Aunque en un principio la Administración Biden esperaba celebrar esta primera cumbre antes, y en persona, su elección del 9 al 10 de diciembre tiene cierto significado
El presidente estadounidense Joe Biden lanzó la Cumbre por la Democracia, que se celebra virtualmente este 9 y 10 de diciembre. Está concebida para empezar a abordar estas preocupaciones. Con más de 100 discursos en vídeo de los líderes invitados, la cumbre da el pistoletazo de salida a lo que la administración y los activistas de la democracia esperan que sea un año de coordinación y reforma entre las democracias, para apuntalar su reputación en casa y en el mundo. Es una idea que Biden ya tenía antes de llegar a la Casa Blanca.
La pandemia del coronavirus le impidió hacerla con un gran encuentro de líderes en Washington y la pompa que hubiera querido. Si bien, no hay una agenda prístina sobre lo que se busca como resultado, en el fondo lo que Estados Unidos necesita es una revitalización de lazos con las democracias occidentales que aíslen y compitan con la creciente influencia de China y Rusia. El Atlantic Council, el centro de estudios washingtoniano, adelantó que uno de los resultados buscados podría ser una Alianza de Democracias mundial, con un grupo básico de 30 a 40 países como miembros fundadores.
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En Washington, muchos coinciden en que no es el mejor momento para hacer este tipo de encuentros y que al dejar afuera a importantes jugadores de la esfera global, ya nace trunca la idea del fortalecimiento democrático. La decisión de invitar a 110 gobiernos en forma discriminatoria, refuerza la posición de que se trata de un ejercicio para que Estados Unidos pueda mostrar que todavía mantiene una enorme influencia global.
En un reciente artículo de opinión conjunto publicado en The National Interest, los embajadores de Rusia y China en Washington tacharon la cumbre de «producto de la mentalidad de la Guerra Fría« y advirtieron que «avivará la confrontación ideológica y la ruptura en el mundo, creando nuevas ‘líneas divisorias».
La corresponsal de asuntos internacionales de la revista Político, Nahal Toosi lo describió de esta manera: “Esta es la cumbre de la democracia y por las democracias. Se trata de elevar, construir y proteger este concepto de democracia. Pero está renga. Le falta equilibrio. Turquía quedó fuera, Hungría quedó fuera, Bangladesh quedó fuera, Singapur quedó fuera. Durante un tiempo, Serbia y Kosovo quedaron fuera, pero cambiaron de opinión. Algunas de las decisiones fueron geoestratégicas: «Si vamos a invitar a India y no invitamos a Pakistán, nos va a causar problemas’. Y no todo el mundo estaba contento con ello. Se invitó a Polonia, y creo que eso se debió en parte a que había una sensación de que hay que intentar asegurarse de que no caigan por el precipicio antidemocrático».
Aunque en un principio la Administración Biden esperaba celebrar esta primera cumbre antes, y en persona, su elección del 9 al 10 de diciembre tiene cierto significado. El 9 de diciembre es el Día Internacional contra la Corrupción, mientras que el 10 de diciembre es el Día de los Derechos Humanos. Se espera que la administración dé a conocer nuevas sanciones contra los cleptócratas y los violadores de los derechos humanos en esos días. Temas que prevalecen entre las iniciativas que la Casa Blanca pondrá a consideración de los líderes: La defensa contra la autocracia, la lucha contra la corrupción y la promoción de los derechos humanos.







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