Articulista

Venezuela en el 2021

Jose Lombardi
9 de enero, 2021 - 6:12 pm
José Lombardi / @lombardijose

José Lombardi

Ha iniciado un nuevo año, lo que no significa que las cosas serán diferentes, podrán ser mejores o peores dependiendo de las decisiones que tomemos, así como también los vientos a favor o en contra que soplen; lo cierto es que nada nuevo saldrá bajo el sol, todo es conocido y solo las innovaciones científicas y tecnológicas darán un toque novedoso a lo que se repite una y otra vez en esta la larga historia imperfecta de la humanidad.

En este contexto nos ubicamos en Venezuela, un país de riquezas despreciadas por sus habitantes, no porque no les agrade sino porque entre el despilfarro y la corrupción estas se han esfumado como el mago que desaparece sus cartas.

En Venezuela esos magos han sido un reducido grupo de habitantes a quienes llamaremos «la elite gobernante o influyente» y debo exonerar de responsabilidad a los gobernados o el conocido «pueblo» porque este realmente ha sido ausente o neutralizado.S

Si revisamos la corta historia republicana de Venezuela nos daremos cuenta, en una simple ojeada, que «el pueblo» nunca ha decidido nada, ha sido manipulado y ultrajado por estas élites mafiosas, constituidas por militares, empresarios y políticos, ampliando la calificación de «políticos» no solo aquellos quienes militan en un partido político, sino también a los líderes que hacen o hicieron vida en otras instituciones como son la iglesia, sindicatos, universidades, etc.

La razón de esta afirmación es muy simple y es que en Venezuela hay ausencia de sociedad, esta exige ciudadanos y ante la carencia de estos se impone el «gendarme necesario», el hombre fuerte que resuelve todos los problemas, pesadilla recurrente en la historia venezolana que además nos ha marcado como país, a pesar de estar en el siglo 21 seguimos soñando con ese caudillo poderoso que hará el trabajo por nosotros y nos premiará con infinitas riquezas y felicidad eterna.

Esto me recuerda al «país potencia» de Chávez o el «Make America great again» de Trump, por lo que no es casual que la diáspora venezolana en los Estados Unidos haya votado por él mayoritariamente, este les afloró la nostalgia y el recuerdo de la cultura del gendarme necesario que dejaron atrás, gracias a Dios en Estados Unidos hay una sociedad institucionalizada que los salvó del salto atrás, salto este que hubiese comprometido gravemente a la Democracia mundial, pero este es otro tema del que hoy no hablaremos, el tema que nos ocupa es el de los caudillos como figura y las elites influyente que los alimentan para saquear a través de este.

La solución a esta pesadilla requiere de un gran movimiento de voluntades comprometidas con la nación, que trascienda los intereses personales por los colectivos impulsados por el noble sentimiento del amor, conseguir esto no es sencillo pero tampoco imposible, la base de este movimiento debe sustentarse en la educación para que a través de esta se edifiquen ciudadanos, la filósofa norteamericana Marta Nussbaum lo propone como un programa obligatorio de servicio civil nacional juvenil, algo similar a una cátedra de educación cívica, ciudadana y derechos humanos.

Hacer realidad tan ambicioso proyecto requiere de un pacto nacional a largo plazo en donde los factores influyentes estén de acuerdo, este requisito es indispensable lo contrario sería seguir alimentando la pesadilla.

Hay muchos otros temas por desarrollar, pero lo iré haciendo progresivamente en mis próximos escritos, lo importante es entender, como venezolanos, que la única manera de progreso y desarrollo de un país está en manos de sus habitantes pero para ser una nación democrática moderna se debe renunciar a ser habitantes y comprometerse a ser ciudadanos sobre un pacto social centrado en la educación, principalmente de valores que le dé sentido al Estado democrático.

La diferencia entre un habitante y un ciudadano es que el primero no tiene compromisos con la tierra que habita, mientras que el segundo sí. No se trata de ponerse la camisa vino tinto o la gorra tricolor, ni siquiera cantar el Himno Nacional, se trata de algo muy superior, es sentirla como el amor de padre, madre o hijo, estar dispuesta a darlo todo por ella.

 

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