EE.UU. — Este año se cumplen 20 del nacimiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC; o Nafta por sus siglas en inglés) entre Canadá, Estados Unidos y México. Su advenimiento desató un vigoroso debate sobre los peligros y las promesas del acuerdo comercial. A la distancia, todos exageraron sus consecuencias: el TLC no implicó ni grandes ganancias ni pérdidas dramáticas. Sus implicaciones resultaron más trascendentes para la economía más pequeña —la mexicana— que para las otras.
El TLC consolidó políticas macroeconómicas que impulsaron esta transformación. Desde 1995, las autoridades mexicanas mantuvieron políticas financieras sanas, una inflación baja, un tipo de cambio flexible y políticas comerciales aperturistas, que fomentaron estabilidad, bajaron las tasas de interés y ampliaron el acceso a crédito.






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