Un inmenso dolor viven parientes de Esdrúbal por su asesinato

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15 de enero, 2015 - 3:14 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Su cuerpo fue velado en su casa. Sus parientes aún no salen de su incredulidad por lo terrible de su partida, y es que la muerte de Esdrúbal Alejandro Villanueva, lo describieron como alguien extrovertido, alegre y bondadoso, feliz por el nacimiento de su sobrino y lleno de vida. Escenas de un desgarrador dolor se vivieron en su residencia, ubicada en la urbanización San Felipe, en San Francisco, donde su desconsolada madre, Emelina Guerra, no cesaba de repetir que se había desvanecido una parte de su ser. Los organismos de seguridad indagan todas las pistas que puedan dar con el paradero de los asesinos de Esdrúbal.

Los parientes no salen de su estupor; el dolor y la incredulidad rodean el hogar familiar mientras esperan tener justicia.

San Francisco — No existen palabras para describir el inmenso dolor que atraviesa la familia Villanueva Guerra, tras la pérdida del joven Esdrúbal Alejandro (25), asesinado vilmente para arrebatarle su celular la noche del pasado lunes en la calle 72.

Su madre, Emelina Guerra, desconsolada y buscando respuestas ante el hecho que le quitó la vida a su único hijo varón, no sabe cómo será su existencia de ahora en adelante. Entre llantos y reproches dice habérsele desvanecido una parte de su ser.

Ayer, familiares y amigos sentados frente al féretro no dejaban de sorprenderse de cómo un muchacho sano, talentoso, alegre y bondadoso partiera a tan temprana edad.

Sus allegados lo describieron como un joven extrovertido, dicharachero, trabajador y con muchas ganas de comerse el mundo. Entre sus hobbies estaba la música y viajar. Era el alma de las fiestas y últimamente estaba asistiendo a una iglesia cristiana.

No dejó hijos, pero tenía planes de formar una familia con su novia con quien mantenía una relación de cuatro años aproximadamente. Trabajaba en Asotraficc, empresa que le presta servicio a PDVSA y también hacía viajes particulares a otras zonas del país.

Cabe destacar que estos hechos parecen estar haciéndose recurrentes en las zonas de alto tráfico al norte de Maracaibo, sobre todo en locales de comida, tascas y centros recreativos.

«Maracaibo es una zona roja. Esdrúbal y su familia fueron a ese sitio creyendo que estarían seguros y fue todo lo contrario», dijo una amiga del joven.

La noche del lunes la víctima bajó del restaurante con un primo en busca de su celular y un vaso térmico en su carro marca Orinoco, estacionado frente a la farmacia Saas, casi en frente del local de comida y allí sin ningún temor los delincuentes los sometieron y les exigieron el celular y las llaves, este en su impotencia lanzó las llaves del vehículo y se negó a entregar el aparato telefónico no sin antes intentar neutralizar al hampón con un golpe, pero el delincuente reaccionó disparándole en el brazo, herida que le afectó el estómago y le obstruyó varios órganos vitales hasta ocasionarle la muerte en el Hospital Universitario de Maracaibo.

A su primo alcanzaron a llevársele la billetera. El muchacho, mayor que Esdrúbal, se quedó quieto ante el acto delictivo y aún no sale de la crisis nerviosa de haber visto cómo le mataron a su familiar.

Festejo teñido de sangre

Esdrúbal estaba muy contento por el nacimiento de su sobrino; además de la llegada de dos de sus hermanos paternos que llegaron el mismo lunes de Canadá, al igual que su padre Édgar Villanueva, quien vive en Houston pero estaba desde diciembre en Maracaibo para pasarlo con sus hijos a quienes tenía cinco años sin ver.

Otras versiones

Una tía del infortunado comentó que, al parecer, los dos hampones estaban en el local donde Esdrúbal compartía con su familia y estos fueron advertidos por unos posibles compinches que laboran en el lugar, quienes presuntamente se encargan de dar «datos» de  posibles presas para cometer los robos. Los antisociales siguieron a sus víctimas y otro vehículo los estaría esperando en el lugar del suceso. Sin embargo, esta versión no pudo ser confirmada.

Hoy, antes de ser sepultado, le rendirán un homenaje póstumo en el sector  San Felipe donde residía con su madre.

La progenitora del joven llora sin cesar en el ataúd

Fotos:  Carmen Salazar

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