Cuento

Teoría y práctica en Verancólico

P 8-9
19 de febrero, 2017 - 3:54 pm
Alejandro José Díaz Valero

Un cuento entretenido y divertido para nuestra audiencia por parte de Alejandro José Díaz Valero, contador público, escritor de cuentos infantiles

Ilustración: Herwin Godoy Briseño y Alfredo Aranguren

Maquetación: Jalice Navarro

Verancólico era un pueblo donde todos sus habitantes vivían melancólicos añorando la lluvia, ya que todo el año en ese pueblo era verano.

La ausencia de lluvia hacía que los niños de Verancólico no conocieran el arcoíris.

Helena era una niña muy tierna, tan tierna como el osito de peluche que le regaló su madrina cuando cumplió 6 años.

Ella vivía en un pueblo donde la lluvia y el arcoíris eran grandes amigos, por eso los disfrutaba cada ocasión que podía, mientras respiraba el verde frescor de los campos.

Helena y su familia tuvieron que mudarse a otro pueblo y ese pueblo no fue otro que Verancólico. Allá pudo conocer muchos niños y también sus melancolías. Ella llevaba consigo su alegría y también su osito de peluche.
«Yo quiero ver el arcoíris», le comentó Helena a sus nuevos amiguitos.

¿Arcoíris? ¿Qué es eso?

«Es un espectáculo colorido en el cielo que puede verse después de la lluvia».

¿Lluvia? ¿Qué es la lluvia?, volvieron a preguntar.

Helena vio de pronto la melancolía de todos los niños del pueblo y quiso ayudarlos a cambiar su estado de ánimo

«Vengan, vengan, ―les dijo muy animada―, les explicaré qué es un arcoíris.

«Cuando vean en el cielo unas franjas de colores muy hermosas, ese es el arcoíris».

¿Las franjas son verticales?, preguntaron los niños.

«No, respondió ella».

Ah, ¿son horizontales?, volvieron a preguntar.

«No, no, nada de eso, ―contestó Helena―, son siete franjas de colores en forma de arco, por eso se le llama arcoíris. Cuando caiga la lluvia en el pueblo podré mostrárselos para que lo conozcan. Es algo así»:

Y comenzó a dibujarlo en una blanca pared con sus pinceles y sus tarros de pintura.

Luego se marchó a su casa, y al llegar la noche como de costumbre, hizo su oración a Dios, pero esta vez le pidió algo muy especial.

«Señor, te doy gracias por todo lo que me has dado y por todo lo que aún me darás. Señor, haz feliz a todos los niños de Verancólico, derramando lluvia en el pueblo y dibujando el arcoíris en el cielo. Hoy les di mi clase teórica y solo espero que tú, mañana le des la clase práctica sobre esa hermosa obra de tu creación.

Confío en ti, Señor. Amén».

Y acto seguido se quedó dormida.

Al día siguiente Helena disfrutó junto a sus amigos el milagro de la lluvia y compartió con ellos la alegría de contemplar en el cielo el arcoíris, como una clase práctica que Dios les estaba dando a los niños del pueblo y que por ser un gran maestro les mostró el arcoíris más hermoso que ella jamás había visto.

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