El Papa arremete contra poderosos y ricos

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19 de junio, 2015 - 12:32 pm
Redacción Diario Qué Pasa

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Fotos: AFP

«La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería», es uno de los lamentos del Sumo Pontífice plasmados en su encíclica «Laudato si, (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común», un documento de casi 200 páginas que fue presentado oficialmente ayer en el Vaticano. El texto acusa sin rodeos a la política, a la tecnología y a las finanzas de depredar el medio ambiente y generar pobreza

Ciudad del Vaticano —
El papa Francisco reclamó una «revolución valiente» para salvar el planeta, amenazado por el consumismo, en su encíclica sobre el medio ambiente en la que acusa al sistema económico y financiero de ahogar a los pobres.

El documento de casi 200 páginas, que lleva por título Laudato si, (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común», fue presentado oficialmente ayer en el Vaticano.

El texto acusa sin rodeos a la política, a la tecnología y a las finanzas de depredar el medio ambiente y generar pobreza.

«La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilo de vida, de producción y de consumo», escribió el Papa.

Francisco acusa a «la política y a las empresas de no estar a la altura de los desafíos mundiales», tras haber hecho un «uso irresponsable de los bienes que Dios ha puesto» en la Tierra.

El papa argentino condena con palabras firmes el consumismo y el capitalismo salvaje y los señala como responsables de la degradación de la «madre y hermana Tierra», como la llama.

«La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería», lamenta el Pontífice.

Escuchemos el «gemido de la hermana Tierra», acosada por un brutal cambio climático y la «cultura del descarte», pide.

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El documento de casi 200 páginas, que lleva por título Laudato si, (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común», fue presentado oficialmente ayer en el Vaticano

Opiniones

La primera encíclica que se le puede atribuir completamente al Pontífice argentino, ya que la precedente fue escrita a cuatro manos con Benedicto XVI, es un texto «contundente y desafiante», que marcará «un antes y después», según numerosos vaticanistas.

«No es neutral, está escrita desde el mundo empobrecido, desde el Sur», comentó el obispo de Aysen, Luis Infantil, para la página internet Religión Digital.

El texto fue publicado en seis idiomas, entre ellos español, y presentado por el presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, el cardenal Peter Turkson; el metropolitano de Pérgamo John Zizioulas, en representación del Patriarcado Ecuménico y de la Iglesia Ortodoxa; y el profesor John Schellnhuber, fundador y director del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.

Contra el mercado divinizado

«Hoy ‹cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta›», escribe el papa.

La encíclica verde es un llamado «urgente» a una «valiente revolución cultural» que ponga fin al «desenfreno megalómano», al consumismo, a las desigualdades, recalcó.

Francisco propone ante todo un nuevo modelo de desarrollo, basado en la sobriedad y la solidaridad, y analiza a lo largo de varios capítulos las razones del deterioro del planeta y de cómo las estructuras de poder lo han ocasionado.

«Ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes», escribió.

El Pontífice argentino exige que se pongan «límites» porque es «insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más y más, mientras otros no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana».

La deuda ecológica

Francisco denuncia el actual sistema económico mundial que usa la «deuda externa como instrumento de control» y acusa a los países ricos de no reconocer la «deuda ecológica» que tiene con los países en vías de desarrollo.

Tienen una «deuda ecológica» con «los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera y que siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro», recalca.

El pontífice latinoamericano, que se inspiró en San Francisco de Asís, el santo defensor de la naturaleza y los pobres, teme una guerra por el agua, denuncia la pérdida de la biodiversidad y la desigualdad entre regiones ricas y pobres.

El documento está dirigido a todo el mundo, y no solo a los católicos, y pide ante todo «responsabilidad» de cara a la destrucción del planeta.

Presentado tan solo seis meses antes de la cumbre de Naciones Unidas sobre el calentamiento climático, prevista en diciembre en París, el documento influirá en la comunidad internacional.

«El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las cumbres mundiales», lamentó.

«Esta encíclica tendrá un impacto muy fuerte, ningún papa había tomado partido así. Es el fruto de una pasión inmensa», comentó Christiana Figueres, presidenta de la convención de la ONU para el cambio climático.

Esa posición genera también críticas y reacciones, por lo que no se excluye campañas en su contra, basadas en estudios científicos y financiadas por el sector petrolero e industrial con inmensos intereses.

Principales puntos de la encíclica de Francisco

Estos son los principales puntos de la encíclica del papa Francisco «Laudato si› (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común», presentada oficialmente este jueves oficialmente en el Vaticano.

• «Nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

• «Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella».

• «La destrucción del ambiente humano es algo muy serio, porque Dios no solo le encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación. Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en ‹los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad».

• «La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común».

• «Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas».

• «Necesitamos una solidaridad universal nueva».

• «La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros».

• «La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería».

• «Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura».

• «—Hay que— contrarrestar la cultura del descarte, que termina afectando al planeta entero, pero observamos que los avances en este sentido son todavía muy escasos».

• «La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan».

• «El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad».

• «Es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo».

• «Un delicado equilibrio se impone a la hora de hablar sobre estos lugares —la Amazonia, la cuenca fluvial del Congo, por ejemplo, pulmones del planeta—, porque tampoco se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos, pueden atentar contra las soberanías nacionales».

• «Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas».

• «El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales».

• «Hoy ‹cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta».

• «La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada».

• «La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biósfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro».

• «Lo que está ocurriendo nos pone ante la urgencia de avanzar en una valiente revolución cultural. La ciencia y la tecnología no son neutrales, sino que pueden implicar desde el comienzo hasta el final de un proceso diversas intenciones o posibilidades, y pueden configurarse de distintas maneras. Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero sí es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera, recoger los avances positivos y sostenibles, y a la vez recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano».

• «La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas».

• «La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales. En este sentido se puede decir que, mientras la humanidad del período postindustrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades».

• «Hacen falta marcos regulatorios globales que impongan obligaciones y que impidan acciones intolerables, como el hecho de que países poderosos expulsen a otros países residuos e industrias altamente contaminantes».

• «La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que sólo podrá generar nuevas crisis».

• «Es importante incorporar una vieja enseñanza, presente en diversas tradiciones religiosas, y también en la Biblia. Se trata de la convicción de que ‹menos es más›. La constante acumulación de posibilidades para consumir distrae el corazón e impide valorar cada cosa y cada momento».

• «La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora».

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