¿Pichados? Delincuentes: «Dame el celular, yo sé que lo tenéis allí»

Atracadores como pez en el agua en los alrededores de las universidades marabinas

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3 de febrero, 2017 - 9:22 am
Haroldo Manzanilla / [email protected]

Los delincuentes llegan en moto y despojan de sus pertenencias a los estudiantes, profesores y personal administrativo de las casas de estudio. Otros cometen sus fechorías desde el interior de un carro contra los transeúntes

Fotos: Referenciales

Diseño: Fabiola Ramírez

Maracaibo — La inseguridad como siempre de protagonista. Se trata en esta oportunidad de los sinfines de atracos que se perpetran casi todos los días en las afueras y alrededores de las universidades privadas del municipio Maracaibo.

Los estudiantes, profesores y empleados que hacen vida en las casas de estudio, viven en zozobra, pensando que en cualquier momento pueden ser víctimas del hampa, que tienen que desprenderse, bajo amenaza de muerte de sus verdugos, de lo que le han costado mucho esfuerzo conseguir, debido a la actual crisis económica que atraviesa el país.

No solo los asiduos de las alma máter sufren los desmanes de la inseguridad, los vecinos también tienen que cargar con el tormento del hampa que azota a las zonas universitarias.

Aunque no se sabe el número exacto de los robos que se registran en las inmediaciones de las universidades: Católica Cecilio Acosta (Unica), Rafael Belloso Chacín (Urbe), José Gregorio Hernández y la Rafael Urdaneta (URU), los transeúntes expresan que «a cada rato se escucha por el sector que atracaron a alguien».

Los objetos de valor, más demandados por los antisociales son los teléfonos celulares. Al momento de interceptar a su presa, de una vez le dicen «dame el teléfono, yo sé que lo tenéis allí, dámelo o te pego un tiro». Este tipo de situaciones se dan cuando el infortunado ya fue «dateado» ante los malhechores, es decir, alguien les pasó la información de que lleva en su poder un celular caro.

Algunas personas que hacen vida en la universidad y en sus alrededores, y quienes prefieren resguardar su identidad, aseguran que algunos alumnos y trabajadores «pichan» a las víctimas para que sean robadas.

Sin embargo, la forma más común de actuar de los delincuentes es ir a bordo de una motocicleta, interceptar a la víctima y obligarla a que le entreguen el morral, bolso o cartera.

En ese sentido, este rotativo decidió visitar las universidades para conocer las impresiones de las personas que la frecuentan.

Unica

En esta casa de estudios QUÉ PASA consultó directamente al jefe de seguridad, Nicolás Tenerelli, quien aclaró en primera instancia que los robos se cometen fuera de la institución.

Tenerelli precisó que la universidad le pidió la colaboración al Cuerpo de Policía Bolivariana del Estado Zulia (CPBEZ), para que constantemente realicen patrullajes por la zona, con el fin de garantizarles la seguridad a los estudiantes, profesores y trabajadores de la institución.

El vocero indicó que posiblemente algunos alumnos estén implicados en la suministración de datos a los malandros, pero sentenció que no podía emitir ningún tipo de juicio sin tener pruebas al respecto.

Este equipo reporteril abordó algunos estudiantes en las afueras de la Unica y les preguntó sobre la inseguridad allí.

Un joven identificado como Jorge Ramírez expresó que a cada rato escucha que algún compañero fue atracado. «Siempre es lo mismo, que atracaron a una chama, que le jalaron el bolso a fulano, etc», manifestó.

A la vez, Verónica González, estudiante de la misma institución, comentó que salir de la universidad es una pesadilla puesto que lo que más abunda son las motos.

«Cada vez que oigo una moto sonar «voy y vengo». Me da de todo en el estómago y le pido a Dios que me proteja. Por mí que se lleven todo, pero que no me hagan nada», manifestó la fémina.

Cabe destacar que las personas que salen a pie de la Unica, para tomar el transporte público, deben transitar por las calles solitarias que se encuentran frente a la institución hasta el corredor vial Cecilio Acosta, mejor conocido como la «Calle de las Loterías» o en su defecto hacia la Circunvalación N° 2. Dicho trayecto, de más o menos 10 minutos, se hace angustioso para ellos ya que piensan que en cualquier momento lo «choros» los pueden sorprender para robarlos.

UJGH

Las periferias de la UJGH son la amargura de los que hacen vida en esta casa de estudios, debido a que los malandros también los visitan a cada rato. Los mayores perjudicados por este daño social son los alumnos. Muchos de ellos, luego de salir de clases en la noche, deben dirigirse a pie hasta la avenida Libertador para tomar un transporte público que los traslade a sus casas.

El camino al centro es largo y peligroso, en medio de la oscuridad no se sabe lo que se pueda presentar, huelepegas salen de la nada para martillar o robar a sus carnadas.

Pero el peligro asecha con mayor demanda debajo del elevado de Delicias, ubicado frente a la universidad. Según versión de los estudiantes, allí roban a cada rato.

María Fernanda Ollarves no perdió la oportunidad para expresarse por este medio y señaló que los motorizados llegan y arrasan con los teléfonos de todos aquellos que se sientan en la acera y jardineras de las inmediaciones, huyendo velozmente. Unos cuatro teléfonos son robados a diario.
Meses atrás la UJGH prestaba servicios de seguridad a los estudiantes en los alrededores de las tres sedes; una patrulla privada hacía constantes recorridos por el lugar pero, según los estudiantes, eso no se siguió haciendo.

Los domingo es el peor día pues la soledad del sector ayuda a que ni profesores ni estudiantes se salven de los malandros.

Urbe

Una de las prácticas más relevantes, utilizadas por los delincuentes, en las afueras de la Urbe para robarle las pertenencias a los transeúntes, es abordarlos desde un vehículo en circulación, y con pistola en mano, los tripulantes de la unidad someten a sus víctimas.

Pero los malandros en motos no se hacen esperar en las cercanías de esta universidad. Al menos tres teléfonos son robados allí a diario.
Uno de los métodos utilizados por los hampones es darle el típico abrazo a su víctima y en voz baja, casi que susurrándole al oído, decirle «no vais a gritar, dame el teléfono».

María Fernanda Mujica, estudiante de la Urbe, comentó: «Me da pavor caminar por las inmediaciones de la universidad».
Agregó que «los estudiantes tienen que salir y tomar transporte público inmediatamente porque corren el riesgo de ser atracados».

URU

Aunque la sede de Polimaracaibo está cerca de la URU, en la Vereda del Lago, sus estudiantes no se quedan por fuera de los robos. Los malandros se meten al parque y hacen esguazo con todo aquel que esté «alumbrando» con el celular en la mano.

Carlos Queipo, alumno de URU, comentó a este rotativo que en una oportunidad fue robado en la entrada de la Vereda del Lago, cuando salió de la universidad para tomar el transporte público.

«Llegué a la parada para tomar Uni 6 y me llegaron dos tipos en una moto y me dijeron que les diera el teléfono y la cartera», apuntó Queipo.

Destacó que sus compañeros de aula le cuentan a cada rato la pesadilla que se vive en la paradas de autobuses, que están frente al referido parque.
La inseguridad parece que hoy en día se ha vuelto ordinaria, a los venezolanos ya no les sorprende nada con respecto al tema del robo y hurto. Los habitantes han tenido que hacer cosas muy denigrantes como introducirse el teléfono en su partes genitales para evitar ser robados, pero los malandros ya conocen la técnica y sin importarles nada meten mano para ubicar su propósito.

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