Se realizarán el domingo

Colombia va a un proceso electoral con grupos criminales como actores políticos

Colombia
29 de mayo, 2026 - 11:36 am
Agencias

La Procuraduría advierte que la compra de votos y la coacción son los principales desafíos a vencer en esta jornada electoral

 

 

Las elecciones presidenciales de Colombia se celebrarán este domingo 31 de mayo para elegir al presidente y al vicepresidente de la República. Tres son los aspirantes que encabezan las encuestas para suceder a Gustavo Petro.​

La Misión de Observación Electoral (MOE) señala que uno de cada tres municipios presenta algún tipo de riesgo electoral debido a la presencia de grupos criminales. Se conoció que estas organizaciones presionan a diversas comunidades mediante la distribución de panfletos para influir en la contienda. Además, se han registrado otros incidentes.

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Estos comicios están marcados también por el asesinato de Miguel Uribe Turbay, quien fue precandidato a la Presidencia y víctima de un magnicidio ocurrido el 7 de junio de 2025 en Bogotá, durante una actividad proselitista.​

Los candidatos que resaltan como favoritos son Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y la conservadora Paloma Valencia.

El Ministerio de Defensa desplegó 408.000 efectivos para garantizar la seguridad. Por su parte, la Procuraduría advierte que la compra de votos y la coacción son los principales desafíos a vencer en esta jornada electoral.

​Dos de los principales candidatos aseguran que ganarán en primera vuelta. Cabe destacar que, históricamente, solo Álvaro Uribe ha logrado ganar en la primera vuelta en el actual sistema electoral colombiano.

Los resultados de la primera vuelta presidencial en Colombia se podrán conocer dos horas después del cierre del proceso, según estimaciones de la Registraduría.

¿Quién es Abelardo de la Espriella, el abogado de ultraderecha que quiere ser presidente de Colombia?

Abelardo de la Espriella pasó de ser un controvertido y mediático abogado a un candidato presidencial con posibilidad de victoria en Colombia a través de una consigna clara: imponer autoridad. Es ahora el rostro de una derecha radical y en renovación que ha sabido aprovechar la frustración con los partidos tradicionales y canalizar una campaña de mucho espectáculo con una postura de ‘outsider’, que lo ubica como el rival directo del aspirante de la izquierda oficialista, Iván Cepeda.

Tiene 47 años, es carismático, le gusta hablar duro, apela al espectáculo y da declaraciones categóricas y provocadoras. Se proyecta como un empresario exitoso, amante de lo que él llama la alta cultura y el buen gusto.

Perfil abelardo de la espriella

 

Ha moldeado su discurso para conquistar al electorado conservador y enfurecido con al actual Gobierno. Ha emprendido acciones judiciales contra periodistas, lo han acusado de machista y dice ser el mayor enemigo del comunismo.

Llegó a la campaña con la retórica de la ultraderecha y planteamientos populistas. Se lanzó a la Presidencia con la promesa de frenar la continuidad del proyecto político del presidente Gustavo Petro y su apuesta es la polarización: es un extremo sin tapujos para contrarrestar otro.

De abogado mediático a candidato

Abelardo de la Espriella nació en Bogotá el 31 de julio de 1978, y creció en Montería, en la costa Caribe colombiana. Es licenciado en Derecho por la Universidad Sergio Arboleda y fundó De la Espriella Lawyers en 2002, un bufete que tiene oficinas en Barranquilla, Bogotá, Medellín y Miami.

Ha representado a políticos, artistas y militares en asuntos de difamación, extorsión y procedimientos penales.

Su figura combina posiciones radicales y una trayectoria profesional diversa. Ha defendido a personajes polémicos como Álex Saab, el señalado testaferro de Nicolás Maduro y exministro de Industrias de Venezuela, y David Murcia Guzmán, condenado por crear un esquema masivo de captación de dinero. Por sus vínculos con Saab figuras como Vicky Dávila lo criticaron en varias ocasiones durante la campaña, si bien el abogado ha negado tener un vínculo personal con quienes alguna vez defendió.

Pero también representó a víctimas emblemáticas de la violencia de género, casos que impulsaron leyes clave en Colombia.

Millonario y empresario, De la Espriella ha desarrollado marcas propias, grabado discos como cantante y proyectado una imagen de dandi cosmopolita, con residencias en Italia y Estados Unidos, un perfil poco convencional para un aspirante a la Casa de Nariño.

