Qué pasa en Yemen

13 de abril, 2015 - 5:45 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Yemen tiene una gran importancia para Arabia Saudí y para EE UU por su estratégica ubicación: está rodeado por el mar Arábigo, el Golfo de Adén y el mar Rojo. Riad es además, un actor de mucho peso que no considera al territorio yemení como el de un país extranjero, sino como su solar, por lo tanto no quiere perder su influencia allí.

La llegada al poder del movimiento popular yemenita Ansaralá, por sus diferencias ideológicas y religiosas con los saudíes, supone una amenaza para esta influencia. Como consecuencia, las monarquías wahabitas del Golfo decidieron tomar el último mecanismo a su alcance para evitar un gobierno chií en sus cercanías: la guerra.

El reino saudita de Arabia está considerado como el gran rival de Irán en la región, por su intención de extender su ideología wahabita y su intolerancia, a un gobierno chií en sus fronteras, en especial cuando la parte oriental de su territorio limitante con Kuwait, Bahréin, Catar, y Emiratos Árabes Unidos (EAU), se halla sometida a fuertes manifestaciones populares por más democracia y derechos sociales. Riad es un aliado estratégico de Israel.

Además, la organización chií estimula la oposición al sometimiento político-económico de los pueblos de los países cuasi-medievales involucrados en la invasión a Yemen: Bahréin, Emiratos Arabes Unidos, Sudán, Catar, Kuwait, Jordania y, en especial, Arabia Saudí, y es un rival de Egipto y Turquía. De allí que la posibilidad cierta de que Ansaralá asumiera el poder en Yemen, como una muestra de la influencia progresista de los chiíes en la región —más la presencia de Irán—, sumando a los grupos revolucionarios laicos del sur de Yemen, constituye el motivo cardinal de esta agresión.

Las palabras del canciller de los Emiratos Árabes Unidos, Anwar Qarqash, cuando aseguró: «No se puede mantener el silencio ante el cambio estratégico en la región a favor de Irán, cuyos representantes son los hutíes», son premonitorias del miedo monárquico a los pueblos y una muestra de la unión contra los pobres de la región y a favor del imperialismo anglo-sionista.

A esto debemos agregar las declaraciones de Netanyahu ante el Congreso de EE UU cuando afirmó que Irán tiene el control de las capitales de cuatro países árabes, además de dos estrechos estratégicos de la región. Así, esta agresión se puede interpretar también como una estrategia de Arabia Saudí, apoyada por el régimen de Israel y por Washington, para mostrar músculo ante el avance progresivo de Irán.

Las relaciones Israel-Arabia comparten el objetivo de frenar la teórica expansión iraní en Oriente Medio. Esta expansión —llamada media luna chiita— choca con los intereses saudíes de crearse alrededor de Irán un colchón de seguridad sunita a costa de los chiitas. Los frentes de lucha son los de Irak, Siria, Líbano, Yemen y Bahréin, donde existen importantes minorías chiitas —en Irak y Bahréin son mayoría— que cuentan con el apoyo económico de Teherán. Este escenario lo ha aprovechado Israel para excitar el sentimiento antiiraní en la península arábiga.

La hostilidad de los saudíes contra Irán tiene significativas repercusiones en países europeos como Francia. París ha retirado su embajador en Damasco, una decisión que ha sido criticada incluso desde dentro y le ha costado votos al Partido Socialista Frances. En febrero, algunos diplomáticos franceses reprocharon la política de Hollande hacia Siria y han pedido que se devuelva al embajador a Damasco.

Pero tanto el sionista Fabius como el primer ministro Valls conducen una agresiva política contra Teherán y Damasco porque tienen intereses claros en alinearse con Riad y Tel Aviv para apuntalar la venta de armamento francés a Israel y Arabia, y a otros países árabes de la región. La hipocresía de los intereses sobre los pueblos.

No se distingue ningún indicio de que Riad e Israel lleguen a reducir su cooperación puesto que el monarca Salman Abdul Aziz está considerado como más radical que sus predecesores, y aunque Obama acudió en febrero a Riad para felicitarle en un gesto de buena voluntad, el nuevo rey wahabita no ha aventurado ninguna pauta para modificar su política exterior.

