La Fiscalía se opone a la «doctrina Da Costa» en el caso Berendique

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6 de julio, 2014 - 1:39 pm
Redacción Diario Qué Pasa


Foto: Archivo

Un recurso judicial del Ministerio Público, aceptado por el juez encargado del caso Berendique, subraya que los exfuncionarios participaron activamente o por omisión en el crimen.

La Fiscalía encargada de la investigación del denominado «caso Berendique» se ha opuesto a la «doctrina Da Costa», que permitiría que ocho de los 12 agentes acusados por el crimen de la hija del cónsul de Chile en Maracaibo, quienes no utilizaron sus armas reglamentarias en el procedimiento que condujo al asesinato, sean enjuiciados en libertad.

Las elevadas penas a las que pueden ser condenados o el simple riesgo de fuga han activado ese mecanismo judicial. La «doctrina Da Costa», que ha permitido que un comisario del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) permanezca detenido y juzgado en esa situación, frente a los otros siete que formaban la comisión que asesinó a  Bassil Da Costa el pasado 12 de febrero en Caracas, el primer día de las manifestaciones violentas que se prolongaron por tres meses más.

La «protesta», un recurso judicial del Ministerio Público aceptado por el juez encargado del caso Berendique, subraya que los 12 exagentes del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) participaron activamente o por omisión en el crimen.

Sin embargo, la «doctrina Da Costa» ha eludido esa responsabilidad penal. Solo uno de los ocho funcionarios policiales que intervinieron en la muerte de Bassil Da Costa permanece preso. El resto —siete entre militares y civiles— están en libertad. José Ramón Perdomo Camacho (42), comisario del Sebin y presunto autor del crimen, permanece detenido.

Bassil Da Costa falleció el pasado 12 de febrero en una supuesta «guarimba». Según la versión oficial, el joven fue asesinado durante una las reyertas que se produjeron en el centro de Caracas. En ese mismo enfrentamiento se produjeron otros cuatro heridos de bala.

Participación diversa

En este sentido, como ya adelantó QUÉ PASA, el grado de participación de los acusados en el caso de la hija del cónsul chileno fue diverso la noche del 16 de octubre en el barrio Teotiste de Gallegos, lugar donde se produjo el primer tiroteo.

Quienes no dispararon sus armas fueron el ex subcomisario Oswaldo Mendoza, el exinspector Jedumar Alfaro, los exsubinspectores Jesús Puerta, Engenlberth González, Osmel Galea y José Vega; el exdetective Julio José Sierra y el exagente Zallad Colmenares. Quienes sí accionaron sus armas fueron Gefferson Villalobos, Dinolkys Reyes, Fernando Urdaneta y Luis Bohórquez.

El último informe de la unidad criminalística del Ministerio Público que publicó en exclusiva QUÉ PASA, determinó que la bala que acabó con la vida de Karen Berendique fue disparada desde el arma que portaba el exagente de investigación del CICPC, Geferson Benito Villalobos. Los expertos concluyeron, después de realizar otras pruebas científicas, que el proyectil extraído de la nuca de la hija del diplomático chileno fue percutido desde una pistola marca Glock, modelo 17 y con el número de serial EAG-090, que era la que tenía asignada ese exfuncionario.

Los hermanos Karen y Fernando Berendique habían terminado de ver un programa de televisión. De repente el teléfono de su residencia sonó. Al otro lado de la línea, Fernando, el padre de ambos, empresario y cónsul de Chile en Maracaibo. Les comunicaba que no podía trasladar a la joven a la fiesta con sus amigos a la que tenía previsto asistir porque permanecía en una reunión. Su hijo Fernando la acompañaría.

Sin más, ambos subieron a la camioneta de marca Chevrolet, modelo Trail Blazer, de color plateada. El recorrido entre la vivienda de la familia Berendique, en Monte Bello y el lugar de la reunión de los jóvenes era relativamente corto, en las inmediaciones del colegio Alemán o el Rosmini. Fernando, ni tan siquiera se mudó de ropa. El short y la franela que llevaba antes de comenzar el traslado.

Tiros durante la charla

Karen y su hermano conversaban. La camioneta se desplazaba a una velocidad discreta, prudente. Nada presagiaba ningún altercado o incidente. Para acortar el recorrido, decidieron cruzar por el barrio Teotiste de Gallegos, concretamente por la venida ocho con la calle Nelsón Reyes. Aquí comenzó la pesadilla más dramática de sus vidas.