Lanzó el movimiento Defensores de la Patria en julio de 2025 con las ideas del nacionalismo conservador. A pesar de que en el pasado De la Espriella se describió en el pasado como ateo, en su campaña ha enarbolado los valores religiosos como parte de sus propuestas.

En su página web, por ejemplo, dice que «la defensa de la causa cristiana es una prioridad que va de la mano con la recuperación del orden público». Además, dice en una publicación que en los años recientes «se encontró con Dios».

Espriella

En 2012 decía estar de acuerdo con el proceso de paz con las FARC y con la participación en política de los jefes guerrilleros, pero en su campaña asegura que «la paz no se negocia, se impone» y afirma que los procesos de paz no han servido.

En su actividad mediática y redes sociales ha propuesto la pena de muerte para asesinos de niños, se ha manifestado en contra del aborto y se dice defensor de la «familia tradicional» de padre y madre, si bien dice respetar la jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre los derechos.

Su eje de campaña es la seguridad: plantea reactivar las fumigaciones y aspersión aérea contra cultivos ilícitos, usar el poder aéreo y las Fuerzas Armadas para atacar a grupos criminales, renovar alianzas militares estratégicas con Estados Unidos e Israel para dotar mejor al Ejército, prohibir la importación de insumos para producir fentanilo (lo que llama un «plan Colombia 2.0») y crear un bloque de búsqueda especializado para capturar a jefes de bandas de extorsión.

Durante una entrevista con CNN en Bogotá, el candidato aseguró que Colombia vive una «pandemia de inseguridad» y prometió enfrentar al narcotráfico «por la razón o por la fuerza» dentro del marco constitucional.

También defendió una relación más estrecha con Estados Unidos y afirmó que ese país «nos necesita tanto a nosotros como nosotros a ellos» para combatir conjuntamente las drogas y restablecer plenamente los vínculos diplomáticos.

En economía, propone reducir la carga impositiva general y eliminar el impuesto del 4×1000: su perspectiva es una reducción del tamaño del Estado para «sanear» las finanzas públicas. Al contrario de Petro, dice que que firmará nuevos contratos de explotación petrolera.

Además, ha dicho que se opone a tener relaciones diplomáticas con el Gobierno de Venezuela de Delcy Rodríguez hasta que no haya elecciones democráticas.

Capitalizando la desunión de la derecha

Abelardo de la Espriella formalizó su candidatura con la inscripción de 4,8 millones de firmas y lanzó su campaña en noviembre en un evento multitudinario en un recinto de conciertos en Bogotá.

Pescó en el río revuelto en la campaña: después del asesinato del aspirante Miguel Uribe Turbay, el partido Centro Democrático de Uribe entró en una serie de tumbos para escoger a su candidata, Paloma Valencia, que finalmente ganó en la consulta de la centroderecha en marzo.

En el centro político, la figura Sergio Fajardo perdió impulso en medio de su reticencia por hacer alianzas o participar en una consulta. Y como en la izquierda todo se centró en Iván Cepeda, De la Espriella se ha proyectado como el abanderado del voto contrario al Gobierno de Petro.

Así, en su rápido ascenso en la campaña electoral, De la Espriella ha podido tomar la vanguardia de la derecha fragmentada de Colombia, eclipsando a la senadora uribista Valencia.

En enero, el Movimiento Salvación Nacional, un grupo conservador, coavaló la candidatura, y los candidatos al Congreso de esa colectividad hacen campaña por De la Espriella. Luego sumó el apoyo de Creemos, cuyo líder es el alcalde de Medellín y excandidato presidencial Federico «Fico» Gutiérrez.

Aunque Uribe no le está haciendo campaña en este momento, se da por descontado que el uribismo respaldaría a Abelardo de la Espriella en una segunda vuelta contra Cepeda. En una entrevista con un medio local el 13 de enero, el expresidente Uribe dijo que si su candidata Paloma Valencia no llega a segunda vuelta, él y el Centro Democrático apoyarán a De la Espriella.

Acciones judiciales para silenciar a la prensa y acusaciones de machismo

De la Espriella tiene un historial de enfrentamientos legales con periodistas. Recientemente, su campaña interpuso acciones judiciales contra la columnista Ana Bejarano por un texto en el que cuestionó la trayectoria profesional y el discurso político de De la Espriella. El candidato rechazó la columna y cuestionó sus afirmaciones, pese a que se sustentan en fuentes y reportes previos.

