La guerra en el siglo XXI

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6 de enero, 2015 - 4:39 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Foto: Agencias

En esta fase la guerra se trasforma en algo diferente previéndose la desaparición de los sistemas de combate habituales y su mutación hacia conflictos de baja intensidad. Destinada a las mentes, al control de la conducta social,  es dirigida mediáticamente.

Las fuerzas denominadas regulares o tropas militares, ya no serán necesarias en las guerras asimétricas, denominadas así porque conforman la cuarta fase de la guerra, o sea “la guerra de cuarta generación”. En esta fase la guerra se trasforma en algo diferente previéndose la desaparición de los sistemas de combate habituales y su mutación hacia conflictos de baja intensidad (revolución de colores, golpes suaves, primaveras) llamados también “Guerras Asimétricas”.

Evolución de las fases de la guerra hasta la de cuarta generación:

Fase inicial: arranca con la aparición de las armas de fuego y alcanza su expresión máxima en las guerras napoleónicas. La Guerra de Primera Generación corresponde a los enfrentamientos con tácticas de líneas y columnas, como la de la Independencia.

Segunda fase: comienza con la llegada de la Revolución Industrial y la disponibilidad en el campo de batalla de medios capaces de desplazar grandes masas de personas y de desatar poderoso fuego de artillería. La 1ª Guerra Mundial es su ejemplo paradigmático.

Tercera fase: se caracteriza por la neutralización de la potencia del enemigo mediante la localización de flancos débiles con la finalidad de anular su capacidad operativa, sin necesidad de destruirlo físicamente. La Guerra de Tercera Generación fue  desarrollada por el Ejercito Alemán en el conflicto mundial de 1939-1945 y es comúnmente conocida como “guerra relámpago” (Blitz-krieg). No se basa en la potencia de fuego, sino en la velocidad y sorpresa. Se identifica esta etapa con el empleo de la guerra psicológica y tácticas de infiltración en la retaguardia del  enemigo durante la 2ª Guerra Mundial.

Cuarta fase: En 1991, Martín Van Creveld publicó un libro titulado “La transformación de la guerra”, que aportaría sustento a la teoría de la Guerra de Cuarta Generación (G4G). El autor sostiene que la guerra ha evolucionado hasta el punto en que Clausewitz resulta inaplicable. Van Creveld prevé que en el futuro las bases militares serán reemplazadas por escondites y depósitos y el control de la población se efectuará mediante una mezcla de propaganda y terror. Las fuerzas regulares se irán trasformando en algo diferente a lo que han sido previéndose la desaparición de los principales sistemas de combate y su conversión en conflictos de baja intensidad (llamados Guerras Asimétricas).

La “Guerra Contraterrorista” (una variante complementaria  de la G4G) borra las fronteras tradicionales entre «frente amigo» y «frente enemigo» y sitúa como eje estratégico la guerra contra un enemigo universal invisible diseminado por todo el planeta: el terrorismo.

La lógica del “nuevo enemigo” de la humanidad, identificada con el terrorismo tras el 11-S, se articula operativamente a partir de la guerra contraterrorista que compensa la desaparición del enemigo estratégico del capitalismo en la Guerra Fría: la URSS.

La «guerra preventiva»: Utiliza como excusa el enfrentamiento contra el terrorismo y es un salto cualitativo en la metodología y en los recursos estratégicos de la Guerra de Cuarta Generación al servicio de los intereses hegemónicos de  EE.UU y la UE

El desarrollo tecnológico e informático, la globalización del mensaje y las capacidades para influir en la opinión pública mundial, convertirán a la Guerra Psicológica Mediática en el arma estratégica dominante de la G4G, en su variante contraterrorista. Las operaciones son sustituidas con unidades mediáticas, y la acción psicológica con el “terror” sustituye a las armas en el teatro de la confrontación. A partir del 11-S, la “Guerra Contraterrorista” y la “Guerra Psicológica”, conforman las dos columnas estratégicas que sostienen a la Guerra de IV Generación, con los medios de comunicación masivos convertidos en los nuevos ejércitos de conquista.