Apoyo a la invasión, una política de doble moral

Lo que el mundo evidencia en Yemen resulta similar a lo ocurrido en Ucrania, cuando fuerzas opositoras derrocaron al presidente, Yanukóvich. Ante semejante situación, EE UU y Occidente adoptaron posturas totalmente diferentes a las actuales; condenaron el apoyo de Rusia a Yanukóvich y, a la vez, respaldaron a los opositores, creando un gran caos en ese país. Asimismo impulsaron sanciones unilaterales y fuimos testigos de la dura posición del Consejo de Seguridad de la ONU, bajo los alegatos de defender la democracia y respetar la voz del pueblo ucraniano.

Sin embargo, en Yemen, la situación ha sido diferente; mientras la ONU se mantiene en silencio ante la agresión saudí, Washington y Europa brindan su pleno apoyo al país agresor contra un pueblo yemení que, mediante sus protestas, ha denunciado en muchas ocasiones el sistema dictatorial que los oprime y la mala situación socio económica reinante.

Como el contencioso yemení toca directamente los intereses de las superpotencias, las posturas ante estos dos acontecimientos semejantes han sido diferentes. Una vez más, el mundo ha sido testigo del abuso del sistema hegemónico en cuestiones de democracia y defensa de los derechos humanos.

Fuerza militar común

En estos momentos, en que la región está sometida al caos, la Liga Árabe acuerda conformar una fuerza militar conjunta. Si bien, en un principio, el objetivo era el de combatir al terrorismo, parece que los árabes proisraelíes están movilizándose hacia una efectiva alianza como la de OTAN, para contener a la resistencia pro-palestina.

La agresión saudí a Yemen ha sido el primer paso en este contexto. Concurren los países árabes sunitas, a excepción de Omán. Además de lo militar, la situación ya tiene pinta de que pudiera darse verdadera unión en campos como el político, y el económico, además del militar. Esto pudiera ser la señal de una liga de derechas, nacionalista, cuya ejecución pudiera también perjudicar los intereses occidentales.

Misiles antitanque yemeníes: la pesadilla de Arabia Saudí

La agresión que este «multigangster» grupo —Arabia, Emiratos Arabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Catar, Jordania, Marruecos, Sudán, y Egipto— realiza desde hace 12 días contra los huthis comienza a parecerse a la embestida israelí contra el Líbano y Hezbolá en 2006, que se prolongó durante 33 días. Expertos militares fijan que los yemeníes poseen un amplio arsenal de misiles que podría cambiar el curso de un combate terrestre, si finalmente se presenta la invasión con la que ha amenazado Arabia.

En Líbano 2006, a pesar de la enorme ventaja que tenían los israelíes sobre Hezbolá, sufrieron una humillante derrota. ¿Por qué? Porque el Hezbolá estaba librando una guerra defensiva en su propio tierra. Conocía bien el terreno; sabía por qué estaba luchando, y sus combatientes se dispusieron a dar sus vidas por una causa justa.
Desde hace unos 12 días, la aviación saudí-eau bombardea diariamente las grandes ciudades yemeníes causando la muerte de centenas de civiles; decenas de aviones de combate atacan las infraestructuras yemeníes, aeropuertos, escuelas, hospitales y fábricas.

Invasión terrestre

Hay, sin embargo, algunos obstáculos a dicha ofensiva. En primer lugar, el Ejército saudí carece de experiencia de combate y difícilmente podrá vencer al yemení y a una guerrilla experimentada como Ansaralá en un terreno, además, montañoso. El nacionalismo yemení jugaría también un papel básico en la movilización y resistencia de la población contra el agresor. Asimismo, la posible ofensiva saudí se basaría en gran medida en el despliegue de un gran número de tanques como el Abrams (EE UU) y el Leopard alemán.     Sin embargo, el Ejército yemení y Ansaralá poseen misiles anti tanque rusos de alta capacidad de perforación, tipo Kornet, uno de los más eficaces del mundo. Este misil puede penetrar hasta un metro de profundidad en un blindaje reforzado de un tanque, lo cual es más que suficiente para destruirlo, tiene un alcance teledirigido de 3 km, que puede ser usado en cualquier condición climática.

En 2006, los Kornet de Hezbolá convirtieron al Líbano en un cementerio de tanques Merkava israelíes. Nada impide que esta experiencia se repita y se amplíe.

Conclusión

Solo resta decir que, Riad cometió un grave error al lanzar la agresión a Yemen, ya que si esta contienda bélica se prolonga, será la propia Arabia quien se verá afectada porque deberá enfrentarse a la ola de desplazados, al aumento de las operaciones terroristas cerca de sus fronteras y a un caos q’ puede contagiar su territorio, mientras ni EE UU ni sus aliados occidentales se verán perjudicados.

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