Opinión

Nuestra Fuerza Armada Nacional: González López y el mensaje de Delcy Rodríguez.

Leocenis García
23 de marzo, 2026 - 2:02 pm
Leocenis García

Por Leocenis García

Lo que me faltaba entender de este país lo comprendí en el Rodeo I, la cárcel a la que fui después de enfrentarme por la defensa de la Constitución de 1999. Ahí, rodeado de soldados vestidos de custodios, pude entender la lógica y el corazón de la FANB.

Tuve también la oportunidad de estar detenido con exsoldados de fuerzas especiales estadounidenses que habían sido capturados bajo el liderazgo, en la DGCIM, del comandante Granko Arteaga.

Aprendí de ellos —soldados venezolanos— a quitarme las esposas, a realizar acciones de comando aun estando amarrado, a tener disciplina, a enfrentar mis miedos y a poner mi capacidad a prueba.

Aprendí a admirar a nuestra FANB y a entender que nosotros no tenemos mejores armas que Rusia, China o EE. UU., pero hombres en el terreno, sí. Puedo dar cientos de ejemplos, pero cualquier soldado, mayor, capitán o coronel que me esté leyendo entiende de qué hablo.

Algunos han confundido la pasividad de la FANB el 3 de enero con miedo, y esto no es verdad. O con falta de capacidad para responder, y esto tampoco es cierto. El tema es que un comandante no solo debe pedir la lealtad de sus subalternos, sino que debe merecerla. Todo el mundo tiene claro lo que estudió, lo que estuvo dispuesta a hacer y, de hecho, lo que hizo la FANB por Chávez. El asunto es que un comandante no debe avergonzar a sus soldados; debe ser un estadista. Bolívar era un genio, Páez era un verdadero general y jefe de Estado, Miranda fue el más grande precursor y líder militar de Hispanoamérica. De ahí venimos.

La verdad es que el presidente Maduro —quien, en mi criterio, fue secuestrado y ejercía el poder de hecho— había perdido el rumbo, dejando atrás el catecismo sagrado de la convivencia democrática de este país: la Constitución de 1999. El presidente primero debió merecer la inmolación de los soldados para defenderle, que los hubo. Pero también debió actuar más allá de los resquemores y la «mano de seda» con la que actuó el exministro de la Defensa, Vladimir Padrino López.

Hay quienes se han confundido creyendo que la FANB es una suerte de muchachos cobardes que dejaron al presidente Maduro a merced. Eso no lo acepto, porque quienes opinan así no conocen, como yo, a esta institución, ni pudieron ver lo que están preparados para hacer en el terreno. Nuestros cadetes, nuestros soldados, pero especialmente nuestros infantes, tienen fama de «no tomar agua». Hay una frase famosa en la FANB: «con un infante no se puede comer la raya amarilla». Esta Fuerza Armada no solo está preparada para enfrentar militarmente sin armas convencionales, sino que —y este es su mayor activo— está lista para sostener una guerra irregular o guerrilla urbana ante cualquier situación.

El reciente nombramiento del general González López por parte de la comandante en jefe de la FANB, la dra. Delcy Rodríguez, es un mensaje al país, pero sobre todo a nosotros los políticos. La dialéctica es clara: esta FANB es bolivariana, pero hay que aceptar que también es chavista para poder construir un consenso. De hecho, es González López quien mejor construye la tesis de Hugo Chávez en la institución.

La mayoría de los analistas se limitan a decir que González López viene del SEBIN, pero esa es solo una pequeñísima parte de la historia. La gran historia es que el general fue quizás el gran armador de la Milicia Bolivariana y, en esa condición, dio su único e importante discurso público ante el féretro del comandante Chávez en el Cuartel de la Montaña.

Para el examen de la situación de la FANB en este marzo de 2026, propongo como hipótesis que el Ejército que la extrema derecha tiene en su cabeza (yo soy de derecha en lo económico, porque ser de extrema es estar en un maximalismo no razonable) ya no existe. Aquel ejército de 1998, supuestamente apolítico, obediente y no deliberante, que estaba al servicio del Estado y no de una persona, no volverá. Esa FANB fue desmantelada y reemplazada por un modelo adecuado a la interpretación que Hugo Chávez hizo de la «seguridad nacional» y la «defensa integral» en su discurso del 16 de mayo de 2004. Esa fue la base para la creación de las «milicias populares», de las cuales González López es arquitecto. Tesis con la cual hoy estoy de acuerdo.

Por eso, no puede caer nada bien en esa FANB, ni en mí que soy un patriota, el chiste reciente del presidente Trump sobre el «estado 51» refiriéndose a Venezuela. En cuanto a eso, nosotros nos adelantamos: EE. UU. es, más bien, el estado 24. Mi general Francisco de Miranda luchó junto a George Washington para liberar a EE. UU. Los venezolanos siempre vamos primero; por eso el presidente Jefferson recibió a Miranda en la Casa Blanca un viernes 13 de diciembre de 1805.

No se equivoquen con la FANB ni la midan por las actuaciones del ministro saliente. Porque en la vida uno decide qué es: si ministro de la Defensa o político. Un ministro de la Defensa defiende la patria; un político da discursos.

Yo quería terminar aclarando que sí conozco personalmente a Gustavo González López, y mi opinión es que es un tipo muy complicado pero leal a su visión chavicentrista de la nueva doctrina militar. Y solo interpreto lo que se denomina en política el metamensaje. Pero este ensayo es para nosotros los políticos con vocación de poder. Tenemos que tener algo de dignidad.

Nosotros somos prooccidentales, y sí somos americanos, porque EE. UU. es solo el hermano mayor, pero antes que todas esas cosas somos venezolanos, nuestra patria es más grande que los subtítulos. Mi título más grande es que yo soy venezolano.

Venezuela no es el proyecto de una sola persona. La palabra más poderosa de nuestra nación es la palabra «Nosotros». La patria es «Nosotros, el pueblo». «Gloria al bravo pueblo». «La ley respetando la virtud y el honor». Venezuela no pertenece a nadie; pertenece a todos los venezolanos.

Y en este momento de la historia —cuando los principios patrióticos fundamentales parecen estar bajo ataque continuo, cuando demasiadas personas en el poder se han vuelto cínicas y se han desvinculado diciendo «eso lo hace Delcy porque lo mandan los gringos», «aquí mandan los gringos»—, ahora es precisamente el momento de hacernos preguntas difíciles sobre cómo podemos construir nuestras respuestas comunes, oposición y gobierno: no aquí mandamos los venezolanos.

Respetamos a EE. UU. pero aquí manda Delcy. Allá Trump. Allá cantan Dios bendiga América. Aquí cantamos Gloria al bravo pueblo.
Somos hermanos. Pueblos hermanos. Pero vasallos ni en esta vida ni en la otra. Viva nuestra Fuerza Armada. Vivan los patriotas, y viva Bolívar, Páez y Miranda

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