Murió el médico de la esperanza

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13 de mayo, 2014 - 11:56 am
Redacción Diario Qué Pasa

 

Foto: Agencias

Jacinto Convit murió ayer, a los 100 años de edad, en la capital del país. «Somos médicos para cumplir una misión, no para crear dinero con el dolor ajeno», fue una de sus consignas

«La muerte es algo que uno tiene que aceptar. Nadie se salva de morir, es decir, la muerte no es discutible. Ahora, lo que hay que hacer es aprovechar el tiempo y hacer las cosas lo mejor posible. Tratar de favorecer a la gente lo más que se pueda. Por eso pasé de mi trabajo en lepra y leishmaniasis al cáncer». Esta frase resume el espíritu del médico y científico venezolano Jacinto Convit, quien ayer en la mañana dejó de vivir en este plano terrenal, luego de vivir un siglo entero del cual dedicó tres cuartas partes de su existencia a sanar a los enfermos.

Jacinto Convit García nació el 11 de septiembre de 1913, en la caraqueña parroquia La Pastora. Fue uno de los cuatro hijos de Francisco Convit y Martí, un español de origen catalán nacionalizado en Venezuela, y de madre venezolana cuyo nombre fue Flora García Marrero. Se trataba de una familia consolidada, si se quiere, pudiente y de consagrados valores.

En La Pastora de principios del siglo XX, Jacinto fue un niño más. Confesó en una entrevista que sus juegos favoritos eran el trompo de madera y la perinola. Quienes más influyeron en su vida fueron sus padres, extremadamente dedicados al hogar, y su tía «Teté», Enriqueta Callejas, quien vivía con la familia y de quien Convit expresó melancólico que «era un ser de esos que forman parte de la historia que pasó y no se volverá a repetir». Creció en un ambiente cálido y conservador, cuya familia era asidua a acudir a la misa los domingos.

Los estudios

Jacinto Convit cursó sus estudios de bachillerato en el liceo Andrés Bello, donde se destacó como alumno del profesor Rómulo Gallegos en la cátedra de Filosofía y Matemáticas. «Qué buenos recuerdos, un profesor ejemplar de talento visionario», señaló Convit en su momento.

El interés por la medicina despertó durante sus estudios de secundaria. Jacinto logró inscribirse en la Universidad Central de Venezuela (UCV) un 19 de septiembre de 1932, cuando recién cumplió los 19 años. Seis años después obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas, sin embargo, desde siempre sus calificaciones le hicieron merecer menciones honoríficas en asignaturas como Física, Anatomía Humana, Anatomía Descriptiva y Topográfica, Clínica Médica y Clínica Quirúrgica, entre otras.

Era un hombre de contextura gruesa y rasgos atractivos que, en 1937, cautivó la mirada de una enfermera llamada Rafaela Martota D′Onofrio, quien flechó su corazón por siempre y para siempre. «Mi abuela, era una joven muy bonita. Con una silueta bien formada y un pelo negro muy cuidado. Ella le regaló una foto cuando él se internó en la leprosería para que siempre, a pesar de la distancia, recordara lo linda que era», relató su nieta, Ana Federica Convit, a quien con cariño todos llaman «Kika».

Siendo estudiante de medicina, Convit hizo una visita a la Leprosería de Cabo Blanco y quedó impresionado. «Fue una visión profundamente dolorosa. Era un grupo muy grande de pacientes. No tenían tratamiento y estaban execrados, rechazados por una sociedad profundamente egoísta, incapaz de entender el dolor humano. Entonces, en esa oportunidad sentí un gran deseo de trabajar con esa gente, de ver qué se podía hacer por ellos y me decidí a trabajar en los aspectos médicos de esa enfermedad», describió Convit en una entrevista que le realizó el escritor Leonardo Padrón.

El tiempo no transcurrió en vano para el ya médico venezolano, pues en 1971 es nombrado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) director del Centro Cooperativo para el Estudio Histológico y Clasificación de la Lepra, dirección que continuó desempeñando hasta su muerte.

En 1968 fue nombrado presidente de la Asociación Internacional de la Lepra y reelecto en 1973, también fue designado presidente de la International Journal of Leprosy Corporation. Mientras que en 1976 fue electo director del Centro Panamericano de Investigación y Adiestramiento en Lepra y Enfermedades Tropicales.

