La Organización Mundial de la Salud define la «calidad de vida» como «la percepción de un individuo de su situación de vida en el contexto de su cultura y sistema de valores, sus objetivos, expectativas, estándares y preocupaciones. El concepto se ha operacionalizado en áreas o dominios: salud física, estado psicológico, nivel de independencia, relaciones sociales, creencias personales y su relación con las características más destacadas del medio ambiente».
Y en este último punto me quiero detener: «Las características del medio ambiente» en el cual nos desenvolvemos los maracaiberos. ¿Cómo lo veo yo? Creo que como la mayoría. Vivimos en una ciudad hostil, tanto climática como socialmente, donde arriesgamos nuestras vidas igual cuando compramos boletos aéreos como cuando comemos pastelitos un sábado en la mañana. La inseguridad nos sobrepasa y la paranoia convive con nosotros.
Como si fuera poco, y sin pretender asumir posición política al respecto, proveernos de los alimentos básicos es un martirio, vivimos rodeados de basura, los servicios básicos son deficientes y, salvo algunos buenos intentos y planes en materia de transporte público, la infraestructura urbana es patética en cuanto a vialidad, aguas blancas y negras, gas doméstico, semaforización y alumbrado público por sólo nombrar algunos.
Dicho lo anterior me pregunto ¿cómo quedan nuestra salud física, el estado psicológico, el nivel de independencia, las relaciones sociales y nuestras creencias personales para poder decir que los maracaiberos gozamos de «calidad de vida»?
Ahora sí asumiendo una posición política, afirmo que nuestras autoridades no están trabajando para brindarnos lo que por ahora solo nos toca envidiarle a otras capitales del mundo: Calidad de vida.
Juan Luis Urribarrí
Jefe de Redacción






Comente