Opinión

ENTREVEO N° 150

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12 de enero, 2026 - 11:55 am
Enrique Parra

Por Soc. Enrique Parra

La coyuntura política actual de Venezuela agredida por la fuerza militar estadounidense, es un escenario caracterizado por la desestabilización gubernamental, la presión internacional del poderio real, situación de amenaza latente y por la obligación política y moral de traer de vuelta al Presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores secuestrados y convertidos en prisioneros de guerra.

De modo que, la gobernanza en manos de la Dra.Delcy Rodríguez Presidenta de la República encargada, deja de ser un mero ejercicio administrativo, para convertirse en un acto de resistencia racional capaz de construir la viabilidad y factibilidad de amplios apoyos al poder constituido. Lo otro es, actuar con tozudez en nombre de la perseverancia.

Para navegar estas aguas turbulentas, cualquier estrategia de poder y gestión pública que pretenda ser sostenible debe cimentarse sobre cuatro ejes innegociables: Esperanza, Unidad, Lealtad y Disciplina como herramientas para la gestión de gobierno y el comportamiento de los sujetos de la política.

Ellos no son conceptos abstractos sino categorías políticas operativas, que definen la eficiencia estratégica de la acción de gobierno, sintonizada con las circunstancias de excepcionalidad sobrevenidas, en un país agredido militarmente por una potencia extranjera.

Se trata de un estado de conmoción exterior, distorsionador de las concepciones vigentes de la filosofía del Derecho internacional, precipitador de abruptos cambios imprevistos en la realidad social y política que desafían las normas, concepciones y comportamientos axiologicos cosuetidinarios.

En ese sentido, se trata de la gobernanza en tiempos de retos que impone la geopolítica transicional, avasalladora de la superestructura de la política, los principios de la diplomacia y la perdurabilidad del Estado Nacion.

Ese marco filosófico y legal compilado en el Derecho Internacional Público hoy se desmonta impunemente, se desestima y desecha sin agendas concretas para reivindicarlo. El multilateralismo luce negligentemente sorprendido e incapacitado y el concierto de las naciones hasta ahora, desprovisto de la respuesta necesaria.

La «Real Geopolitik» dibuja un propio perfíl en medio del desenvolvimiento de contextos sociales, cada vez más pragmatizados frente a desvanecidos planteamientos teórico ideológicos, rezagados respecto de las esperanzas, expectativas y necesidades de la nueva época que llegó y se impone con su cosmovisión.

Todo indica que las reglas del S.XX ya no contienen la realidad insurgente y de inmediatez del S.XXI, la tolerancia del uso de la fuerza tiende a cambiar la disuacion como factor histórico de la estabilidad global.

De tal forma que el equilibrio global resulta peligrosamente frágil, todos apuestan por sus propios intereses geopolíticos congelando las ideologías, tratados, convenios y convenciones de postguerra como consecuencia del pragmatismo, determinado por el aseguramiento y control de los intereses propios de cada nación, de cada región. .

Esta nueva realidad geopolítica corre el velo de la tercera guerra mundial, reproduciendo el ciclo de la historia universal. Desde luego, ello convoca a la reflexión, comprensión y explicación epistemológica desde la filosofía de las ciencias sociales.

ENTREVEO N° 150
Maracaibo, 11/01/2026

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