudosas fronteras y en el que —durante la época soviética— se asentaron amplias poblaciones de origen ruso, que por la hostilidad manifiesta del reciente neofascismo floreciente en Kiev, profundamente antiruso, se estructuraron movimientos separatistas y anexionistas a Rusia, el más notable de los cuales fue Crimea, en donde el conflicto se dirimió con la anexión democrática de esa estratégica península (mar Negro), a la Federación Rusa.

Otras regiones del oriente ucraniano (Donetsk, Lugansk, Jarkov, Odessa), también han intentado con relativo éxito, seguir ese camino, lo que ha derivado en un conflicto bélico (4.200 muertos) de graves implicaciones para la estabilidad de toda la región e incluso del mundo. Occidente ha respondido a esta crisis de manera desacertada, quizás enormemente equivocada y contraproducente, como lo dijo Putin: con sanciones comerciales contra Rusia y con el incremento de la acechanza bélica alrededor de ese país, como en los albores de una guerra de mayores proporciones.

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Alta tensión o diplomacia

En esa lógica de la escalada militar, en la que Washington y Bruselas (Otan) tienen fuerzas militares emplazadas a unos centenares de kilómetros de Moscú, el Kremlin busca adoptar medidas similares, como la reactivación de los mencionados sobrevuelos de bombarderos estratégicos sobre Alaska, el golfo de México y otras áreas alejadas del territorio moscovita.

En ese contexto de hostilidad militar y comercial los peligros son tan evidentes como la necesidad de desactivarlos y de que EE UU, la UE, y Ucrania, por un lado, y Rusia, por el otro, depongan los gestos de hostilidad, y despejen los vectores de tirantez que envenenan las relaciones este-oeste. La política y la diplomacia deben cumplir su rol antes de que sea tarde. Quizás los movimientos astutos de Moscú han exasperado a occidente, pero así es el arte de la diplomacia. Moscú no es culpable de las torpezas de Kiev, ni de la mediocre actuación de Victoria Nuland, Susan Rice, o Jean Psaki.

Para lograr una distención en las relaciones regionales es preciso dejar de lado las sanciones comerciales y los movimientos de fuerza de la Otan, y adoptar la vía de la negociación y la diplomacia. Actuar con dignidad, y con la verdad por delante, si se quiere consolidar una relación madura y duradera. Quizás no haya otro camino.

Aceptar al adversario incluso cuando este gane, como es el caso de la asociación de Moscú y Beijing, y acercarse a lo básico, las buenas relaciones y la aceptación de las diferencias.

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