Llegó el octavo y los Navegantes se amotinaron para fabricar un paquete de siete anotaciones, remontar el marcador y estremecer al majestuoso recinto
El Estadio Monumental Simón Bolívar fue un Coliseo Romano en el octavo inning, cuando los de casa remontaron y Caracas se vistió de azul marino, como el Magallanes, y pareció que el Ávila hubiera bajado a las gradas para empujar cada lanzamiento, cada swing, cada respiración contenida.
Los reptiles habían salido hambrientos al terreno y conectaron siete imparables —todos sencillos— para fabricar cinco anotaciones en el mismo inicio del partido, ante el abridor Emilio Vargas y su sustituto Esmil Rogers.
Andrés Ángulo aumentó la diferencia en la siguiente entrada y en la quinta, junto a Kelvin Melean y Harold Ramírez, conectó otro imparable para remolcar su tercera de la jornada, ante los lanzamientos de Raffi Vizcaíno.
Pero llegó el octavo y los Navegantes se amotinaron para fabricar un paquete de siete anotaciones, remontar el marcador y estremecer al majestuoso recinto, repleto con más de 30 mil almas.
Rougned Odor, que ya había conectado un cuadrangular en el segundo, volvió a desaparecer la pelota y encendió la chispa, mientras Luis Sardiñas disparó un biangular que trajo a un compañero a casa y sacó del montículo a Ezequiel Zabaleta.
Otra carrera se anotó por un lanzamiento descontrolado del rescatista y derrotado Pedro García y dos más empujó Hernán Pérez con un elevado que cayó en terreno de nadie.
El empate llegó con dos outs, cuando el torpedero cafetero erró en un tiro a la inicial y le abrió las puertas del plato al corredor que estaba en la antesala, y la ventaja definitiva la impulsó Renato Núñez con un cohete a las praderas que enloqueció las tribunas.
Silvino Bracho lanzó una entrada inmaculada para llevarse el crédito, ayudado por Felipe Rivero, que con rectas cercanas a las 100 millas por hora, sacó tres outs, dos por la vía del ponche.
Lo que ocurrió en el diamante hoy tuvo algo de leyenda antigua: Magallanes navegó entre tormentas, resistió las embestidas de los Caimanes y encontró, en el momento justo, el viento favorable. Cada out fue un latido menos en el pecho de la ciudad; cada carrera, una llamarada que incendiaba los pulmones de la tribuna.
“Hemos hecho magia toda la temporada”. Así resumió Renato Núñez el cierre de una campaña inolvidable para los Navegantes del Magallanes, que este viernes protagonizaron otra épica remontada para darle a Venezuela el campeonato en la Serie de las Américas Gran Caracas 2026 con una victoria por 10 a 9, en el Estadio Monumental Simón Bolívar.
Núñez fue justamente la clave para firmar el triunfo de la escuadra venezolana ante los Caimanes de Barranquilla de Colombia en la final de la competencia. Fue un batazo suyo el que llevó a la goma la décima anotación de Magallanes.
“Me dejó el pitcheo en la zona de strike (Pedro García). Ya sabía que venía un poco regado. Esperé que subiera la pelota y pude conectar esa línea para el lado izquierdo”, explicó Núñez sobre el turno que cambió el partido. “Es increíble ganar en este estadio repleto de venezolanos, acá en tu casa. Venir de atrás como lo hicimos también como pasó en la temporada con Magallanes. Es una experiencia increíble”.
“Siempre tuvimos fe en que íbamos a remontar”, aseguró Renato Núñez. “Desde que empezó el partido queríamos ganarlo y le pusimos intensidad como siempre. Ellos también tienen un buen equipo. Se fueron arriba la mayoría del partido, pero regresamos como siempre lo hacemos. (Yadier) Molina tiene mucho crédito en este título, porque él creó una cultura ganadora en este equipo”.
Los colombianos tomaron por sorpresa a Venezuela en el primer capítulo con cinco rayitas y ganaban 9-1 en el quinto inning, pero no pudieron anotar más carreras y vieron impotentes cómo se les escapó el título.
La pesadilla
El mánager de Magallanes César Izturis consiguió la fórmula para detener el ataque de Barranquilla ganando tiempo para que su ofensiva hiciera daño. “César nos habló a los lanzadores, nos dijo que nos usaría a todos para aguantar el juego lo más que se pudiera y resultó”, contó Silvino Bracho. “Nada más se necesitaba un inning para volver”.
La oportunidad llegó en el final del séptimo capítulo, cuando Rougned Odor abrió con un jonrón solitario –su segundo vuelacercas de la noche- y abrió la puerta para que Magallanes hiciera lo que fue su marca de fábrica de toda la zafra en la LVBP: remontar y celebrar.
Con la presión de más de 30.000 aficionados metidos en el partido los Caimanes se hundieron en errores, los lanzadores no consiguieron aplacar el ataque venezolano y vivieron una pesadilla con un rally de siete anotaciones que les arrebató el trofeo de las manos.
“Muy contento por ganar con el nombre de mi país en el pecho. Le damos crédito a todos, a los organizadores a la fanaticada que estuvo ahí todos los días”, dijo el estratega que se encargó del equipo por la imposibilidad de Yadier Molina de seguir en el banquillo para este torneo. “Siempre tuvimos confianza en que podíamos remontar. Se sentía porque los muchachos lo demostraron en el terreno. Esto es bonito y son experiencias, ganar con un equipo diferente al mío. Lo disfrutamos”.
Silvino Bracho, que lanzó el octavo inning, fue el pitcher ganador, mientras que el cerrador Felipe Rivero se acreditó el salvado. Pedro García cargó con la derrota. Por Colombia se destacaron Andrés Angulo (4-3, con 3 remolcadas) y Harold Ramírez (5-3, 2 anotadas y 2 remolcadas).
Algunas cifras
– 11 lanzamientos hizo el abridor de Magallanes por Venezuela, Emilio Vargas, que no consiguió sacar un out en el primer inning.
– La asistencia total de la Serie de las Américas sumando los partidos en el Monumental y el Fórum Jorge García Carneiro fue de 101.165 aficionados. El partido final, disputado en La Rinconada, tuvo a 36.002 asistentes.
– La duración del partido fue de 4 horas y 06 minutos.
– Caimanes y Navegantes se combinaron para sumar 19 carreras, 28 hits y siete errores en el duelo decisivo del torneo.
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