La herencia es ancestral

La Vieja Abuela peca de «buena fe»

28 de mayo, 2020 - 2:18 pm
Gastón Guisandes

El robo del dinero público hace que las grandes y honorables naciones del mundo, nos desprecien, nos traten como pueblos cuestionados por las cesuras del honor

Editorial – La vieja abuela, cuando recibe, en medio de gran alborozo, el “notición del cargote” con el cual “recompensaron” al nieto por los servicios prestados para ganar las elecciones (la alegría se manifiesta en relación directamente proporcional al rendimiento del cargo que el nieto va a explotar), este escucha la siguiente advertencia de la “sabia” anciana: «Hijo, no vaya a ser como su padre, que trabajó 30 años en la aduana y no sacó ni pa’una casita, no sea bobo, aproveche y,… ¡meta mano!

Cómo quien enriquece al funcionario público ―rico por muy poco tiempo, pero esclavo por siempre―, es un empresario que bien sabe cómo y con cuanto, compró su esclavo, ya inscrito en sus nóminas secretas y por tanto tiempo como tiempo dure el gobierno que, empleando al nieto de la abuela feliz, convirtió a este en un cautivo ―miserable― de la corrupción.

La perversión administrativa en Venezuela, para vergüenza de todas las generaciones, se integró al folklore nacional y todos los ciudadanos, incluyendo los extranjeros que con nosotros conviven, hemos hecho de ella una suerte de “signo figurativo”, que nos define como “vivos”, que la colectividad toda encubre en su interior ―hay excepciones que reprueban al actor, aunque muy pocos denuncian el caso ante la autoridad y la opinión pública y, cuando lo hacen es por cobro de factura― contribuyendo el encubridor, con su silencio, al robo impune.

En Venezuela y demás países latinoamericanos, acompañados de algunos europeos, al igual que casi todos los árabes y los africanos, los respectivos ciudadanos roban el dinero público, los unos a los otros y, para colmo de la vesania, se regocijan en su y no pocos alardean de ella, como se regocija y alardea la vieja abuela porque el nieto “ya tiene su casita” y además, seguramente compró carro y después adquirió un apartamento en el extranjero, viaja a Miami y…, paremos de contar.

El robo del dinero público hace que las grandes y honorables naciones del mundo, nos desprecien, nos traten como pueblos cuestionados por las cesuras del honor, traten a nuestros gobiernos como de tercera categoría y se nieguen a reconocernos jerarquía, integridad ética y por ello, los encuentros con nosotros, en todos los ámbitos, van precedidos por la calificación de “segundones”, pasando al olvido, el Honorable y Excelentísimo, Embajador de Francia, que tan corrompido está quien corrompe, como el corrompido.

La herencia es ancestral ―relativo a los antepasados― y ellos nos legaron, desde los tiempos de la conquista y junto con las Guerras de Independencia, la obsesión por la riqueza atesorada a costa de lo que fuere, aun el honor, y ello, a pesar de que nuestro Libertador y, de cuatro naciones más, Simón Bolívar, de muy rica cuna, murió en la mayor pobreza.

Gastón Guisandes López
Editor 

 

 

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