Fotos: Agencias
Un show cuyo único actor fue el ultra derechista de Nueva York, Donald Trump: mordaz, repulsivo, ampuloso, incoherente… El discurso retrógrado refleja el espíritu actual del liderazgo republicano víctima de su propia superficialidad…
Un Donald Trump retador de entrada disipó todas las idea de que podría ir al Show de los precandidatos republicanos con un tono más sobrio para hablar de inmigración, de política exterior, del derecho al aborto y del serio desafío de vencer a la demócrata Hillary Clinton, mas allá de la poses faranduleras, la frivolidad en el metalenguaje de la TV, y su autosuficiencia de millonario que todo lo compra, incluyendo la candidatura.
Los republicanos se despertaron con un «ratón» de espanto y brinco el viernes por haber absorbido demasiada cicuta de Trump en el primer debate interno del Partido Republicano, realizado en Cleveland (Ohio) el jueves por la noche, una droga que la superficialidad republicana parece incapaz de resistir (por sus posiciones extremas y reaccionarias) a pesar de que en el menú de opciones se incluyen sentires igual de letales pero mas diplomáticos, como el de Jeb Bush, Scott Walter, o John Kasich.
Sin embargo, Fox News recibió el 16 por ciento de recepción en todos los hogares norteamericanos, implantando un record para este tipo de shows electorales. Hace 4 años, el encuentro de mayor audiencia llegó solo al 5% de los tele-espectadores.
El público de la TV, así como la fuerte y estridente audiencia en vivo (5 mil personas en el Quicken Loans Arena), pudieron regocijarse, primero de su fascinación por el «show man Trump» y su empeño en ser el candidato menos presidenciable de todos los tiempos gringos y, luego de medir cuál entre los otros rivales en el plató podría encumbrarse cuando la insólita burbuja «trumpiana» finalmente reviente, tal como se espera, a no ser que el discurso de Trump refleje el alma actual del electorado republicano, entonces la sociedad estadounidense sería víctima de su propia superficialidad, evaluada —como dice Chomsky— al nivel de Mickey Mouse.
Para los que disfrutan de lo divertido y del chiste fácil, la noche no decepcionó. Marco Rubio, el senador por Florida, se trató de brillar intentando mirar más allá del torbellino de Trump, sin aportar nada, apostando sólo a su juventud.
John Kasich (gobernador de Ohio), un tardío participante, también tuvo una noche fuerte, con ideas trogloditas, ofreciendo compasión por los estadounidenses homosexuales, incluso mientras decía que se oponía al matrimonio gay, al aborto, y a la inmigración desde el sur.
Si no hubiera sido por el bigshow de Trump, el momento más memorable habría sido una disputa a chillidos entre el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, que vio desvanecerse su status de principal candidato, y el libertario Rand Paul, sobre el pedido de este último de menos vigilancia a los teléfonos de los estadounidenses sin orden judicial. Christie fue arrogante, tachando lo dicho por Paul como «ridículo».
Jeb Bush, exgobernador de Florida, nunca llegó a dirigir el tablado, las expectativas establecidas, cuando entró en la carrera presidencial, se cayeron por su pusilanimidad Transmitió un lenguaje corporal nervioso y una mirada inquieta cuando se lo obligaba a que respondiera acerca de la preparación del pueblo estadounidense para más dinastía Bush y sobre la inmoral invasión de su hermano a Irak.
Scott Walker (gobernador de Wisconsin), que disputa el 2º lugar en las encuestas, junto a Bush, sobrevivió intacto a la audición, y se anotó un punto al hacer un chiste sobre los gobiernos extranjeros acusados de ataques cibernéticos a USA.
Pero Trump, un provocador, acaparó todo, imbuido de una súper autoestima, disgregó cualquier idea de que luciría más sobrio, o que había pensado con seriedad en temas como la inmigración, el derecho al aborto, la política exterior, y el enorme desafío de vencer a la potencial candidata demócrata Hillary Clinton. En esos temas fue ampuloso, mordaz, y casi siempre incoherente.
Los animadores de la cadena ultraderechista Fox se afanaron más por atacar y hacer tropezar a Trump, centro del show, que a los otros candidatos, desafiando incluso las cambiantes posiciones del magnate de Nueva York sobre la reforma sanitaria de Obama, y el aborto legal, cuestionando su registro de negocios y sus cuatro quiebras bien documentadas.
Pero tuvo momentos peligrosos, quizás el mayor sobrevino cuando fue desafiado por la animadora Megyn Kelly acerca de su costumbre de llamar a las mujeres «cerdas, gordas, patanes, perras», o «animales repugnantes».
El actor Trump esquivó la pregunta, diciendo «no tengo tiempo para lo políticamente correcto», precisamente el eslogan de su candidatura. Y jugó a «darle una patada a la mesa» al negarse a apoyar a cualquier posible candidato republicano que no sea él, y a no prometer que en tal caso no se relanzaría como independiente.
Ganó el debate y se mantien de primero
El apoyo de los votantes republicanos a Donald Trump se mantiene intacto tras este primer debate de los candidatos a las primaria republicanas. El magnate llegó a este encuentro entre los diez principales candidatos liderando las encuestas con el 24% del apoyo. Un porcentaje que mantuvo según los sondeos realizados posteriormente.
El rival más próximo, Jeb Bush, no ha tenido la misma suerte. El ex gobernador de Florida ha perdido apoyo tras el debate televisado, al que llegó con el 17% del apoyo y que ha disminuido hasta el 12%. Ningún otro candidato supera el 8%, por lo que Trump se consolida como el favorito para llegar a la Casa Blanca.
La conclusión es que al electorado de USA, profundamente desinformado en lo internacional, y muy mal informado en lo nacional, le gusta mas el show que la realidad de los acontecimientos; hondamente pesimista prefiere el lenguaje peligroso y extremo, el que explota las conductas primarias del hombre, mas que las posiciones humanistas. La culpa de sus males siempre la tienen «los otros» llámense mexicanos, indios, negros, chinos, musulmanes, comunistas, incluso católicos partidarios del papa Francisco.
Mientras en el escenario Trump se comportó como lo que es, un showman, después del debate parecía a la defensiva. Tras provocar casi una estampida de cámaras y reporteros al entrar en el área de prensa, 40 minutos después, se declaró ganador, pero luego comenzó a quejarse de cómo lo trató Fox. «Creo que las preguntas que me hicieron fueron mucho más duras que las de los demás candidatos», subrayó.
¿Quién es Donald Trump?
Un especulador de bienes raíces con un imperio heredado de su padre, inmigrante de Escocia. Presenta serios problemas de personalidad signados por la autosuficiencia y el narcicismo; sus ideas se adscriben al pensamiento supremacista de la derecha; política, social y éticamente es un impresentable, muy peligroso por su audacia. Intenta ser presidente y lo puede lograr, porque dirige su mensaje al target norteamericano medio: blanco, puritano, supremacista y violento.

Los personajes del sarao.
Arriba por la izquierda: Donal Trump (68), Jeb Bush (62), Rand Paul (52), Ted Cruz (44), Scott Walker (47)
Abajo desde la izquierda: John Kasich (63), Chris Christie (52), Mike Huckabee (59), Ben Carson 863), Marco Rubio (44)






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