Lula ha centrado sus esfuerzos en la recta final de la campaña en intentar arrancar al presidente la bandera del «Dios y familia»
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva han emprendido una guerra santa en busca del voto religioso de cara a la segunda vuelta del próximo domingo 30 de octubre, en la cual la fe se ha convertido en un pilar central de la contienda electoral.
Con la Biblia como escudo y «Brasil encima de todo y Dios encima de todos» como lema, el mandatario brasileño ha peregrinado en los últimos meses por los templos para reafirmar el apoyo concedido por los evangélicos, grupo que representa alrededor del 30% del electorado.
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La mayoría de veces ha estado acompañada por la primera dama, Michelle Bolsonaro, quien se define como una «sierva del Señor» y ha llegado a prometer a los fieles a «Jesucristo en el Gobierno» si su marido es reelegido para un nuevo mandato.
Lula trató de arrancar a Bolsonaro la bandera de «Dios y familia»
Consciente de la influencia y poder de los evangélicos dentro y fuera de la política, Lula ha centrado sus esfuerzos en la recta final de la campaña en intentar arrancar al presidente la bandera del «Dios y familia».
Para ello, el antiguo sindicalista se ha rodeado en las últimas semanas de frailes franciscanos, monjas, curas y pastores evangélicos. También, ha besado santos entonado cánticos religiosos; rezado, y recibido bendiciones para ratificarse como un hombre creyente en Dios y deshacerse de la imagen de «comunista» de la que lo acusan de forma peyorativa sus detractores.
Para apaciguar los ánimos entre los evangélicos, el líder del Partido de los Trabajadores (PT), una formación de centroizquierda de orígenes troskistas, lanzó la semana pasada una carta dirigida a los evangélicos en la que se comprometió con la libertad de culto y con la familia.
«La familia es sagrada», declaró ante un grupo de evangélicos.
Desde grupos bolsonaristas se ha acusado a Lula de firmar pactos con el diablo, mientras que la oposición relacionó a Bolsonaro con la masonería, grupo que los evangélicos y católicos asocian con Satanás, y con el canibalismo.
Obispos condenaron el uso de la fe como arma de campaña
El uso de la religión como arma de campaña electoral ha sido condenado vehementemente por el Episcopado brasileño, que en un comunicado lamentó la «intensificación de la explotación de la fe» como camino «para captar votos en la segunda vuelta» de las elecciones.
La tensión electoral en torno a la fe alcanzó incluso al cardenal brasileño Odilo Scherer, arzobispo de Sao Paulo, quien se vio obligado a justificar el color rojo de su sotana, ratificar su oposición al aborto y su creencia en Dios tras ser acusado de izquierdista por internautas.
«Me parece revivir los tiempos de ascensión del fascismo al poder. Y sabemos de las consecuencias», dijo el cardenal.







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