El «animal al volante sigue prófugo»

Niño atropellado en Maracaibo fue despedido con dolor

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23 de febrero, 2017 - 10:02 am
Mayerlin Barboza / [email protected]

El niño residía con su padre, en la calle 159A del sector, allí sucedió el hecho. Él fue a visitarlo, ya que desde hace 10 días se fue a pasar un tiempo con su madre en la calle 159B del mismo barrio

Foto: Haroldo Manzanilla

San Francisco — El reloj marcó las 11:00 de la mañana y la puerta de una casa sin número de la calle 159B, sector II, barrio Limpia Norte, permanecía cerrada.

Dentro de la vivienda, un féretro pequeño, blanco y rodeado de flores, reposaba en el medio de la humilde sala. En su interior, el cuerpo sin vida del pequeño de 3 años, quien perdió la vida ante la imprudencia de un «animal al volante».

En el lugar, nadie lloraba, nadie hablaba, las únicas palabras que todos los repetían, era que la puerta no podía abrirse, porque Carmen Quintero, madre del menor, exigió que nadie viese el cuerpo de su hijo antes de que ella llegara, para vestirlo con su «ropita preferida».

Luego de transcurrir 30 minutos, Antonia Quintero, hermana de Carmen, entreabrió la puerta de la casa y fue ese, el momento que marcó el inició del drama en el lugar. Vecinos, primos, amiguitos y demás allegados, se acercaron hasta el ataúd y lloraron desconsoladamente, vociferando que habían perdido al «Principito».

Desgarrador

Con una mirada perdida, Jeanmanuel Rivero, padre del menor, comentó que su hijo, estaba próximo a iniciar la guardería. Lo describió como un niño entusiasta, juguetón y respetuoso, a pesar de su corta edad.

Nada distinto al sentimiento de Jeanmanuel, era el que notablemente tenía la abuela materna del pequeño, con lágrimas en sus ojos, se acercó hasta el féretro y lo abrazó. La sexagenaria estaba rodeada de niños, los mismos que miraban con melancolía el ataúd.

Durante la visita del equipo reporteril de este rotativo, la madre del bebé no hizo acto de presencia, pues cumplía con el papeleo de ley, necesario para efectuar el sepulcro. En representación de ella, estaba Antonia, quien al describir al «Principito» rompió en llanto, diciendo que el conductor del vehículo homicida, le arrebató a las familias Rivero y Quintero, «la ilusión de ver crecer a su sobrino», y «la alegría» que inspiraba el niño. Pidió a Dios que hiciera justicia , para que el culpable del crimen pague por lo sucedido y caiga en cuenta, en que «no asesinó a un perro sino a un ángel».

En contexto

El pequeño salió de casa de su padre con la ilusión de comprar un «durofrío», aprovechó el descuido de su madre, quien lo perdió de vista cuando se disponía a colocar en la cuna a su tercera hija recién nacida.

Las características del automóvil que lo arrolló, son desconocidas, varias versiones se rumoran en el barrio.

Mientras algunos residentes de la zona aseguran que el vehículo era un Mitsubichi Signo, color rojo, otros aseguran que fue una camioneta negra, identificada con un emblema de Polisur.
Otra de las versiones, es que el culpable reside en el mismo barrio, y es por eso que los testigos se niegan a delatarlo.

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Vecinos y familiares colmaron el lugar

 

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