Un interprete inolvidable

1803 Columna Musical
29 de noviembre, 2015 - 3:55 pm
Redacción Diario Qué Pasa

¡Por favor Valentín y Ángela, cuídenme mucho a Gabrielito pues debo ir al puesto de comida que tengo en el mercado! Fue la súplica de la Sra. Juana Levario Plata a sus hermanos para que le cuidaran a su hijito de apenas un año, debido a la necesidad imperiosa de poder mantenerse y salir adelante dado el abandono prematuro de su esposo Francisco Siria Mora, un panadero quien jamás imaginó que su primogénito se convertiría en uno de los artistas más aclamados de América.

Gabriel Siria Levario, quien se diera a conocer artísticamente como Javier Luquín y luego como Javier Solis, alzó su primer llanto melodioso el 1ero. de septiembre de 1931 =Ciudad de México= en un barrio llamado Tacubaya pero al parecer, por una estrategia comercial de sus disqueras referían  que era originario de la localidad de Nogales en Sonora. Sin embargo en el acta de defunción que reposa en el registro civil respectivo, se señala que es de origen capitalino.

Como todo niño con pretensiones artísticas siempre impetuoso y constante  buscaba destacarse en los festivales escolares pero por la precariedad de su situación económica solo alcanzó el 5to. grado de primaria pues tuvo que trabajar para ayudar en los gastos domésticos, laborando como recolector de objetos reciclables y estibador en un automercado. Posteriormente se ganó la vida como panadero, carnicero interesándose en gran forma por el deporte, especialmente el béisbol, fútbol, lucha y  boxeo.

Motivado en alcanzar sus sueños de cantante, buscando oportunidades como intérprete de tangos y boleros tratando de emular al gran Pedro Infante, fue logrando poco a poco modestos contratos que lo llevarían pronto hacia su inevitable, merecido y resonante triunfo pues fue escuchado en una audición por el entonces director de discos Columbia de México, quien le hizo un contrato para grabar su primer sencillo Por qué Negar…A qué negar que fue la vida la que nuestras almas vino a separar/ a qué mentir? es imposible que el corazón pueda sin amor vivir/ es natural que mi cariño huérfano de besos busque en donde estar/ es natural, lo pienso así, que al fin y al cabo no hay nada en el mundo que te borre a ti.

De allí en adelante se sucedieron éxitos continentales con su voz melodiosa y afinada, tales como Llorarás, Sombras, Payaso, Sin Fe, Embrujos (entre otros). En Venezuela hubo gran acogida para sus canciones y sus películas, logrando amistad con varios artistas de la época como Don Mario Suárez a quien le pidió con humildad que le enseñará a cantar y le dejara grabar la famosísima pieza Moliendo Café, lo cual realizó en forma extraordinaria e inolvidable. La Voz de Javier era en extremo dulce y afinada, supo manejar con mucha maestría un recurso técnico vocal denominado «media voz» lo que le permitía modular las frases en su volumen convirtiendo su timbre en una emisión vocal realmente agradable con un estilo muy particular.

Pero el destino consideró que su misión en  este plano (aunque muy corta) había concluido, silenciando la juvenil seda de su voz el 19 de abril de 1966. Hasta el próximo domingo, con el favor de Dios.

Foto: Agencias

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