Niña de 4 años se asfixió al meter su cabeza en una ventana

asfixió
4 de junio, 2017 - 9:40 am
Mayerlin Barboza / [email protected]

Nadie la vio cuando lo hizo, al parecer la hallaron horas después, Quería jugar con sus vecinos, los llamó y como no respondieron metió la cabeza y luego no la pudo sacar. La llevaron a un hospital, pero llegó muerta

Foto: Mayerlin Barboza 

Maracaibo — La inocencia y ansias de divertirse acabaron con su vida. Una menor de tan solo 4 años perdió la vida, la mañana del viernes, tras resultar asfixiada luego de que introdujera su pequeña cabecita entre las rejillas de una ventana.

El lamentable hecho ocurrió en una casa sin número, del sector 1, barrio La Lechuga, parroquia Francisco Eugenio Bustamante.

Según declaraciones de la madre, identificada como Carmen González, la menor, a quien se le protege la identidad, pidió permiso para ir a jugar a casa de su vecina, ubicada a una cuadra de la suya. Al parecer y pese a la corta edad de la menor, la mujer accedió y le dio permiso ya que, según ella, su hija acostumbraba a ir a esa vivienda.

La niña salió y con toda la alegría que la caracterizaba, exclamó ¡mami ahorita vengo!, despidiéndose y moviendo sus manitos.

Quiso jugar y halló la muerte

La inocente tocó la puerta de su vecina a fin de que los hijos de ésta, uno de 1 año y otro de 6 meses de nacido, salieran para juguetear un rato con ellos, pero en vista de que nadie le respondía, metió su cabeza por la ventana para hacerse sentir y luego no la pudo sacar.

Esa residencia estaba sola, nadie pudo socorrerla. Se desconoce si la menor gritó, pidió ayuda en el tiempo que pasó con la cabeza ahí dentro.

Una vez que la dueña de la casa llegó, halló la dantesca escena, los pies de la niña colgaban de la ventana para afuera y del lado dentro su rostro morado.

De inmediato corrió y avisó a los familiares de la víctima, quienes de inmediato llamaron al padre de la niña y éste la trasladó al Hospital Materno de Cuatricentenario, pero allí ingresó sin signos vitales.

González lamentó lo ocurrido y describió a su hija como una niña alegre, sincera, hiperactiva, bondadosa y «bastante madura para su edad».

En el mes de septiembre iniciaría en educación preescolar, en un colegio cercano a su casa. Era la penúltima de siete hermanos.

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