«El Chofer» sabe conducir

21 de abril, 2014 - 12:55 pm
Redacción Diario Qué Pasa

«El diálogo», como llamamos el encuentro de la oposición con el Gobierno, es una gestión política de singular nivel, caracterizada por la tolerancia, en medio de la más feroz agresión contra el Poder, legal y legítimamente constituido, contra la letra y espíritu de la Constitución Nacional, contra el ordenamiento legal y, singularmente, contra la paz, la tranquilidad y los sentimientos de la abrumadora mayoría de los venezolanos, sean estos chavistas, oposicionistas, Ni-Ni, o aquellos que pertenecen al grupo de los «esto a mí me importa un pito».

Tan pronto Nicolás Maduro asumió, de pleno derecho, la Presidencia de la República y la jefatura del Estado, inició la convocatoria al diálogo y, ¡quién podía imaginarlo!: Su primer encuentro fue con Lorenzo Mendoza, paradigma de la empresa privada en Venezuela, quien dijo al Presidente lo que a su juicio funcionaba mal en el país, llegando a decirle: Deme las fábricas de harina precocida que el Gobierno tiene ociosas y se las pongo a producir.

Partiendo de allí y encontrándose el país en paz, inició «El Chofer» su tránsito por el país llevando su gobierno de calle, para reunirse con representantes de todos los sectores, aunque algunos pocos se abstuviesen de asistir para, con su ausencia, hacer sentir su desacuerdo.

Nicolás Maduro hizo saber a Venezuela y a la comunidad internacional, que «El Chofer de autobús» fue aceptado por los venezolanos y los gobiernos del mundo, como el Presidente  que sabía dónde estaba parado, que tenía conciencia de las graves dificultades y retos a enfrentar, que poseía la fortaleza para hacerlo y que no le fallaría el pulso para asumir las decisiones que fuera menester aplicar.

A partir de este definitorio momento, sectores de la oposición reiniciaron acciones de extrema violencia que de entrada causaron once (11) muertos, y ante semejante irracionalidad —la legítima e incuestionable protesta convertida en terrorismo—,el visionario «El Chofer», reiteró el llamado al diálogo, se reunió con cuantos aceptaron la invitación al encuentro, mil veces convocó al país llamando a la paz, solicitó la intervención de UNASUR, que después de dos visitas a Caracas, designó tres cancilleres para ayudar a la conciliación y con ello le cerró las puertas a la intromisión de los EE.UU., que obra en conjunción con la extrema derecha de Colombia —el Israel de América Latina—, pide la intervención del Santo Padre como mediador de buena fe, reúne a todas las voces comprometidas en Miraflores, sede del Poder Ejecutivo Nacional y del Estado, conviene con la oposición televisar el encuentro en cadena nacional, impone la condición esencial: el Gobierno no negocia, ni pacta, va a escuchar los razonamientos de la oposición y hará conocer los suyos y, como si fuera poco designa, como moderador del encuentro, al hábil y perspicaz Vicepresidente, por momentos de punzante sarcasmo, por momentos hábil conciliador, mientras «El Chofer» mantiene una impávida actitud, a la vez que presta atenta observación al escenario, resistiendo imperturbable cuanto sus enemigos dicen: verdades, verdades a medias, mentiras y juicios sesgados.

La oposición, con excepción de tres de su nutrido grupo de expositores, Ramón Guillermo Aveledo, Roberto Henríquez y Henry Ramos Allup, se perdió en su laberinto al montarse en lo que creyeron era un ring, se calzaron los guantes y, como si de una pelea se tratara, empezaron a lanzar golpes, en lugar de presentar los problemas y las soluciones propuestas, resistiéndose a encarar el punto de fondo: La acción concertada, por los enemigos de la libertad y la democracia, para romper el hilo constitucional.

«El Chofer» tiene claro que el abastecimiento, la agobiante inflación, el índice de precios castigado por la influencia del «dólar miseria», la producción de bienes y alimentos y la confianza del sector económico en la conducción del país, son los retos a vencer, de allí que a partir de este momento la economía se moverá en un triángulo cuyas siglas lo definen todo: PAP = Producción – Abastecimiento – Precios Justos, lo que demanda una concertación disciplinada y muy ordenada de lo financiero, lo económico y lo político, con una revalorización de la concepción del empresario y de la empresa, porque de la confianza del sector privado en lo que debe ser la cogestión con el sector público, depende el éxito del inmenso esfuerzo que hace el Gobierno para vencer al dólar miseria, la inflación, por exceso de liquidez, el incremento de la producción para aumentar la oferta y con ello abaratar los precios.

Pero no, los representantes de la oposición banalizaron el diálogo, reduciendo el encuentro a trivialidades como las reflejadas en la vieja canción de la nunca olvidada orquesta de Billo′s: «Burundanga le dio a Muchilanga, Muchilanga le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga, le dio a Burundanga y le jincha los pies».

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