La respuesta de Trump al asunto Epstein ha sido el desvío y la distracción. Ha resucitado viejas acusaciones contra Obama, Hillary Clinton y Biden, con desesperación. El 20 de julio, Trump publicó 33 veces en Truth Social, difundiendo contenido como un video generado por IA de Obama esposado.
Donald Trump, ha cabalgado la ola de teorías conspirativas desde sus inicios, se enfrenta ahora a un complejo dilema: la sombra de Jeffrey Epstein y las crecientes sospechas sobre su relación con el difunto financiero. La ironía es que, habiendo alimentado la desconfianza en el «estado profundo», Trump ahora preside ese mismo estado y controla sus secretos, generando una pregunta incómoda para sus seguidores: ¿Por qué no los revela?
Una reciente encuesta de Reuters/Ipsos revela que el 69% de los estadounidenses, incluyendo el 62% de los republicanos, creen que el gobierno oculta la supuesta lista de clientes de Epstein. Esta cifra es un reflejo de las numerosas incógnitas que rodean el caso: la fortuna de Epstein, el contenido de sus archivos, y las fallas en su vigilancia en prisión tras un intento de suicidio previo.
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Trump en la Política Estadounidense
La historia de las teorías conspirativas en EE..UU. es profunda, arraigada en un sentimiento histórico de subordinación y desconfianza hacia las élites.
Desde la acusación de que el gobierno fue tomado por traidores en la era McCarthy hasta la actual normalización de estas teorías en la política dominante, como documenta la periodista Anna Merlan, la creencia en complots ocultos es una constante.
Trump se ha erigido como el principal protagonista de esta narrativa, impulsando desde el «birtherismo» hasta las acusaciones de fraude electoral. Ha elevado a figuras como Alex Jones y Kash Patel, y ha visto a sus propios colaboradores, como Michael Flynn, difundir teorías extremas.
El desafío actual de Trump es que, al haber avivado el fuego del anti-estatismo, ahora se encuentra dirigiendo el estado.
Su administración ha desclasificado miles de archivos sobre los asesinatos de JFK, Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr., sin revelar una conspiración mayor. Admitir esto, sin embargo, implicaría reconocer que gobiernos y élites anteriores no mintieron, lo que podría socavar su credibilidad ante su base.
La respuesta de Trump al asunto Epstein ha sido el desvío y la distracción. Ha resucitado viejas acusaciones contra Obama, Hillary Clinton y Joe Biden, con un aire de desesperación. El 20 de julio, en medio de las crecientes preguntas sobre Epstein, Trump publicó 33 veces en Truth Social, difundiendo contenido como un video generado por IA de Obama esposado. Figuras cercanas a él, como Kash Patel, también han intentado cambiar el foco hacia nuevas y oscuras «bóvedas secretas» del FBI.
La feroz reacción de Trump al caso Epstein probablemente profundizará la desconfianza pública hacia las instituciones y la política, fomentando una mayor radicalización. Esta vez, sin embargo, el juego de las conspiraciones que Trump ha dominado, podría volverse en su contra.







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