La sabiduría de Francisco

19 de julio, 2015 - 3:40 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Es obvio que el papa Francisco posee una sabiduría divina que es transmitida con palabras muy sencillas, pero pletóricas de un mensaje de Dios para la humanidad, en todos los aspectos de la vida. Cuando en el encuentro con ciento de miles de jóvenes reunidos en La Asunción, Paraguay, ya en el cierre de su gira expresó: «Necesitamos jóvenes con esperanza y fuerte espíritu, no jóvenes debiluchos, que ni sí, ni no (indecisos). No queremos jóvenes que se cansen rápido, y que estén con cara de aburridos», concluyó su mensaje a los jóvenes con las profundas palabras «hagan líos, pero organícenlos bien», lo cual es una reflexión de mucha importancia para el proceso social que ha generado la globalización que se lleva a nivel mundial.

En cuanto a lo económico-social, fue contundente en Ecuador cuando nos envió un mensaje para poner más atención a lo social que lo económico. Expresó: «Un hombre que muere de frío y de hambre hoy no es noticia, pero si las bolsas de las principales capitales del mundo bajan dos o tres puntos se arma el gran escándalo mundial». Esto lo complemento en Paraguay con las palabras: «Un desarrollo económico que no tiene en cuenta a los débiles y desafortunados, no es verdadero desarrollo. La medida del modelo económico ha de ser la dignidad integral del ser humano, especialmente el más vulnerable e indefenso». Ya en Bolivia se había referido al mismo tema económico con «digámoslo sin miedo queremos un cambio real, un cambio de estructuras. Una economía al servicio de los pueblos». También condenó a los sistemas económicos imperantes, ya que están acabando y sacrificando a los campesinos y los pueblos. Su mensaje también fue crítico con la Iglesia católica, cuando en Bolivia pidió a la iglesia que no caiga en el «Alzheimer espiritual» y olvide sus orígenes modestos y se comporte como «casta» desconectada de los más pobres.

No es «casuístico» su mensaje de apoyo a los pobres, el papa Francisco, cuyo nombre de pila es Jorge Mario Bergoglio, nació en Argentina un 17 de diciembre de 1936, Día de San Lázaro, patrono de los pobres, un santo venerado en Brasil y Cuba. Es hijo de un empleado ferroviario y una ama de casa. Antes de ser Papa llevaba una vida austera, solía utilizar el metro de Buenos Aires y en Roma autobuses, se podía ver con zapatos desgastados y cuarteados de tanto caminar. La misa de los Jueves Santo acostumbraba a lavar los pies a enfermos, presos o mendigos. Cuando fue nombrado cardenal utilizó la ropa del anterior para disminuir gastos. Atiende a los sacerdotes con un hola, soy Bergoglio. Aunque trabajaba en el palacio arzobispal, vivía solo en un pequeño apartamento en la Catedral de Buenos Aires. Prefería vestir la sotana negra de sacerdote que la púrpura de cardenal. Cuando salió en el balcón como nuevo Papa, llevaba una simple sotana blanca y en vez de la cruz pectoral de oro, llevaba una más sencilla de metal. Comenta que le gusta bailar el tango en especial la milonga y jugar al baloncesto, también el fútbol y es seguidor del Club San Lorenzo. Habla italiano, inglés, francés, alemán y español. También un poco el idioma guaraní, lengua del 80% de los paraguayos. Todo un ejemplo viviente de humildad.

Se preparó como sacerdote, en un período de formación intelectual para los jóvenes en la Facultad de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares, Madrid. Pero tiene un aspecto profesional muy peculiar en su carrera, antes de ser religioso era ingeniero químico, posiblemente de allí nace su interés por el medio ambiente y el cambio climático. El Papa número 266 es el único Papa americano de la historia y primer no europeo de los últimos 1.000 años, escribió la encíclica laudato sí, que significa alabado sea, donde destaca que la crisis ecológica es una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad e invita a todos, no solo a los católicos, a una «valiente revolución cultural», critica con fuerza a los poderes económicos y también llamó con fuerza a una conversión ecológica en la casa común. También Maracaibo 2029, forma parte de esa casa grande, por lo que debemos desarrollar la cultura maracucha ambientalista y ecológica, como un regalo para las generaciones de relevo. Contamos con [email protected]

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