Ganadero sigue secuestrado en medio de la densa frontera

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21 de mayo, 2016 - 3:13 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Familiares de Barboza mantienen total hermetismo sobre su secuestro

Foto: Edwin Urdaneta

El ganadero Fernando Javier Barboza Fuenmayor, de 37 años, es el primer secuestrado de 2016. Hoy cumple un mes y 15 días en manos de sus captores

Sur del Lago — La de-sesperación se apodera cada día más de los miembros de la familia Barboza, toda vez que aún se desconoce el paradero del ganadero Fernando Javier Barboza Fuenmayor, de 37 años, que el miércoles 6 de abril, fue plagiado a mano armada, delante de sus trabajadores en la finca 5 de Julio, en el sector Las Garcitas, municipio Catatumbo.

En la densa espesura de la frontera con Colombia estaría el joven sobrino del diputado de la Mesa de la Unidad Democrática, Omar Barboza, que también tiene familia con amplias fincas y sobrante ganado, en varias subregiones productivas de la región. Ese sería el atractivo para sus captores.

Peor aún, no saber si está en manos de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), hace más cuesta arriba que los familiares concilien el sueño. Se dice de manera extraoficial que el círculo más íntimo de la víctima, ha recibido señales de vida, pero que, por motivos de seguridad del plagiado, no pueden revelar bajo ninguna circunstancia.

Si hay negociación o no, lo más imperante es que el primer secuestrado a la fuerza hace un mes y 15 días —hoy— suscitado en Zulia, aparezca. Sea con un pago en bolívares o dólares, para los organismos de seguridad, que tampoco descansan por disminuir esa cifra roja propia de la criminalidad campante, es una necesidad preocupante para tranquilizar al Estado, familiares y la colectividad toda. Es sin menoscabo el secuestro que mayor ha transcurrido en el hermetismo, quizá por la proximidad política de Omar Barboza, quien dio discursos de apertura en sesiones de la Asamblea Nacional.

Un ambiente convulso, de tranquilidad intimidatoria, pero que no deja de alertar los vestigios de una subregión bordeada de bandas criminales al margen de las leyes y que a toda costa vulneran la libre actividad productiva, es la que se percibe en el día a día de los finqueros del Sur del Lago de Maracaibo.

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