Al acceder a esa calle fueron literalmente asaltados o como señalan los fiscales del caso, «sorprendidos por la acción delictiva de unos ciudadanos» que portaban armas cortas. Al mismo tiempo, una camioneta Hilux, perteneciente al CICPC, aunque solo identificada por una calcomanía con las siglas de ese organismo policial. Ni luminosos azules y rojos o «cocteleras». Tampoco había conos o medios de advertencia de la actividad policial que presuntamente se estaba realizando allí. Solo unas calcomanías, previsiblemente, indetectables por la escasa iluminación y por la avería eléctrica que había en la calle en el vehículo oficial.

Fernando no lo pensó dos veces. Los sujetos armados no se identificaron como agentes de ese cuerpo policial. El hijo del cónsul solo veía pistolas y más pistolas. En décimas de segundo tomó una de las decisiones más importantes de su vida, tras creer que se trataba de un robo o de un secuestro. No lo pensó dos veces, colocó la palanca de su camioneta en posición de retroceso e inició la carrera más rápida y dramática de su vida.

«¿Qué es esto, qué está pasando?»

En esa marcha recorrió alrededor de 300 metros. Mientras conducía como podía, una lluvia de disparos se precipitaba inexorablemente sobre su hermana, sobre él mismo y sobre la camioneta. «¿Qué es esto, qué está pasando?», le decía a Karen. Fueron las únicas palabras que articuló mientras escuchaba los impactos de bala en el vehículo.

Uno de los proyectiles penetró en la camioneta a través del parabrisas. Esa misma bala impactó en el derecho meñique y se incrustó en la cabeza, casi a la altura de la nuca de Karen Berendique; concretamente en la región fronto parietal temporal izquierda.

Fernando continuó huyendo y «la acción delictiva de unos ciudadanos» prosiguió. Los disparos seguían azotando los oídos de Fernando y de Karen, quien ya estaba mortalmente herida. En total, el vehículo de la familia Berendique recibió ocho impactos de bala. Los proyectiles recorrieron y rebotaron por numerosas partes de su Chevrolet.

Los agentes, sin obedecer orden alguna del subcomisario Oswaldo Mendoza, jefe del operativo —prohibido expresamente por la dirección nacional del cuerpo y autorizado por los responsables de la subdelegación del CICPC en Maracaibo—, iniciaron la persecución de la camioneta de la familia Berendique. Los disparos también continuaron.

Sin embargo, desafortunadamente, la evasión se truncó fatalmente en las inmediaciones de la iglesia San Ramón No Nato. No obstante, pese a todo, en ese mismo lugar se escucharon tres disparos más. El último de ellos, según los testigos, el más estruendoso. Los agentes del CICPC que participaron en la persecución, al final, decidieron disparar a uno de los cauchos para detener esta carrera por la vida.

Karen Berendique ya había fallecido. A los cinco minutos llegó al lugar el resto de la comisión del CICPC. Mendoza y Fernando Berendique extrajeron el cuerpo de la hija del cónsul y decidieron trasladarla a un centro hospitalario.

Laberinto hospitalario

El jefe del dispositivo del CICPC también recordó ante el grupo disciplinario, como adelantó en exclusiva QUÉ PASA, que observó en el interior de la camioneta de la familia Berendique Betancourt «una muchacha con el rostro lleno de sangre» y relató el desafortunado traslado de la hija del cónsul a un centro hospitalario: «Me tocó trasladar a esa muchacha a la clínica más cercana, la Bahsas, ubicada en el 18 de Octubre, pero la misma estaba cerrada. Me oriento al Hospital Universitario, pero hay mucha cola en Cecilio Acosta por los puestos de comida. Me dirijo a D´Empaire en tiempo récord. Llegamos e ingresamos a la muchacha en esa clínica», donde falleció.

En el tiroteo que se produjo en la avenida ocho del barrio Teotiste de Gallegos, también resultó herido de un balazo en la pierna Darwin Jesús Media, un joven de 29 años de edad que se encontraba con su amigo Andrés Conde esa noche y conocido en la zona con el sobrenombre de «Boberto». Recuerda que tras escuchar «más de 30 disparos», literalmente lanzó a su amigo —invidente— al interior de la casa de comida. Nadie le hizo caso y se trasladó al hospital Adolfo Pons, donde fue atendido y «salí en unos 20 minutos».

A partir de esos hechos comenzó una auténtica carrera de obstáculos administrativos, penitenciarios y judiciales.

La más contundente fue la adoptada por el Consejo Disciplinario de la región occidental del CICPC. En abril de ese mismo año expulsó del organismo policial a todos los agentes que participaron en el operativo.

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