Expertos en el tema siguen opinando sobre los casos de feminicidios de menores de edad

Niñas violadas y asesinadas casos que debemos evitar (II)

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10 de agosto, 2016 - 11:03 am
Wilson Alvarado / [email protected]

En las zonas populares se han registrado los lamentables casos. La costumbre y el estilo de vida implantado es una de las causas que conllevan a las violaciones de los menores

Fotos: Wilmer Cubillán

Maracaibo — Los casos de feminicidios que se han registrado en la región, sin duda alguna, es el tema de que se vocifera en los hogares zulianos, y por qué no en el resto del país que han sentido el dolor por estos lamentables hechos que han apagado la vida de dos adolescentes con sueños e ilusiones.

¿Quiénes son los aberrados que cometen estos hechos? ¿Por qué tienen fácil acceso a las viviendas de las víctimas? ¿Por qué las adolescentes que han muerto estaban solas en sus casas?

Estas y muchas más son las interrogantes que navegan en el consciente y subconsciente de la colectividad, mientras las madres de las menores sienten el dolor desgarrador hasta en los tuétanos.

En una primera entrega los expertos coincidieron que la falta de valores, el mediocontrol por no decir la nulanidad de los padres, y un aumento en los castigos penales para los abusadores son unos de los indicativos que conlleva a que existan estas brutalidades.

QUÉ PASA les ofrece una segunda entrega donde se dará a conocer y se responderán a través de la opinión de los expertos todas esas inquietudes del porqué ocurren estas desgracias.

Zonas populares

Calles polvorientas, ranchos de latas, niños solos jugando en las calles, mientras sus madres trabajan o conversan con las «comadres» (vecinas) han sido los sectores donde han quedado los gritos de dolor, los forcejeos en el aire oscuro de defensa, y los rastros de sangre de las víctimas regados en sus hogares.

Es allí, en los barrios, en las zonas pupulares donde ocurren mayormente estos hechos. Los motivos son muchos y los expertos coinciden en su opinión que aclarará las interrogantes de nuestros lectores.

Flor Durán, trabajadora social, con experiencia en el área carcelaria y de reinserción criminal, manifiesta que los casos que ha vivido de cerca se han quedado impregnado en los barrios zulianos.

Para ella, estas viles actuaciones se llevan a cabo por el desarrollo cultural y vecinal que se implementan en esas zonas.

Allí las rutinas de enviar a los niños a las tiendas solos, a pedirle algo a la vecina o dejarlos al cuido de ellas (su segunda familia) es una probabilidad certera para que sufran una violación.

«Los aberrados estudian los movimientos de los menores. La mayoría de los abusadores han estado cerca de ellos, han conversado y hasta saludos de amistad han tenido», explica.

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Mayerlis Sierra (14)

Con esta afirmación se corrobora lo que Mayerlis Sierra Molina, de 14 años, quien fue violada y asesinada por dos vecinos, le comentaba a su madre. Su verdugo la desnudaba con los ojos cada vez que la veía caminar sola por las calles del barrio Villa Margarita, hasta que logró su cometido: violarla y asesinarla.

Otro hecho similar ocurrió con la inocente Arianni Navas Rojas, de 13 años, quien fue violada y asesinada por su expadrasto, quien convivió durante años con su madre. El hecho se consumó el 7 de agosto en la Costa Oriental del Lago.

Otra causa

Asimismo, Miguel Ángel Campos, sociólogo y profesor de LUZ, asegura que la confianza que ponen los padres en dejar a sus hijos con los vecinos es un error.

Según su experiencia, hay muchos adultos que fueron violados en su niñez y que buscan hacerle sentir lo que sufrieron a otros, y que más que a los niños, quienes son presas fáciles que no pueden defenderse de la fuerza bruta.

«Los que son abusados en la mayoría de los casos no denuncian por temor a que la sociedad los señale (…) este tema se ha convertido en tabú para la sociedad, y por eso las cifras de violaciones no están registradas.

Debido a este factor del reproche social y el señalamiento los que padecieron algún abuso tanto verbal como sexual no recibieron ayuda psicológica por lo que están propensos a convertirse en unos pedófilos en potencia.

El criminólogo, Daniel Iturriza, coincide con lo expuesto por el profesor Campos y sustenta este tema con otros datos que engloban la acción de los deseos morbosos de los actuantes.

Para él, si es cierto que la cifra de niños y niñas violadas superan a las registradas en los organismos de seguridad.

Según su postura y coincidiendo con Campos muchos violados no denuncian por la burla o el señalamiento de otros. Además, enfatiza que una de las causas por la cual no se atreven a denunciar es que los organismos de seguridad, en su mayoría están liderizados por hombre y no por la presencia de las femeninas.

«Es difícil que una niña violada por un hombre cuente lo que vivió y sufrió a otra persona del mismo género agresor», sentencia.

También manifiesta que se da el factor que las niñas no cuentan lo que les pasa en las calles por temor al reproche de sus padres: ¡No te vistas así para que no provoques! ¡Yo te lo dije!, son los reproche que cohiben al infante.

Esperemos que con estos aportes de los expertos la sociedad comience a tener conciencia en el tema para poder proteger a los pequeños de la casa.

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