María Gabriela de Faría interpreta a Ángela «la Ingeniera» Spica, una villana conocida en el universo de DC Comics por haber fusionado su ADN con tecnología nanomecánica avanzada, lo que le permite transformar su cuerpo en un arma cibernética y en una amenaza para el mismísimo Superman
El público venezolano está confirmando ahora lo que María Gabriela de Faría ya sabía desde su niñez: es un cohete en ascenso vertical, imparable, que podríamos llegar a perder de vista.
Quizás comenzaba a imaginárselo cuando hizo el papel de Marifer Lobo en la telenovela Trapos Íntimos, pero ya tenía la certeza cuando convirtió a Isa TKM en el ídolo de una generación. Su paso por Nickelodeon, su trabajo en Deadly Class y su protagónico en El exorcismo de Dios son la prueba de que el gran talento consigue grandes oportunidades.
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Superman, su nuevo reto, se acaba de estrenar en cines de Venezuela y el mundo. En esta película, dirigida por James Gunn (Escuadrón Suicida, Guardianes de la Galaxia), De Faría interpreta a Ángela «la Ingeniera» Spica, una villana conocida en el universo de DC Comics por haber fusionado su ADN con tecnología nanomecánica avanzada, lo que le permite transformar su cuerpo en un arma cibernética y en una amenaza para el mismísimo Superman.
En esta película, «la Ingeniera» de María Gabriela de Faría hace su aparición desde la primera escena de acción y mantiene un peso importante a lo largo de toda la película. ¿Veremos más de ella en un futuro cercano o lejano? No se sabe. La única seguridad es que María Gabriela de Faría pisó fuerte en Hollywood, y el eco de sus pasos sigue retumbando.
–¿Cómo se construye un personaje como «la Ingeniera»? ¿Tuviste oportunidad de leer algunos cómics? ¿Cómo fue ese trabajo en equipo con James Gunn?
–DC nos dio acceso a todos sus cómics y obviamente todos los actores estábamos muy contentos de poder leerlos. Creo que mi trabajo con James Gunn fue más una colaboración basada en su visión del personaje, y en lo que yo también sentía que era importante destacar de ella.
–¿Cómo es construir algo de la mano de James Gunn?
–Con James (Gunn) el trabajo era más de conversaciones, de estar en constante comunicación. Yo le traía ideas y él me las rebotaba y me daba otras. Es un director que sabe perfectamente lo que quiere, y que te lo expresa bastante claro, pero que al final del día también te deja jugar muchísimo y proponer muchísimo, entonces es un set realmente muy libre.
–¿Querías audicionar para «la Ingeniera»? Recuerdo particularmente una confesión que le hiciste a Eloísa Maturén en su podcast, donde comentaste que te encontrabas molesta al momento de hacer esa audición.
–Estaba molesta porque yo llegué a pensar que perdería mi tiempo audicionando para esto. Ante una cosa como tan grande, entró el síndrome del impostor que capaz muchos de nosotros tenemos, y hubo un momento en el que pensé que esto realmente no era para mí. Audicioné un poco como a regañadientes porque mi esposo me dijo: «Lo vas a hacer, porque tú le gustas muchísimo al director de casting y te está evaluando para el personaje, así que tienes que hacerlo».
–Luego, después del segundo llamado y las pruebas que siguieron, comencé a creerme un poquito más que sí, que me veían en el personaje, y me fui suavizando ante esa posibilidad. Yo creo que todo actor puede sentirse identificado con esto, que cuando al fin te dan el papel te sientes muy feliz por unos segundos, pero luego caes en cuenta del compromiso que tienes y de todo lo que te toca hacer. Empecé mi proceso desde ese lugar.

–Yo soy bastante ansiosa porque soy muy perfeccionista, y quiero lograr la cosa perfecta, que el plano sea ideal, que mi voz se escuche tal cual como la escucho en mi cabeza y como la quiere el director, entonces eso siempre me genera mucha presión. Eventualmente me relajo, entiendo que mi proceso es personal, que posiblemente me estrese al principio pero que, al final, todo va a salir bien.
«Ante una cosa como tan grande, entró el síndrome del impostor que capaz muchos de nosotros tenemos, y hubo un momento en el que pensé que esto realmente no era para mí», dijo María Gabriela de Faría
–¿Cuándo tú estabas en Isa-TKM, en algún momento te imaginaste que ibas a participar en un proyecto así o llegaste a visualizarlo?
–Sí. Si bien tengo el síndrome del impostor, y si bien hay momentos en los que pienso que no me ha ido tan bien en los últimos meses o en las últimas semanas, siempre he sabido que lo iba a lograr. Si no lo hubiera imaginado, no me hubiese mudado a Los Ángeles. Al final del día, uno toma los pasos que toma porque uno se ve ahí.
–Estás trabajando en esta industria desde niña. ¿Crees que existe algún secreto o alguna fórmula mantenerse visible y tener éxito?
–Esto lo he hablado mucho con mi esposo, y creo que tiene que ver con un tema energético. Obviamente también es cuestión de talento y de trabajo, pero eso ocurre porque primero lo tienes que pensar. Tienes que preguntarte constantemente cómo volverte mejor actor, o intérprete, o lo que sea, y luego buscar cómo adquirir esas herramientas para estar preparado.
–Yo siempre pensé que yo podía hacer esto, incluso cuando no lo pensé. Siempre lo sentí en mi corazón, desde que soy chiquitita. Entonces creo que tiene que ver con creérselo, con ser un poquito delirante en ese aspecto.

Y debes ser lo suficientemente delirante como para moverte a Los Ángeles, dejar tu vida atrás y decir que no a todas las oportunidades que no tengan que ver con eso que tú quieres hacer. También debes ser capaz de sostener esas oportunidades apenas llegan, porque la responsabilidad puede ser abrumadora en muchos momentos. Tienes de ponerte los zapatos, decir que sí a todo, creértelo y hacer que todo el mundo se lo crea contigo.
La premiere de Superman en Los Ángeles se llevó a cabo en el Chinese Theater. Internet se inundó de fotografías de María Gabriela con un elegante vestido negro, de capa y estampado similar al enterizo ajustado que usa su personaje.
Se le ve luminosa y sonriente, portando la bandera de Venezuela y firmando autógrafos cerca del emblemático Paseo de la Fama, donde descansan las estrellas que han marcado a la industria, y donde, más pronto que tarde, la imparable María Gabriela tendrá su propio espacio. Uno que, seguramente, visualizó cuando apenas era una niña.
«Si no lo hubiera imaginado, no me hubiese mudado a Los Ángeles. Al final del día, uno toma los pasos que toma porque uno se ve ahí».







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