Por Luis Fuenmayor Toro
Trump ha sido claro siempre en relación con sus intenciones políticas nacionales, regionales y globales. Su proyecto «Make América Great Again» (Haz América grande de nuevo) está de acuerdo con sus promesas electorales y sus acciones, lo cual no significa que todas ellas hayan sido exitosas. Una cosa es lo que el hombre quiere y otra, muy distinta, es que lo que haga lo lleve al éxito. En otras palabras: puede equivocarse, afortunadamente no es infalible.
Recordemos que para Trump y los estadounidenses, América es EE. UU., y no porque ignoren al resto del continente, sino porque siempre, desde sus inicios se han llamado de esa manera. Su gentilicio es americano, no por ser del continente América, sino por ser de EE. UU., país que no tiene otro nombre que no sea América. Se llaman de la misma forma que el continente.
México, también situado en Norteamérica, se llama oficialmente Estados Unidos Mexicanos y nosotros, en algún momento, nos llamamos Estados Unidos de Venezuela, pues tanto México como nosotros sí tenemos un nombre propio, que nos viene desde que los españoles nos bautizaron, al hacernos parte de España. Éramos virreinatos, capitanías generales y provincias españolas, no éramos reales colonias, éramos españoles que vivían en la expansión del Reino de España en el continente americano. Similar al caso de Portugal y Brasil. Los británicos, en cambio, no le dieron al territorio norteamericano, que luego sería EEUU, un nombre unificado y simplemente se referían al mismo como Las Trece Colonias, que eran los trece territorios de la costa Atlántica o la América Británica, que eran totalmente independientes entre sí.
No existía una identidad nacional única entre los colonizadores, y su identificación era con las regiones específicas donde se desenvolvían, hacían su vida y tenían sus familias. Por tanto, la referencia era al nombre de las zonas específicas colonizadas y no a toda la región del continente donde las trece colonias existían. Eran de Massachusetts, New York, Georgia, Virginia, Pensilvania, entre otras regiones. Poco antes de la independencia, se acuño el término de Colonias Unidas, pues comenzaron a actuar conjuntamente en sus relaciones con Gran Bretaña, y ese término, claramente transitorio, derivaría luego en el actual de Estados Unidos de América, por lo que su gentilicio es el de americanos.
Trump se caracteriza por su amoralidad, más que evidente de su discurso cínico y humillante y las excusas inauditas que utiliza, para tratar de justificar sus acciones depredadoras. Y no es que es muy original en el uso de las mismas, pues éstas son las mismas que EE. UU. ha utilizado para invadir a medio mundo desde su creación como Estado. La libertad, como lo señaló Bolívar, fue su primera falsa coartada, usada aun en el presente. En nombre de ella conculcó las libertades de muchos pueblos. El anti comunismo y la necesidad de frenar la «expansión» de otros países, cuando la mayor expansión la han llevado a cabo ellos mismos desde que eran Las Trece Colonias. Se extendieron desde el Atlántico, donde estaban inicialmente, hasta el Pacífico, acabando con los pueblos indígenas y pasándole por encima a distintas naciones europeas en diferentes formas.
Invadieron México (1848), e incorporaron a su territorio a California, Nevada, Utah y partes de Arizona y Nuevo México. Compraron Alaska (1867) y a Hawái (1893) le hicieron algo parecido a lo que hacen hoy con Venezuela: lo tomaron militarmente, derrocando a sus autoridades y anexándolo como el estado 50 en 1898. En el Caribe: Puerto Rico, Guantánamo y las Islas Vírgenes. En el Pacífico: Guam, las Islas Marianas del Norte y Samoa Americana, además de las islas Midway y el atolón Palmyra. También en El Ártico (más de la mitad del nuevo territorio), el mar de Bering, las costas del Atlántico y del Pacífico, dos regiones del Golfo de México y las Islas Marianas. Su ejército ha recorrido todo el mundo bombardeando, destruyendo, asesinando y sometiendo pueblos enteros. Hoy lo hacen también en nombre del antiterrorismo y la lucha contra el narcotráfico.
Es ése el Estado que nos invadió, derrotó, nos tutela, nos humilla y nos despoja impunemente de nuestras riquezas y cuya dominación debemos enfrentar. En la forma más inteligente y sensata posible, pero enfrentar, a sabiendas de que es un proceso largo, que requiere de una unidad nacional que hoy no tenemos y para lo cual debemos fortalecernos como nación, no sólo en la recuperación del extraviado sentimiento nacional, sino robusteciendo nuestra educación formal, las ciencias y la tecnología nacionales, la producción material y el logro de una economía sólida.
La reconquista de la soberanía debe ser el eje de esta nueva política.






Comente