Para la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), esa reacción refuerza un patrón de presión judicial que induce a la autocensura, con antecedentes que incluyen querellas y demandas contra periodistas desde 2018, ataques y desinformación tras investigaciones y alertas por procesos contra reporteros que lo vincularon con Saab y David Murcia Guzmán.

Entre 2008 y 2019, De la Espriella presentó 109 denuncias por injuria y calumnia, muchas archivadas por la Fiscalía, dice La Silla Vacía.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) también criticó el uso del sistema judicial en ese caso: para la organización, este tipo de procesos busca castigar y silenciar voces críticas. La SIP advirtió que estas acciones legales reiteradas no apuntan a la reparación de un daño legítimo, sino al desgaste emocional y económico de los periodistas.

Además de sus acciones contra periodistas, sus posturas hacia comunicadoras mujeres han sido criticadas. En las últimas semanas, De la Espriella tuvo un cruce con la periodista María Lucía Fernández en Noticias Caracol exponiendo lo que algunos calificaron como actitud machista y condescendiente.

Además, en una entrevista en Piso 8, De la Espriella mostró una foto en su celular y pidió a una periodista que hiciera zoom sobre una imagen insinuante de su entrepierna, mientras él y otros presentes hacían comentarios de tono sexual. Luego el candidato se disculpó en redes sociales.

Pero esos señalamientos no le hicieron mella en las encuestas. «No such thing as bad press», dice la frase: no existe la mala publicidad, todo suma.

Esos casos ilustran parte de lo que ha distinguido a Abelardo de la Espriella, un abogado que se muestra hábil en los tribunales y que no teme llamar la atención, incluso con polémicas, proyectando lo que considera su fuerza.

¿Quién es Iván Cepeda, el candidato de Petro a las elecciones de 2026, y qué propone para llegar al poder?

En la convulsa campaña electoral de Colombia, hasta finales de 2025 el senador Iván Cepeda no se proyectaba como el candidato fijo de la izquierda; no era el caballo del oficialismo para 2026. Pero desde que ganó la consulta de su partido ha dominado la campaña, incluso en sus propios términos: mucho evento de plaza pública, pocas entrevistas y cero debates. Es el candidato a vencer.

¿Cómo ascendió? Hubo un punto de quiebre que impulsó a este político extrañamente ajeno a las polémicas —en un país donde abundan—: el caso contra Álvaro Uribe. En julio de 2025, cuando una jueza declaró al expresidente culpable por fraude procesal y soborno a testigos (ya fue absuelto), Cepeda, quien fue víctima y testigo en ese juicio, se disparó como el precandidato favorito.

¿Quién es Cepeda, qué propone y por qué podría ser el sucesor de Gustavo Petro?

El hijo de un líder asesinado y el político firme de la izquierda

Cepeda tiene 63 años: nació el 24 de octubre de 1962, en Bogotá. Es senador del oficialista Pacto Histórico y acaba de ganar la consulta interna de ese partido para ser el candidato presidencial en 2026. Es hijo de Manuel Cepeda Vargas, congresista de la Unión Patriótica (el partido que surgió como brazo político de las FARC y el Partido Comunista tras los acuerdos de la guerrilla con el Gobierno en 1984) quien fue asesinado en 1994, y de Yira Castro, una dirigente comunista y exconcejal de Bogotá, fallecida en 1981.

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La muerte de Cepeda Vargas fue uno de los hechos del que ahora es reconocido en 2023 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como el exterminio de un movimiento político.

Y desde ese entonces Iván Cepeda mostró su carácter estoico de líder izquierda: se han vuelto famosas las imágenes de un joven Cepeda, entrevistado en la calle poco después de enterarse de la muerte de su padre, cuando iba de camino a la universidad. Ha sido el sello del senador, una voz con calma que, desde su ideología, hace un constante llamado a la justicia.

Cepeda estudió filosofía en la Universidad San Clemente de Ohrid, en Sofía, Bulgaria, y se especializó en derecho internacional humanitario en la Universidad Católica de Lyon, Francia. Está casado con Blanca del Pilar Rueda, funcionaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP); tienen dos hijos.

