Foto: Agencias
La próxima Copa América de Chile se presenta como un respiro para el duro año que tiene por delante la presidenta socialista Michelle Bachelet, envuelta en un complejo programas de reformas y un escándalo por acusaciones contra su hijo por supuesto uso de privilegios.
Un país enfervorizado con una de las selecciones de fútbol que le ha entregado mayores satisfacciones podría bajar la intensidad de los debates sobre las profundas reformas sociales que lleva adelante Bachelet y el escándalo que envuelve a su hijo mayor, Sebastián Dávalos. Bachelet tiene por delante duros meses en que deberá seguir empujando las reformas que buscan acabar con la herencia de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), y ponerse de pie después de las acusaciones sobre uso de «información privilegiada» y «tráfico de influencias» que pesan sobre su hijo.
El «nueragate»
Después de un primer año complejo para la mandataria socialista, por la durísima tramitación de una reforma tributaria y la primera parte de la reforma educativa, Bachelet celebraba un repunte de su popularidad. Pero los festejos duraron poco. En medio de sus vacaciones se destapó el escándalo que remeció al corazón de su gobierno y que la prensa bautizó como el «nueragate»: Una empresa de propiedad de su nuera concretó un millonario negocio inmobiliario después que le fuera aprobado un crédito gestionado por el propio hijo de la mandataria con uno de los hombres más ricos e influyentes de Chile. Dávalos fue forzado a renunciar al cargo después del escándalo.
Recuperar la confianza
El escándalo —de insospechadas consecuencias, ya que se encuentra aún en plena fase de investigación penal— dañó fuertemente la imagen de la mandataria, que deberá abocarse los próximos meses a reencantar a los chilenos. Bachelet dará el próximo 11 de junio el puntapié inicial a la Copa América.






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