
Las personas se aglomeraban a ver si lograban entrar, alegando que no tenían tiempo para hacer la cola que estaba atrás
Fotos: Miguel Romero
Para poder comprar hay que ser vivo o tener un contacto bueno dentro de los establecimientos
Maracaibo — Desde la madrugada comienza la odisea para lograr comprar algún rubro de la cesta básica. Unos de verdad lo necesitan para sus hogares y otros para continuar desangrando al país con el contrabando de extracción.
En un recorrido realizado por este rotativo, se pudo constatar que en los supermercados de la ciudad logra comprar el más vivo o el que tiene un contacto bueno dentro de los establecimientos. Los que no gozan de ese privilegio, tienen que recibir empujones y malos tratos por parte de los funcionarios policiales que en vez de controlar la situación, la empeoran dejando pasar a cuán amigo se les atraviese, dejando que la anarquía reine en los establecimientos.
En el caso del Bicentenario, ubicado en 5 de Julio, la situación es desagradable, pues los usuarios que se disponen a comprar tienen que madrugar para entregar cédulas y esperar a la buena de Dios que salgan a devolverlas para poder entrar. Algunas personas que se encontraban en las colas expresaron que no hay respeto por nadie: ni tercera edad, discapacitados y mucho menos embarazadas.
Se quejan
María Aular, habitante de la parroquia Venancio Pulgar, quien se encontraba desde tempranas horas en el Bicentenario, destacó: «Los trabajadores cargan una burla con los que estamos aquí, nos tratan mal y nos hacen esperar por horas para poder entrar».
Del mismo modo, Ángel Salas, trabajador del Hospital Universitario, destacó: «No hay colas para funcionarios públicos ni de salud, yo trabajo tiempo completo y no me da chance de ponerme a hacer colas; aquí no les duele nada, el personal de salud del estado debería tener prioridad».
En el caso del Centro 99 de La Redoma, en el casco central de la ciudad, los funcionarios estaban dando prioridad a los discapacitados y personas de la tercera edad o con soporte médico, pero la situación se tornó desagradable cuando la influencia pudo más que todo; los trabajadores estaban dejando pasar a sus familiares delante de las personas que se encontraban desde tempranas horas.
Rina Linares, habitante de la parroquia Francisco E. Bustamante, destacó que «los policías y los trabajadores del local son unos abusadores, primero se benefician ellos y de último los que estamos en la cola, esto es un despelote, además que empujan a todo el mundo, nadie se salva».
Además que «los mismos ‹bachaqueros› se están matando entre sí, aquí se debe hacer algo urgente porque esas mafias no nos dejan comprar a los que de verdad llevamos comida a nuestros hogares», dijo furiosa Cira Rincón.
Los funcionarios llaman por cédula y van pasando a los familiares de los trabajadores de Centro 99








Comente