La trayectoria política de Cepeda da cuenta de su activismo en un país hostil. Estuvo exiliado entre 1998 y 2004 en Europa tras amenazas por denunciar vínculos entre políticos y paramilitares. En 2003 fundó el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice).

En 2010 fue elegido representante a la Cámara por Bogotá por el partido Polo Democrático, del que también fue miembro Gustavo Petro. Desde 2014 es senador de la República, reelegido en 2018 y 2022, ahora por el Pacto Histórico, el ahora partido que fue la coalición de los grupos de izquierda que llevó a Petro al poder en 2022.

En el Congreso, Cepeda ha sido copresidente de la Comisión de Paz y miembro de la Comisión Segunda del Senado. Fue facilitador del proceso de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC. También participó en los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y fue colaborador en los acercamientos con el Clan del Golfo dentro de la política de «paz total» de Petro.

En su ejercicio legislativo, Cepeda ha denunciado públicamente casos de parapolítica y vínculos entre empresarios y paramilitares.

El caso Uribe y la candidatura del Pacto Histórico

En 2012, el expresidente Álvaro Uribe —en la orilla opuesta del pensamiento político, el mayor contradictor de Cepeda— lo denunció por presunta manipulación de testigos. En 2018, la Corte Suprema archivó el caso contra Cepeda por no encontrar elementos probatorios suficientes y abrió investigación contra Uribe por los mismos hechos: Uribe pasó de acusador a acusado, luego a culpable en 2025 y luego a absuelto: apenas hace una semana el Tribunal Superior de Bogotá revocó la condena en primera instancia a 12 años de prisión domiciliaria contra Uribe Vélez.

Pero ese caso le dio la notoriedad a Cepeda de cara a las elecciones de 2026: si bien no empezó como un precandidato, la condena a Uribe le dio la exposición mediática y puso en marcha un movimiento que lo llevó a lanzarse por la candidatura.

Cuando comenzaron las campañas de los precandidatos, en el lado del Gobierno se perfilaban más Gustavo Bolívar, exdirector del Departamento Administrativo para la Prosperidad Social, muy cercano a Petro, o el exalcalde de Medellín Daniel Quintero.

Pero las disputas internas entre la izquierda, los líos con el Consejo Nacional Electoral para la realización de la consulta y el peso de la campaña terminaron concentrando los apoyos de varios sectores en Cepeda.

Ivan Cepeda

¿Qué propone Cepeda?

Cepeda es un líder que se diferencia de muchos políticos de izquierda en Colombia, debido a sus maneras poco llamativas, su personalidad calmada y por actuar bajo una posición ideológica más que bajo las lógicas clientelistas de la operación política en el país. Por sus orígenes como miembro de las Juventudes Comunistas, es visto como parte del sector radical de la izquierda en Colombia.

Su programa enfatiza en la continuidad de la «paz total» —el modelo de Petro de negociación con grupos criminales, muy criticado por opositores—, la reconciliación nacional y la defensa de los derechos humanos.

 

En sus discursos de campaña, Iván Cepeda ha propuesto reforzar la protección de los derechos humanos frente a la violencia y la estigmatización. En materia internacional, plantea una política exterior autónoma, con énfasis en el reconocimiento del Estado palestino, la integración latinoamericana, la defensa de los migrantes y el abandono del modelo prohibicionista de drogas.

En el frente social, habla de una «revolución agraria» y de una economía popular que redistribuya la riqueza mediante una contratación pública orientada a las comunidades. Y en lo político, impulsa una «revolución democrática» —según sus palabras, «pacífica y profunda»— que consolide los cambios sociales del actual Gobierno y los haga irreversibles.

Su compañera de fórmula a la vicepresidencia es Aida Quilcué, una líder indígena y senadora.

¿Puede ganar?

¿Puede triunfar en 2026 con ese plan de Gobierno? Sin duda el éxito de la consulta del Pacto Histórico por la cantidad de votantes, así como el poder de su partido en las elecciones legislativas y el fracaso de la consulta de la izquierda en marzo —en la que él no participó— son factores que lo dejaron en el lugar privilegiado no solo dentro del espectro de la izquierda sino en la campaña en general.

Llega a primera vuelta como el candidato a derrotar, ha apalancado esa ventaja a lo largo de los meses y manejó su exposición mediática, con pocas entrevistas y sin participar en debates, algo que ha sido muy criticado.