Posterior al descubrimiento de la vacuna contra la lepra, Jacinto Convit, quien jamás ejerció la medicina privada porque la consideraba contraria a su carácter, se dedicó a atacar la leishmaniasis, enfermedad zoonótica cuyas manifestaciones clínicas van desde úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente, hasta formas fatales con inflamación severa de hígado y bazo.

Aportes a la ciencia

Una de las contribuciones de Convit que le dio más relieve internacional fue el desarrollo de un modelo de vacunación contra la lepra. Demostró por primera vez que una mezcla de mycobacterium leprae con BCG producía una lisis total del agente de la lepra, cuando era inyectado en pacientes lepromatosos.

En los últimos años Convit y su grupo de colaboradores había centrado su interés en el uso a gran escala de la vacuna desarrollada, no solo para la inmunoterapia de los enfermos lepromatosos y Borderline, sino para la inmunoprofilaxis de los contactos con pacientes lepromatosos.

Sus resultados de las experiencias con la vacuna han sido presentados en más de veinte trabajos. Con igual orientación metodológica desarrolló la lucha contra la leishmaniasis

Espíritu inquebrantable, cuerpo finito

En mayo de 2011, Jacinto Convit fue sometido a una cirugía a estómago abierto por una úlcera perforada. Una intervención riesgosa para una persona de cualquier edad, pero a la semana el doctor estaba en su casa.

Sin embargo, un mes después recibió un golpe mucho mayor: Rafaela, su compañera de toda la vida, falleció a los 90 años producto de un enfisema pulmonar, causándole a Jacinto una gran tristeza, según comentaron quienes estuvieron a su lado en ese terrible momento.

Actualmente, Jacinto Convit permanecía, desde su apartamento, firmando los documentos del instituto y reuniéndose con los investigadores para conocer los avances de los trabajos que seguían enfocados en encontrar la cura de enfermedades mortales, una de ellas calificadas por él como «la enfermedad maldita»: el cáncer.

Fue ayer cuando la muerte tocó a su puerta, según lo confirmaron fuentes vinculadas al Instituto de Biomedicina del Hospital Vargas. Esta lamentable noticia ha sorprendido al gremio de la medicina y al mundo entero.

«Nunca dejó de trabajar». Así de simple lo resumen sus compañeros, amigos y colaboradores.

Los actos velatorios y funerarios serán realizados en el Cementerio del Este de Caracas a partir de las 2:30 de la tarde de hoy.

Baterías contra el cáncer

El espíritu inagotable que llevó a cuesta el cuerpo de Jacinto, quien nunca saboreó una calada de cigarrillo ni tomó una copa de alcohol, causó un revuelo social y médico en 2010, cuando una investigación que había iniciado cuatro años atrás se dejó colar a los medios de comunicación: Convit trabaja en una autovacuna experimental contra el cáncer, esa enfermedad asesina, responsable del 21% de las muertes anuales en el mundo. En medio de críticas y aplausos, el estudio se llevó a cabo con un reducido grupo de pacientes en los que obtuvo resultados satisfactorios.

Reconocimientos

La Orden 27 de Junio de la Universidad Central de Venezuela.

Orden del Libertador y la Orden Francisco de Miranda.

La Medalla Federación Médica Venezolana.

El Premio Nacional a la Creatividad y a la Inventiva.

La Medalla Salud para Todos en el año 2000.

El título Doctor Honoris Causa otorgado por las universidades Santa María, Francisco de Miranda, Nacional Abierta y Universidad de Los Andes.

Fue  premiado por la Organización Panamericana de la Salud.

Forma parte de la lista de los hombres más valioso de la Organización Mundial de la Salud.Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en 1987.

Nominado al Premio Nobel de Medicina en 1988.

Sin embargo, para Convit su mayor logro con sus investigaciones y vacuna es haberle devuelto los derechos humanos a los pacientes con lepra.

 

Centros de salud y escuelas lo homenajearán hoy

Ejecutivo lamentó fallecimiento de Jacinto Convit

Foto: Agencias

Convit en 1973 descubrió la vacuna contra la lepra y en 1987 recibió en España el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica

Caracas — Este lunes falleció, a sus 100 años de edad, el doctor Jacinto Convit, según confirmaron fuentes vinculadas al Instituto de Biomedicina del Hospital Vargas.

Este ilustre venezolano en 1973 descubrió la vacuna contra la lepra y en 1987 recibió en España el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

El presidente de la República, Nicolás Maduro, publicó en su cuenta Twitter «hoy (ayer) partió el Dr. