
Foto:Agencias
Los intereses de Inglaterra en el Mar de Norte por su petróleo y su gas, se potencian por las bases militares —incluyendo la de submarinos nucleares— para no querer esta separación.
Para un cinéfilo empedernido, la película Corazón Valiente es una síntesis de la representación heroica de una persona que lucha contra las injusticias, en este caso protagonizado por el patriota escocés del siglo XIV, William Wallace. Tal vez la escena más memorable sea la final, donde antes de ser decapitado, un envalentonado Mel Gibson proclama el grito de «libertad». Esta imagen de un héroe en kilt que lucha contra los invasores ingleses ha permanecido inmutable en el tiempo y se ha convertido en el símbolo, aún siete siglos después del hecho, de la independencia escocesa y su potencial escisión del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Si bien este ha sido un tema espinoso entre Londres y Edimburgo, el asunto ha cobrado fuerza debido al referendo que se realiza hoy y en el cual los escoceses decidirán si seguir siendo parte de la Unión Jack o bien, declarar su plena autonomía y encaminarse a la existencia como nación totalmente independiente. Como se diría popularmente, formar rancho aparte.
Inglaterra y Escocia comenzaron su historia en común en 1603, cuando al morir sin descendencia la reina Isabel I de Inglaterra, el trono inglés pasa a ser ocupado por Jacobo, cuya madre María de Escocia era prima lejana de Isabel. A continuación, pasa a ser conocido como Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia bajo una figura conocida como unión personal, en la cual un jefe de Estado gobierna distintos territorios totalmente independientes. El acercamiento entre ambos reinos tuvo lugar en 1707 con la firma de las Actas de la Unión, con las cuales se unieron los parlamentos de ambos países bajo un nuevo estado llamado Reino de Gran Bretaña. En 1801 se incluyó también a Irlanda, con lo cual se formaría el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda y que aún perdura en la actualidad. Es con la adhesión de Irlanda cuando se conciben los símbolos británicos que serían —y son— representativos del nuevo ente estatal europeo, de los cuales el más famoso, de lejos, es la Unión Jack, la bandera británica que representa la suma de las tres banderas de los estados preexistentes a las actas y sintetizan la unión.
Casi 4,3 millones de personas mayores de 16 años residentes en Escocia —el 97% de los que pueden votar—, extranjeros y británicos incluidos, se han registrado para participar.
Hasta ahora en todos los escenarios la opción ganadora sería el «no», según dos sondeos publicados el martes.
El de ICM habla de un 45%-41% de no es y sí es, respectivamente, con un 14% de indecisos. El instituto Opinium habla de un 49%-45%, con 6% de indecisos.
Triunfo, elecciones y Constitución
La victoria del «sí» en el referéndum del 18 de septiembre no significará automáticamente la independencia de Escocia, sino que los escoceses deberán esperar hasta el 24 de marzo de 2016.
La elección de la fecha del 24 de marzo de 2016 garantiza que el 5 de mayo de 2016 se puedan celebrar las primeras elecciones del Parlamento independiente. A partir del día de la independencia, estará en vigor una Constitución interina, que ofrecerá la base legal para que el gobierno pueda funcionar hasta la elaboración de la Constitución escrita de la que Escocia quiere dotarse.
Dicha Constitución supondrá una clara diferenciación con Reino Unido, el único país de la UE que no cuenta con una Carta Magna escrita. La Constitución no se redactará hasta que Escocia sea independiente porque se quiere que en su elaboración participe la sociedad civil, haciendo sus aportaciones, si bien será una Convención Constitucional, designada por el nuevo Parlamento independiente, la encargada de redactarla.
Los líderes
El líder independentista Alex Salmond, jefe del gobierno regional, escribió una carta a los escoceses pidiéndoles que no dejen escapar la oportunidad de romper con el Reino Unido después de 307 años.
«Se trata de dejar el futuro de vuestro país en vuestras manos. No dejéis que la posibilidad se escurra. No dejéis que os digan que no podemos. Hagámoslo».
Incluso la derrota tendría algo de victoria para Salmond, porque los partidos británicos se han comprometido a ceder más competencias a Escocia si opta por quedarse.
En la acera opuesta se encuentra Alistair Darling, el líder de la campaña unionista, antiguo ministro de Finanzas laborista, quien señaló que si Escocia vota «no», los cambios serán «más rápidos y mejores» que si opta por el «sí», abriendo un período de transición para negociar la ruptura con Londres que se augura complicado y que culminaría con la declaración formal de independencia en marzo de 2016.
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Hasta el momento la opción del «no» tiene la delantera, pero los indecisos podrían cambiar esta realidad hoy

– Con este referendo Reino Unido (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte) perdería un tercio de su territorio.
– De una población de 63.705.000 habitantes pasaría a 58.391.400 pobladores, lo que significaría una reducción poblacional del 8%.
– En cuanto a la parte económica la reducción del Producto Interno Bruto marcaría un descenso del 9%, representado en 239.000 millones de dólares.
– Perdería la libra esterlina como moneda y los tres grandes bancos abandonarían Escocia para radicarse en Londres.
– A nivel de presencia del Reino Unido en el mundo esta separación podría traer un debilitamiento en cuanto a si merecería un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o si tendría la misma influencia dentro de la Unión Europea.
Potencia europea
Armas nucleares y petróleo
La reestructuración de las Fuerzas Armadas británicas, así como la partición de tropas, arsenal y bases militares será un proceso arduo, pero primordial para organizar la defensa del nuevo estado escocés. En este caso, un punto sensible son las bases navales que tiene Londres en costas escocesas y constituyen la piedra angular de la defensa del país, así como de los países miembros de la Otan si se da la independencia, se tendrían que negociar tratados de propiedad y concesiones para su continuidad en suelo de un nuevo estado.
De igual manera la existencia de numerosas plataformas petroleras en el mar del Norte. Si se definiesen los límites marítimos, aproximadamente el 85% de dichas plataformas quedarían en manos de Edimburgo. Con esto el nuevo estado podrá disfrutar de 54.000 millones de libras (88.000 millones de dólares) en impuestos provenientes de la explotación de los yacimientos del mar del Norte dentro de seis años.
Industria
Escocia produce hierro, zinc y cierto volumen de carbón. Las aguas que rodean el territorio son unas de las más ricas en toda Europa para la pesca. Escocia está dotada además de un recurso energético destacado a nivel europeo: es un exitoso exportador de electricidad, gracias a sus centrales nucleares, parques eólicos y proyectos de energía olamotriz y mareomotriz. Por otra parte, la industria de whisky trae más de 4.250 millones de libras (6.930 millones de dólares) al presupuesto del Reino Unido.
Tecnología
Hoy en día, Escocia cuenta con el Silicon Glen, un centro industrial de alta tecnología que abarca la franja central de Escocia (o «Central Belt»), el triángulo delimitado por Dundee, Inverclyde y Edimburgo y que incluye los condados de Fife, Glasgow y Stirling. Las empresas tecnológicas ubicadas en el Silicon Glen producen el 28% de todos los ordenadores en Europa, el 29% de los «laptops» del continente y más del 7% de los computadores del mundo.
Esta es la superposición de banderas que dan vida al pabellón del Reino Unido








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