Es tal el favoritismo que en su campaña han tenido la narrativa de que podría ganar directamente en primera vuelta, algo que las encuestas no respaldan.

Es el candidato de la izquierda y del Gobierno, ha sumado los apoyos de otros candidatos que aparecerán en el tarjetón (Luis Guillermo Murillo, Clara López y Carlos Caicedo), dejó borrado a Roy Barreras —el camaleónico político tradicional que ganó la consulta interpartidista de marzo— y se ha posicionado frente a un centro deslucido y una derecha enfrentada entre dos opciones.

Cepeda es el candidato de Petro, que cierra su mandato con relativa popularidad y lo que analistas y rivales consideran una evidente participación en la campaña a favor de su aspirante.

Pero Cepeda es considerado como un político más dogmático, si bien sus años en el Congreso pueden darle la habilidad política para conseguir consensos. Petro llegó al poder en 2022 con las banderas del cambio como el primer presidente de izquierda en la historia moderna de Colombia, pero tuvo que buscar apoyos de políticos y partidos tradicionales, y su primer gabinete (de los muchos —y de corta duración— que ha armado) era la manifestación de un acuerdo nacional y burocrático entre políticos de diferentes posiciones.

Para ganar, quizá Cepeda tendría que conquistar votantes de centro o incluso indiferentes o desencantados de la derecha y los partidos tradicionales; no obstante, su campaña siempre apeló a la base fiel del Pacto Histórico. Por otro lado, aunque es el candidato del oficialismo, para algunos votantes puede pesar que Petro haya tenido una gestión errática, ha sido muy criticado y no ha conseguido los cambios que prometió.

Cepeda no es un líder carismático, como Petro, y representa esa izquierda que a la derecha le queda fácil condenar. Y para eso el contexto actual en la región y el mundo es un arma de doble filo: Cepeda se enfrentaría a un Donald Trump infranqueable con sus enemigos, con propensión a sanciones económicas y la identificación de la izquierda con el narcotráfico.

Los candidatos de derecha en Colombia han sido bastante vocales en las críticas al Gobierno y sus adeptos en las posiciones blandas frente a Nicolás Maduro y las disputas diplomáticas con Estados Unidos.

Y el factor de la seguridad en Colombia sigue siendo un caballo de batalla para la derecha: la política de «paz total» de Petro —de la que Cepeda ha sido un partícipe clave— no ha conseguido resultados tangibles y, al contrario, ha sumado mucha oposición nacional e internacional.

Heredar y profundizar esa perspectiva podría no sumarle votos a Cepeda si llega a segunda vuelta a tener que convencer a votantes por fuera de su partido.

¿Quién es Paloma Valencia, la candidata del uribismo que busca ser presidenta de Colombia con apoyo del centro?

Paloma Valencia llega al final de la campaña con un impulso menguado, la consigna de sumar entre diferentes y la esperanza de ser la candidata que le disputará la presidencia al oficialismo petrista.

Valencia confirmó en esta campaña que es la alumna destacada de Álvaro Uribe y busca demostrar que puede llevar a su grupo político de nuevo a la Presidencia. La senadora, candidata presidencial tras ganar la consulta de la derecha en Colombia como aspirante del partido Centro Democrático, lleva años defendiendo el nombre y el proyecto del expresidente y ha buscado por mucho tiempo ser la cara visible de ese movimiento.

Obtuvo una votación notable de más de tres millones de voto, superando a la que sacó Iván Cepeda, el candidato del petrismo, en su consulta en 2025. Cuenta con el respaldo del segundo partido más votado en el Congreso y además el apoyo de sus ocho compañeros en la Gran Consulta por Colombia.

Heredera de dos familias políticas, crítica férrea de Gustavo Petro, polémica y a la vez considerada moderada dentro del uribismo, ¿quién es Paloma Valencia y qué posibilidades tendrá en las elecciones de mayo próximo?

Paloma Valencia

Valencia, que lleva tres periodos como senadora, estudió Derecho y Filosofía e hizo una especialización en Economía y una maestría en Escritura Creativa. Nació en 1979 en Popayán, Cauca, en el occidente de Colombia. Es nieta de Guillermo León Valencia, presidente conservador entre 1962 y 1966, y de Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes.

Antes de ser senadora, fue columnista y analista en medios de comunicación.

