Fotos: Agencias
La plutocracia estadounidense a través del sionista George Soros conmina a Washington a aliarse con China. El objetivo estratégico sería: evitar la consolidación del eje Moscú-Pekín
El ricachón (especulador) George Soros como que se cree el legatario de la política mundial. Después de que Washington intentara humillar a China y arremetiera contra Moscú ensanchando la Otan a las propias fronteras rusas, recomienda ahora una alianza estratégica entre EE UU-China. ¿Contra quién? La deducción es simple: contra Rusia, obvio, el principal aliado estratégico de Beijing y quien ha mantenido políticas realmente serias en sus relaciones con el gigante asiático.
No obstante, el miedo es libre y el temor ha penetrado la psiquis del cuasi criminal Soros, que ha mantenido con su dinero sucio las políticas de agresión contra los países autónomos del eje anglo-sionista, principalmente contra Rusia. Ahora, hoy en el prolegómeno de la decadencia del proyecto estadounidense trata de asirse a una débil rama que lo sostenga en su veloz caída hacia el foso de su autoliquidación, imaginándose que China puede ser engañada fácilmente. Cuando él ha sido uno de los artífices del prodigio chino-ruso por su enfermiza actitud antimoscovita, y en el fondo anticomunista.
La historia, que EE UU no quiere recordar, apunta a un imperio inglés, íntimamente aliado a Washington, que humilló a China intensamente; alude a una Japón —súper dependiente de EE UU— que sojuzgó a China; y señala al propio EE UU que mantuvo al gigante asiático amarrado económicamente y aislado durante décadas (hasta 1972 no fue admitida China en la ONU, puesto que ocupaba Taiwán, y hasta el 2000 no fue normalizada su condición comercial con EE UU), para que ahora cualquier mequetrefe de la ultraderecha fascista, por muy millonario que sea, pretenda embaucarlo con una mentira estúpida.
Los chinos, señor Soros, no son el pueblo «americano», enajenado por los grandes medios sionistas y embotado por las drogas que les facilita Colombia y México. El pueblo de Mao, Deng Xiaoping, Jian Xeming, de Hu Jingtao, y Xi Jinping, no es manipulable. La historia de esta gran nación así nos lo indica.
De manera que el conocido especulador sionista, hoy llamado «inversor», húngaro-estadounidense, George Soros (Soros György, nacido como Schwartz György, el 12 de agosto de 1930 en Budapest) está recomendándole a Barak Obama que adelante una alianza estratégica con China para evitar la consolidación del eje Moscú-Pekín. Lo formuló en un artículo publicado en la revista digital: The New York Review, y publicado en la versión impresa el 9 de julio.
Dice Soros: «Los beneficios de un eventual acuerdo entre China y EE UU serían de gran alcance (…) si pudiera extenderse a otros aspectos de la política energética y las esferas económica y financiera, la amenaza de una alianza militar entre China y Rusia desaparecería y la perspectiva de un conflicto mundial disminuiría (…) EE UU tiene poco que ganar y mucho que perder tratando las relaciones con China como un juego de suma cero, ya que cuenta con poco poder de negociación… Frente al auge económico del gigante asiático, Washington podría intentar obstruir el progreso de China, pero eso sería muy peligroso, ya que el presidente Xi Jinping, ha asumido responsabilidad por la economía y la seguridad».
Y especula el húngaro, pisoteando de paso a Barack Obama: «Si los intentos de la Casa Blanca por crear una alianza con China y alejarla así de un eje Moscú-Pekín fracasan, a EE UU le estaría permitido desarrollar una asociación suficientemente fuerte con los vecinos de China que la alianza ruso-china no se atrevería desafiar por la fuerza militar, aunque con todo sería claramente inferior a una coalición estratégica entre EE UU y China».
Y el traficante financiero Soros le pone la guinda a la torta cuando taimadamente profetiza: «Si las reformas económicas de Xi fracasan, China podría fomentar conflictos externos para mantener al país unido y sostenerse a sí mismo en el poder» (¿?). Un insulto a la inteligencia del 99,9% de la población mundial. Y, completa: «Esto podría llevar a China a alinearse con Rusia no solo financieramente, sino política y militarmente… En ese caso, el conflicto externo podría escalar en una confrontación militar contra un aliado de EE UU como Japón y no es ninguna exageración afirmar que nos encontraríamos en el umbral de una Tercera Guerra Mundial».
Y como lamentándose del panorama apocalíptico de la guerra termonuclear que —tan alegremente— pinta, asevera: «Una alianza con los vecinos de China nos devolvería a la Guerra Fría, pero aún así, sería preferible a una Tercera Guerra Mundial».
Soros coincide con el activista sionista francés Bernard-Henri Levy en sus políticas de hostilidad hacia Rusia, y contra todo lo que signifique una vuelta a la dignidad y poder rusos. «Si los occidentales persisten en su inquietante prudencia a favor de Rusia, entonces Putin no solo proseguirá su ‹agresión›, sino que argüirá que los problemas de su economía son producto de las sanciones occidentales y ganará simultáneamente en todos los tableros», dicen estos pajaritos.
Soros se hace eco de las previsiones que auguran la formación de un mundo multipolar sin la hegemonía de USA, pero con un poderío económico sustentable del lado chino, que se potenciaría con el gigantesco poder nuclear de Rusia. Ese no debe ser el escenario ideal y EE UU debe combatirlo a fondo con todos los medios, concluyó el magnate sionista.

George Soros (en húngaro: Soros György y nacido como Schwartz György, Budapest, Hungría, 12 de agosto de 1930) es un magnate, multimillonario, especulador financiero «y filántropo estadounidense de origen judío húngaro». Es presidente del Soros Fund Management y fundador de Quantum Fund. Es conocido por ser «el hombre que provocó la quiebra del Banco de Inglaterra» el 16 de septiembre de 1992, episodio llamado miércoles negro, donde Soros obtuvo unas ganancias de unos 1.000 millones de dólares y produjo pérdidas al Estado inglés por valor de unas 3.400 millones de libras. Soros es una de las personas más ricas del mundo, con una fortuna de 24.200 millones de dólares en 2015, según Forbes.







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