El «tripulante 45» al que su madre salvó de la tragedia del submarino

A member of the U.S. Navy Undersea Rescue Command (URC) checks the deep diving rescue vehicle - the Pressurized Rescue Module (PRM) of the Submarine Rescue Diving and Recompression System (SRDRS) - to be installed on the Sophie Siem vessel, to support the Argentine government's search and rescue efforts for the missing Argentine submarine ARA San Juan, in Comodoro Rivadavia, Chubut, Argentina on November 25, 2017. 
The search for the San Juan "will continue day and night with help from 13 countries," navy spokesman Captain Enrique Balbi said late Friday. Hopes were boosted by the arrival later in the day of a giant Russian Antonov transport plane bringing an underwater robot that can scour the ocean at a depth of 1,000 meters (3,300 feet) below the surface.
 / AFP PHOTO / PABLO VILLAGRA
25 de noviembre, 2017 - 9:13 pm
Con información de AFP

El «tripulante 45» despidió a sus compañeros en Ushuaia sin saber que iba a ser, quizás, la última vez que los viera con vidaFoto: AFP

Argentina – Recibió un llamado urgente. Su madre estaba grave en Jujuy (norte de Argentina) y obtuvo permiso para abandonar el submarino en un puerto intermedio del viaje, Ushuaia. Al llegar a destino supo de la tragedia del «ARA San Juan». Se había salvado, su madre también.

A diez días de una búsqueda infructuosa de sus 44 compañeros en el fondo del Atlántico Sur, su historia aflora y eriza la piel.

«Es cierto que había un número 45, que inicialmente había embarcado en Mar del Plata pero desembarcó en Ushuaia por problemas personales de enfermedad de su madre», explicó este sábado el portavoz de la Armada Argentina, capitán de navío Enrique Balbi.

Lo hizo al ratificar que «no hay dudas que en la tripulación fueron 44», entre ellos una mujer, la primera submarinista de Sudamérica.

Milagro

El «tripulante 45» voló desde el extremo austral argentino a la provincia más al norte del país angustiado por su madre, hospitalizada de urgencia.

Despidió a sus compañeros en Ushuaia sin saber que iba a ser, quizás, la última vez que los viera con vida. Entre ellos ocho coprovincianos, según confirmó el gobierno de Jujuy.

Se presume que una explosión los hundió y los buscan naves de 13 países a 1.000 metros de profundidad.

Su historia había trascendido en la prensa local el viernes, que lo identificó como Humberto Vilte. La Armada no confirmó la identidad ni divulgó la nómina de tripulantes.

Hincha de River Plate, Vilte reside en Mar del Plata donde se encuentra la base naval, apostadero del «ARA San Juan» en el que estaba designado tras capacitase en la Escuela de Submarinos y Buceo.

«Hablé con él el primer día que salió su foto. Me dijo que había quedado en Ushuaia por un problema de salud que tenía un familiar. Que está bien físicamente pero estaba muy preocupado por sus compañeros y amigos», dijo su amiga Carolina al diario La Nación.

Vilte volvió de Jujuy con la tranquilidad de que su madre había superado su cuadro de salud y la angustia por la suerte de sus camaradas.

Regresó a Mar del Plata en un avión junto con familiares de los tripulantes jujeños desaparecidos donde supo de la noticia sobre la explosión que se cree sufrió el submarino.

En su cuenta de Facebook colocó un escudo de la Armada Argentina y un lazo de luto negro el jueves pasado, cuando la Armada confirmó que hubo una explosión y se quebraron las esperanzas.

Su muro en Facebook se llenó de condolencias por la suerte de sus compañeros y mensajes de alivio de sus amigos al saber que no estaba a bordo. Él aún no respondió ninguno.

Otros casos

Vilte no es el único al que el destino lo salvó de la tragedia.

La Armada confirmó también el caso de un teniente del área de Comunicaciones que, como Vilte, debió desembarcar en Ushuaia y fue reemplazado por otro oficial de la misma especialidad.

El teniente había recibido una misión urgente para viajar a Perú y por eso le ordenaron que abandonara el submarino a mitad de la travesía.

No trascendió su nombre ni tampoco el de su infortunado reemplazante.

También se conoció el caso de Adrián Rothlisberger, un oficial de 26 años que, designado para ese viaje del «ARA San Juan», nunca lo abordó al ser licenciado el mismo día de la partida para concretar la compra de su nueva casa.

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