La Guerra Psicológica, o Guerra sin Fusiles, es el empleo planificado de la propaganda y de la acción psicológica orientadas a direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de la armas. Los ejércitos son sustituidos por grupos operativos descentralizados especialistas en insurgencia y contrainsurgencia y por expertos en comunicación y psicología de masas. Un plan de guerra psicológica está destinado a: aniquilar, controlar o asimilar al enemigo. Las bases de planificación militar son sustituidas por pequeños centros de comando y planificación clandestinos, desde donde se diseñan las modernas operaciones tácticas y estratégicas.

Características de la guerra de cuarta generación

Las grandes batallas son sustituidas por pequeños conflictos localizados, con violencia social extrema, y sin orden aparente de continuidad.

Las grandes fuerzas militares son sustituidas por pequeños grupos operativos (Módulos de Guerra Psicológica) dotados de gran movilidad y de tecnología de última generación, cuya función es detonar desenlaces sociales y políticos mediante operaciones de guerra psicológica.

Los módulos de Guerra Psicológica son complementadas por Grupos de Operaciones, infiltrados en la población civil con la misión de detonar hechos de violencia y conflictos sociales.

Las tácticas y estrategias militares, son relevadas por tácticas y estrategias de control social, mediante la manipulación informativa y la acción psicológica orientada a direccionar la conducta social masiva.

Los blancos ya no son físicos (como en el orden militar tradicional) sino psicológicos y sociales. El objetivo no apunta a la destrucción de elementos materiales (bases militares, soldados, infraestructuras civiles…), sino al control del cerebro humano.

Las grandes unidades militares (barcos, aviones, tanques, submarinos, etc.) son sustituidas por un gran aparato mediático compuesto por hackers, la Web, twiteros, grandes redacciones y estudios de radio y televisión.

El bombardeo militar es sustituido por el cañoneo mediático: Las consignas y las imágenes sustituyen a las bombas, misiles y proyectiles del campo militar.

El objetivo estratégico ya no es la toma y control de áreas físicas (poblaciones, territorios, etc.) sino el apoderamiento y control de la conducta social masiva.

Las unidades tácticas de combate (operadores de la guerra psicológica)  ya no disparan balas sino consignas dirigidas a conseguir un objetivo de control y manipulación de la conducta social masiva.

El armamento táctico es sustituido por los medios de comunicación (los ejércitos de cuarta generación) y las operaciones psicológicas se constituyen en el arma estratégica y operacional dominante.

Objetivos de la guerra de cuarta generación

En la Guerra sin Fusiles, la Guerra de Cuarta Generación (también llamada Guerra Asimétrica), el campo de batalla ya no está en el exterior, sino dentro de la cabeza de la población.  Las operaciones ya no se trazan a partir de la colonización militar para controlar un territorio, sino a partir de la colonización mental para controlar una sociedad.

Los soldados de la G4G son expertos comunicacionales en insurgencia y contra insurgencia, que sustituyen operaciones militares por operaciones psicológicas.

Los misiles son sustituidos por consignas mediáticas que no destruyen el cuerpo, sino que anulan.

Los bombardeos mediáticos están destinados a destruir el pensamiento reflexivo (información, procesamiento y síntesis) y a sustituirlo por una tanda de imágenes sin resolución de tiempo y espacio (alienación controlada).

Los bombardeos mediáticos no operan sobre la inteligencia, sino sobre la psiquis: no manipulan la conciencia sino los deseos y temores inconscientes.

Durante las 24 horas de todos los días, hay un ejército invisible que no utiliza los tanques, aviones ni submarinos, sino información direccionada  y manipulada por medio de imágenes y titulares.

Los titulares y las imágenes son los misiles de última generación que las grandes cadenas mediáticas disparan con demoledora precisión sobre el cerebro de cada uno convertido éste en el teatro de operaciones de la llamada Guerra de Cuarta Generación.

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