En 2006 tuvo su primera aspiración electoral: se lanzó por el partido Alas Equipo Colombia a la Cámara de Representantes, sin éxito. Llegó al Senado en 2014 en la lista cerrada del recién creado partido Centro Democrático de Uribe. En 2018 fue precandidata presidencial, pero terminó apoyando a Iván Duque, quien finalmente llegó a la Casa de Nariño.

En el Congreso, Valencia consiguió convertir en ley a tres de sus proyectos: la promoción del consumo y comercialización de la panela, el fin del monopolio de los departamentos para producir licores y una ley de incentivos para pequeños negocios. Es miembro de la Comisión Primera del Senado, encargada de las reformas constitucionales, leyes estatuarias y organización territorial.

Considerada como una senadora disciplinada, desde 2022, es una de las figuras visibles de la oposición al Gobierno de Gustavo Petro. Valencia misma se describe como la opositora de mayores logros: llevó a poner en el limbo el Ministerio de Igualdad creado por Petro, consiguió frenar el nombramiento de embajadores sin requisitos y se opuso en el Senado a la consulta popular; además, busca tumbar la reforma pensional del Gobierno.

La senadora ha tenido frecuentes enfrentamientos con miembros del petrismo, como los legisladores Iván Cepeda (hoy candidato presidencial y su principal rival) y María José Pizarro, y a lo largo de los años ha estado envuelta en polémicas por sus declaraciones. En 2015 sugirió, en una entrevista, que el departamento del Cauca podría dividirse entre indígenas y mestizos. El Cauca es el departamento con mayor porcentaje de población indígena del país, con cerca del 20%.

Una candidatura que llegó tras un proceso atropellado

Valencia es ahora candidata de un espectro político amplio de centro derecha y es la primera mujer en ser candidata presidencial del Centro Democrático. Llega tras un proceso interno externo previo a la consulta, marcado por el asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay.

En su campaña, Valencia ha puesto la economía y la seguridad como ejes.

Fue elegida primero como aspirante del Centro Democrático en 2025 a través de dos encuestas contratadas por el partido en las que superó a las también senadoras María Fernanda Cabal y Paola Holguín. Si bien ambas reconocieron el resultado, Cabal pidió la publicación de los datos y la auditoría de las mediciones para despejar dudas sobre la transparencia, un reclamo que revive críticas recurrentes sobre los mecanismos del partido y el peso real de la decisión del expresidente Álvaro Uribe: las encuestas inicialmente iban a hacerse en noviembre, pero hubo cambio de encuestadora y en el medio se dio la salida del proceso de Miguel Uribe Londoño, padre del fallecido precandidato.

Valencia

La elección interna de Valencia también confirma que el partido de Uribe apuesta de nuevo por una persona moderada (como lo hizo con Iván Duque en 2018) que pueda recoger apoyos de votantes de centro. Si bien es considerada en Colombia como una uribista ‘purasangre’, en su ejercicio legislativo y mediático, Valencia es conocida por participar en debates con contradictores y plantear espacios de diálogo con políticos por fuera de su partido y es vista como menos radical en sus posiciones que compañeras como María Fernanda Cabal.

Ahora en 2026, tras ganar la consulta, el desafío al frente aún es grande, pero Valencia tuvo un ascenso en marzo en las encuestas y el resultado de la consulta le dio un impulso, que en la recta final se estancó: parece relegada tras el abogado Abelardo de la Espriella, el outsider de posturas extremas que lideró en los últimos meses en el espectro de la derecha y quien se lanzó por firmas. Pero Valencia, con un caudal de votos grande que puede crecer y la maquinaria del Centro Democrático detrás, podría desbaratar la aspiración de De la Espriella.

Al agradecer su victoria en la consulta tras la jornada electoral, Valencia reiteró su agradecimiento a Álvaro Uribe. Pero ahora cuenta con un apoyo mayor y tiene la posibilidad (también el reto) de capitalizar los votos del centro logrados por Juan Daniel Oviedo, la sorpresa de la consulta.

Es sin duda una alumna fiel del expresidente, y esta vez podría ampliar el alcance del uribismo y derrotar la continuidad del proyecto de Petro.

Primero debe superar a De la Espriella y pasar a segunda vuelta. Los votantes dirán si optan por si Paloma Valencia toma vuelo hacia segunda vuelta o ve al llamado Tigre desde la barrera.

 

 

 

 

 

 

 

 

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