Un cortocircuito originó el incendio que se propagó en la vivienda donde dormía la menor

Horror: Bebé de 23 meses murió al ser devorada por las llamas

14 A - W ALVARADO
9 de diciembre, 2016 - 8:36 am
Wilson Alvarado / [email protected]

Los padres de la criatura acudieron ayer a la morgue para retirar el cuerpecito

Foto: Wilson Alvarado

La Cañada — Lamentable. La corta vida de una menor de tan solo 23 meses de nacida se paralizó el miércoles a las 7:30 de la noche, cuando un incendio originado por un cortocircuito, el cual se propagó al explotar una bombona de gas, consumió la totalidad del cuerpecito de la criatura.

La pequeña se encontraba sola dentro de su vivienda, ubicada en los terrenos de la playa La Limita, sector Potrerito, mientras su madre, Iris Dayana González (21), compraba un paquete de harina en la tienda del sector pesquero.

No habían transcurridos 15 minutos en dejar a la pequeña sola, cuando un fuerte estruendo alarmó a Iris, quien al escuchar la explosión corrió desesperada entre las calles polvorientas del sector a ver qué sucedía.

Al llegar a su humilde vivienda, construida con zinc, palos, alambres y retazos de tela, una escena escalofriante paralizó su andar: Unas llamas que no cesaban consumían el rancho y al mismo tiempo el cuerpo de la menor, quien quedó atrapada en las voraces llamas que no daban tregua.

Intento fallido
Johanny Guerrero, abuela de la criatura, manifestó en las afueras de la medicatura forense de LUZ «que el vigilante de la playa, junto a los vecinos de la zona intentaron auxiliar a la bebé, pero no pudieron aplacar los metros de altura que alcanzó el fuego».

Pasados unos treinta minutos de lo acontecido, bomberos de la localidad acudieron al sitio, aplacaron el fuego y sacaron el cuerpecito de la infante carbonizado y envuelto con una sábana. La escena fue desgarradora para el padre de la menor identificado como Andrés González, quien se enteró de lo acontecido en medio del Lago de Maracaibo, donde realizaba su faena como pescador.

Allí, los gritos y el llanto paralizaban a los transeúntes de la zona, quienes se estremecían al avistar el dolor latente de los dolidos padres, quienes se abrazaban y pedían consuelo a Dios por la inesperada pérdida.

Una cobija de color azul era acariciada por Iris como señal de amor y extrañeza que le causaba no tener a su pequeña en brazos. La infante era la menor de dos hermanos. En enero le festejarían su cumpleaños número dos.

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