Opinión

A un año de la vuelta a la Casa del Padre del Cardenal Urosa

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24 de septiembre, 2022 - 7:33 pm
Leocenis García

Por Leocenis García

 

Se cumple hoy un año desde que partió a la Casa del Padre, el Cardenal Jorge Urosa Sabino. Amado por el pueblo venezolano y por el cual tuve una honrosa cercanía personal.

Durante su enfermedad, días antes de su fallecimiento, escribe una carta al pueblo de Venezuela: “Por supuesto, me siento inmensamente feliz de haber sido sacerdote, vivir mi vocación con gran ilusión. He tenido la fortuna y la bendición de que Dios me ha llevado por caminos insospechados de servicio, y de altísimas responsabilidades en la iglesia que agradezco en el alma”, indicó el cardenal Urosa.

Sabiendo la polémica que había rodeado su postura profética dice en el último párrafo de su sentida despedida, pone acentos sobre su gran afecto al pueblo venezolano y su entrega absoluta a su libertad, a sus instituciones, “a la defensa de los derechos del pueblo frente a los atropellos que hayan cometido por parte de los gobiernos nacionales”.

Indica en esa actitud he estado siempre también actuando, no por odio, ni por rencor, sino por defensa de la libertad, de la justicia y de los derechos del pueblo venezolano.

Quienes conocieron a su eminencia, el Cardenal Urosa, saben que fue quizás el más incómodo Cardenal para el establishment venezolano. Negado a ser una veleta en manos del poder, y de la política que quiso hacer de la iglesia un apéndice de sus deseos, siempre su eminencia habló en el momento que debía.

«Cristo no es socialista» le devolvió al ex presidente venezolano Hugo Chávez, cuando éste quiso reducir a Jesús al papel de líder político. «No lo es, no es un líder monarquico, ni republicano, ni socialista. Jesucristo es el hijo de Dios, por quien hemos tenido la salvación» replicó en una misa desde la Catedral de Caracas.

Urosa, ha sido el más grande y valiente pastor que Venezuela ha tenido en los últimos cincuenta años.

Apegado a la defensa de los presos políticos, de los pobres y de la misión evangelizadora de la Iglesia, en momentos agonales y en lucha abierta contra el socialismo marxista, arriesga su integridad física, para atajar la deriva totalitaria y el relativismo moral que señorea Venezuela en medio de una gran polarización.

Le toca decir cosas duras, como un profeta que clama a grito herido en el desierto. Condena al Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela y sus sentencias en contra de los derechos humanos.

Se presenta así como el Cardenal que no cumple la ley amoral. Claro está, no cumple la ley fundada en caprichos marxistas que no sirve al pueblo, sino que está en contra de él.

Se comporta Urosa como un profeta

Consciente Su Eminencia de lo que reclama el Concilio Vaticano II de cuyas enseñanzas es un apasionado estudioso: «La iglesia es la muchedumbre de los hombres, reunidos en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo, que peregrinan en este mundo».

Responde el Gobierno, que Urosa enfrenta, como la España –en tiempos de la Colonia- que consideraba que los indios de las américas no eran seres humanos y en consecuencia había que tratársele como bestias.

El venerable padre dominico Fray Montesinos (un Urosa de esos tiempos), se negó a aceptar mansamente el racionamiento, y guiado por su conciencia, en audiencia concedida por la Corona, tomó un indio por el brazo, lo puso frente a los reyes católicos y a voz en cuello declaró: “Vosotros decíais que estos no son humanos y por tanto os maltratáis, entonces os reclamo que no los tratéis como humanos (y acto seguido derramó media pimpina de agua sobre el indio) sino que como habéis visto yo lo bautizo en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; así que su majestades, este indio, según dicen vuestros conquistadores no es humano, pero por la autoridad que me da la iglesia, yo lo bautizo y ahora es hijo de Dios”.

Después de un largo silencio, el Padre Montesinos, miró a la audiencia y concluyó: “Vosotros los matáis, porque decíais que humanos no son, ahí lo tenéis, volad la cabeza a un hijo de Dios, miembro de la Iglesia, por el poder del bautismo, y que entonces el cielo caiga sobre vosotros».

Quedaron estupefactos

Así en 2017, sin ser Montesinos, pero con la misma fuerza, el Cardenal Urosa dice “Nosotros estamos defendiendo los derechos del pueblo que están siendo conculcados por un Gobierno ineficiente (….). Aquí no hay ninguna soberanía alimentaria, aquí hay incapacidad del Gobierno para garantizar los alimentos, la salud del pueblo venezolano”.

No se ceba en su empeño, y denuncia la “gravísima” escasez de alimentos, la inflación «altísima, la peor del mundo, la escasez de medicinas, como las principales preocupaciones que tienen los habitantes de Venezuela, esto junto a “los presos políticos que en vez de disminuir han aumentado».

Días después, Urosa vuelve y fustiga: «La capacidad del gobierno ha sido superada por la realidad.(…) El no entender la gravedad del momento y que los problemas que estamos enfrentando se deben a la actitud del Gobierno, es algo que va en contra de la paz del país»

Cuando Venezuela se estremece con la renuncia del Cardenal Jorge Urosa Savino –algo normal y obligatorio, de acuerdo a lo establecido en el canon 401.1 del Código de Derecho Canónico–, las autoridades socialistas de Venezuela intentan manipular el hecho.

En cumplimiento fiel de esa norma el Cardenal Urosa, que cumplía 75 años (el 28 de agosto), remitió su carta de renuncia al Santo Padre Francisco.

Toman esto, sus detractores en el socialismo bolivariano para tejer una conspiración donde no la hay, fruto de la ignorancia que es uno de los grandes atributos de esa ideología destructora.

Días antes, cuando cumple sus 50 años de ordenación presbiteral, el Sumo Pontífice, le envía misiva donde destaca: “Como sabemos que has actuado con gran diligencia en el desempeño del sagrado ministerio, deseamos felicitarte en esta ocasión por la labor realizada”.

Urosa, pastor y padre, se comporta en la Venezuela arrasada por el chavismo como el profeta hebreo Habacuc que grita: “¿Hasta cuándo Señor pediré auxilio, sin que me escuches, y denunciaré a gritos la violencia que reina, sin que venga a salvarme? ¿Por qué me dejas ver la injusticia y te quedas mirando la opresión? Ante mí no hay más que asaltos y violencia y surgen rebeliones y desórdenes. La ley cae en desuso. El derecho no sale vencedor, los malvados censuran al inocente y la ley es pisoteada”.

Pero como al profeta Habacuc, al gran pastor Urosa, el Señor responde y dice: «Escribe la visión que te he manifestado, ponla clara en tablillas para que se pueda leer de corrido. Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallaré; si se tarda, esperar, pues, llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio, el justo en cambio, vivirá por su fe» (Habacuc, capítulo 1, versos 1-11).

En su última voluntad el gran Cardenal expresa su deseo de que Venezuela salga de esta situación tan negativa.

 

UROSA SAVINOS

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