Se complace en mandar a ese ejército de criminales que son los carabineros (los pacos bastardos, como los llaman en la calle) a gasear y apalear a los estudiantes secundarios
Boric era crónica de una traición anunciada, pero muchos compañeros quisieron confundirse y apostaron a él como si fuera la reencarnación de Salvador Allende. Se equivocaron a conciencia y hoy son pocos los que lo reconocen.
Mientras tanto, el converso sigue los pasos de Sebastián Piñera y trata de superarlo. Se arrodilla ante los yanquis, da la espalda a Venezuela, Cuba y Nicaragua, y utiliza la represión contra todo aquel que luche contra este gobierno vendido. Y lo peor, es que buen resentido con su pasado, se complace en mandar a ese ejército de criminales que son los carabineros (los pacos bastardos, como los llaman en la calle) a gasear y apalear a los estudiantes secundarios. O manda militarizar aún más al pueblo mapuche.
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Boric es la peor cara del «progresismo», y seguramente va a terminar yéndose por la puerta de atrás, pero junto a él están los cómplices que lo siguen arropando «para frenar a la derecha». Son patéticos porque ni ellos se lo creen.
En cambio, paso a paso, los jóvenes comienzan a dar vuelta esta situación y nuevas flores de la Revuelta siguen naciendo para arruinarles el festín a fascistas y progres conversos.







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