Vea cómo lo que era un terrible viaje en Metro pasó a ser inolvidable (+Video)

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7 de abril, 2017 - 5:01 pm
Francys Medrano / [email protected]

Cuando amanece debemos aprovechar cada oportunidad que nos regala el día pues pese a las dificultades que podamos tener siempre habrá algo que nos alegrará. El mundo se puede ver desde distintos puntos de vista

Foto: Captura

Maracaibo- Mi trabajo queda relativamente cerca de mi casa al igual que una de las estaciones del Metro de Maracaibo, por ende es una de las vías de transporte que acostumbro a utilizar a diario ya que es factible y segura para llegar puntual a mi sitio de trabajo que queda en el centro de la ciudad, aunque en los últimos meses he tenido que invertir tres veces el tiempo que normalmente tomaba para poder trasladarme.

Ya que este medio de transporte público ha venido presentando diversos problemas en los últimos meses en cuanto a la efectividad y el buen funcionamiento del servicio para con los usuarios, ya que de seis trenes, solo está en servicio uno y esto se debe a la falta de repuestos, según han denunciado en varias ocasiones en el diario QUÉ PASA, trabajadores del Metro.

Situación que ha generado en la ciudad malestar e incomodidad ya que la calidad del servicio ha disminuido y me obligo como «usuaria metro» a usar otras vías alternativas como: carritos, buses y hasta colas para poder llegar a cualquier lugar.

Un día diferente

Pero el jueves 6 de abril fue un día muy particular y me quedé como de costumbre un rato más en mi sitio de trabajo y al salir tomé la decisión de utilizar nuevamente el Metro – ya que en los últimos días he escuchado diversas quejas en cuanto a su funcionamiento-  y como yo soy una periodista curiosa, detallista, pero sobretodo muy observadora- al estar en la estación esperando el vagón de inmediato pensé: Hay mucha gente para un solo tren, ¿Qué será lo que esperan las autoridades del Metro para solucionar el déficit que están presentando? o ¿Será que tiene que pasar una tragedia para que reaccionen?

Durante mi momento de cuestionamiento, escuchaba a las personas a mi alrededor- efectivamente quejándose, recordando que el servicio cada día es peor que llegan tarde a casa, al trabajo y hasta que tiene que correr para poder entrar al Metro y así evitar esperar tanto.

Aproximadamente 35 o 40 minutos después el vagón llegó y al tratar de ingresar en él, me tropezaron, empujaron y hasta unos cuantos pisotones me llevé. Luego de esa maratónica entrada corrí con suerte de encontrar puesto, ya que se bajó un usuario con un ataque de claustrofobia y yo afortunadamente estaba de pie a su lado, miraba al frente y solo se veía el pasillo y los asientos todos llenos, gente con sus carteras, morrales, bolsas con compras que podían rozar la cara de cualquiera en ese espacio reducido.

Por un instante esa situación me agobió no podía creer que estemos viviendo con esta zozobra, con la inconformidad de acostumbrarnos a perder o padecer por algún servicio que nos corresponde como ciudadanos y que en su momento nos ofrecieron como lo mejor y de buena calidad.

Entre tanto bullicio, tres puestos delante de mí, estaba un señor de tez morena, que se robó mi mirada porque en sus manos tenía un cuatro que no dudo en tocar al cerrarse las puertas del tren. Al escuchar la primera tonada de inmediato me sentí muy identificada porque el zuliano se hace sentir en cualquier lugar o espacio en donde este.

El usuario al que no pude preguntarle su nombre por la cantidad de gente que había a nuestro alrededor, aprovechó el vagón del Metro para rememorar y recordar algunas de las gaitas –música tradicional zuliana-que han marcado el regionalismo y gentilicio que nos caracteriza.

Por su puesto, el sentimiento no dudó en florecer alguno de las personas que se encontraban en el lugar, aprovecharon el transcurso del viaje para cantar o corear y hasta bailar (pero no apretados como nos gusta, sino por necesidad) al ritmo de En Casa se Larga el Forro, Cuando voy  a Maracaibo y Aquel Zuliano.

Sin duda alguna un viaje de regreso a casa satisfactorio una vez más afirmó que podemos tener días buenos o malos hasta desaciertos en la política pero cuando sale a relucir el sentimiento propio de lo que nos representa como venezolanos y en especial zuliano sobrepasa cualquier adversidad.

Los días son buenos si se ven desde otro punto de vista, en la tierra del sol amada, aún viven personas que te regalan un pedacito de alegría cada día.

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