
Una simpatizante del gobernante Partido de los Trabajadores, fundado por Lula, perforó el viernes pasado a cuchillazos el muñeco.
Foto: AFP
Lula: «Solo se puede matar a un pájaro si se queda quieto. Si sigue volando es más difícil. Por eso, yo volví a volar de nuevo»
Río de Janeiro — Cuando un ataque a un muñeco inflable llega a las portadas de los diarios, no es difícil anticipar nuevos vaivenes de la crisis política que sacude a Brasil.
El muñeco gigante personifica al popular expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva (2003-2010) vestido de presidiario, y se ha convertido en un símbolo de los manifestantes de derecha que intentan derribar a su sucesora Dilma Rousseff.
Una simpatizante del gobernante Partido de los Trabajadores, fundado por Lula, perforó el viernes pasado a cuchillazos el muñeco. Hubo titulares de prensa sobre el «atentado» y una campaña de odio en las redes sociales contra la agresora.
El incidente, aunque una anécdota secundaria en la complicada situación que vive Rousseff, va mucho más allá del muñeco.
Hace meses que el carismático Lula, de 69 años, no esconde su inquietud por la crisis que afecta al PT.
Tras afirmar que recorrerá el país en defensa del gobierno, el líder histórico del partido que gobierna Brasil hace 12 años admitió el viernes que si es necesario será candidato a la presidencia en 2018.
«Los adversarios todo el santo día están hablando de mí, y aprendí una cosa: solo se puede matar a un pájaro si se queda quieto. Si sigue volando es más difícil. Por eso, yo volví a volar de nuevo», afirmó Lula el sábado en un acto junto al expresidente uruguayo José Mujica.
«Ahora voy a hablar, voy a viajar, voy a dar entrevistas, voy a incomodar», advirtió Lula.







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