Matan a joven de dos disparos

qpplaceholder
11 de agosto, 2015 - 1:45 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Fotos: Miguel Romero

Carlos Javier Molero González, de 20 años de edad, fue sorprendido la noche del domingo por dos antisociales que le propinaron un disparo en el hígado y otro en la cabeza. El hecho de sangre ocurrió a pocos metros de la casa de la víctima, en el barrio El Níspero, parroquia Antonio Borjas Romero Tras escuchar las fuertes detonaciones los hermanos del joven lo trasladaron al ambulatorio de Las Plateras, donde ingresó sin signos vitales. Familiares manifestaron que el victimario es un menor de edad. Molero se dedicaba al comercio de ropa. Dejó una hija

Maracaibo
— A las 10:00 de la noche de este domingo la sangre corrió por el barrio El Níspero, parroquia Antonio Borjas Romero, en Maracaibo. Un muchacho de 20 años resultó víctima del hampa organizada, cuando se encontraba a segundos de llegar a su residencia.

El infortunado, identificado por familiares como Carlos Javier Molero González, fue sorprendido llegando a su casa por dos antisociales, quienes le propinaron un disparo en el hígado con una escopeta, y otro en la cabeza con un revólver, presumiblemente, de 9 milímetros, para ultimarlo en el pavimento.

Allegados a la escena revelaron que el muchacho ya herido intentó escapar de sus verdugos, quienes no dieron tregua. Tras escuchar las fuertes detonaciones los hermanos de Molero salieron a su encuentro, en intentos por salvarlo lo  trasladaron al ambulatorio  de Las Plateras, donde ingresó sin signos vitales.

A las afueras de la morgue de la Universidad del Zulia, donde yacía el cadáver para la necropsia correspondiente, familiares del occiso lamentaban que al menor de los 9 hermanos le fuera arrebatada la vida tan cruelmente.

«En este país no hay leyes. Lo más frega’o es que lo mató un tripón», denunció una hermana, en cuyo rostro se apreciaba la impotencia, al ver que de Carlos Javier sólo quedaron recuerdos, fotografías y la responsabilidad de la crianza de una menor de edad, hija del infortunado.

Molero se dedicaba al comercio, específicamente a la venta de ropa, negocio que  mantenía con ayuda de la madre de la niña.

La víctima estaba al cuido de una propiedad familiar. Ninguna pertenencia le fue arrebatada durante el ataque.

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