«Ted» Williams el niño que sabía batear

30 de agosto, 2015 - 3:59 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Foto: Cortesía

Al momento de batear el plato se convertía en una fortaleza casi infranqueable para los pitchers que lo retaban. Theodore Samuel Williams, mejor conocido como «Ted» Williams, jardinero izquierdo de los Medias Rojas de Boston, equipo que defendió desde el inicio de su carrera en 1939 hasta llegado su retiro en 1960, escudaría, entre sus virtudes como beisbolista, la forma como se presentaba en el home, «no invadas el plato, voltea hacia el pitcher, baja el hombro que tienes al frente, da un paso hacia el pitcher para que el balanceo te permita hacer algo importante, mantén la cabeza abajo para que puedas ver al pitcher todo el tiempo», métodos que lo llevarían a conquistar diversos títulos de bateo.

En defensa del home

Desde sus inicios como profesional «Ted» Williams o como cariñosamente lo apodaban «The Kid» (el niño) se destacó por esa forma de atacar la pelota cuando se erguía en el home. Poco se podía hacer para doblegar el incontrolable y trabajado talento que presentaba a la hora de tomar sus turnos. Muchos lanzadores, entre ellos, el fallecido exbeisbolista cubano Conrado Marrero, quien jugó en la década de 1950 en las Grandes Ligas, contaría que uno de los  bateadores más difíciles que enfrentó fue el legendario «Ted» Williams quien «me pegó cinco jonrones, y yo solo lo ponché en algunas ocasiones» lo que señala lo difícil que era vencer al jardinero de Boston cuando tomaba el plato. Marrero explicó, de manera jocosa, que no había fórmula escrita para trabajar a Williams en la caja de bateadores, cuando algún colega le preguntaba cómo se le podía pichar «muy fácil, picheaba y agáchate».

Williams, solía estudiar a cada uno de los pitcher que enfrentaba, faceta que aunada al amplio talento que poseía lo convirtieron en una maquina exquisita de bateo. Williams referiría que «el béisbol es el único terreno donde un hombre puede ser exitoso tres veces de 10 y aún así ser considerado excelente» palabras, tomando en cuenta sus números como novato, 327 porcentaje de bateo, 31 vuelacercas y 141 impulsas, lo instalarían como una figura excepcional dentro del diamante.

Una exquisita máquina de bateo

Apenas transcurrido un año, y aún con el sello de novato en los hombros, alcanzaría números que demostraban gran facilidad para llegar a las bases enemigas. En 1940 filmaría su promedio de bateo en 344, lo cual, reafirmaría su amplio dominio y avalaría los números conseguidos un año antes como recién llegado a los campos de béisbol estadounidenses. Su dominio destrozó toda estadística. En 1941 estableció una nueva marca, hasta ahora inalcanzable por beisbolista alguno, en la historia de Las Mayores. «Ted» se corona con un porcentaje de 406, siendo la última vez que un campeón de bateo accede al galardón con más de 400 de promedio.

No reparando en el éxito obtenido hasta ese momento consigue en 1942 la triple corona de bateo firmando la temporada con: 356 de promedio al bate, 137 carreras remolcadas y 36 estacazos, lo que sería el tercero de cuatro años disparando 30 o más cuadrangulares y su cuarto año consecutivo con cien o más remolcadas.

Desde el año de 1940 hasta 1949 lograría 234 de los 521 jonrones alcanzados en 19 años como pelotero. Su ausencia de tres años, ─1943, 1944, 1945─ mientras prestaba el servicio militar como piloto de combate de la marina de los EE UU en la Segunda Guerra Mundial, no lo apagarían y mucho menos terminarían con el dominio del niño de Boston.

Finalizados los años de guerra que lo mantuvieron apartado del béisbol, regresa con ese ritmo abrumador que lo caracterizó en sus primeros años y con el que jugaría casi toda su carrera, logrando ubicar a los Medias Rojas de Boston en la Serie Mundial ─1946─ que al final perderían en siete encuentros con los Cardenales de San Luis. Los números no serían diferentes de los alcanzados años atrás, seguiría cosechando triunfos y batazos como de costumbre.

La gloria de «Ted» al Salón de la Fama

La figura de aquel muchacho nacido en San Diego, California, el 30 de agosto de 1918, terminó intrínsecamente en el templo donde será recordado más allá del tiempo y la muerte. Sus números lo convirtieron en miembro del Salón de la Fama del Béisbol en 1966, obteniendo de los 302 votos posibles 282. Totalizó en 19 años de carrera asombrosos números que lo convierten en el mejor o uno de los mejores bateadores de la historia: 344 su promedio de por vida, 521 jonrones, 1.829 carreras impulsadas y un total de 2.654 hits que decantaron en premios individuales como; dos veces MVP de la Liga Americana (1946- 1949), 19 veces miembro del equipo de las estrellas, seis campeonatos de bateo, la revista Sport lo nombró el mejor jardinero izquierdo de todos los tiempos, entre otros premios. Como muestra de la importancia y dominio que ejerció dentro del diamante, los Medias Rojas de Boston retiraron su número 9 de por vida, consagrando así una amplia y triunfal carrera que lo convertiría en una de las máximas referencias del béisbol de todos los tiempos.

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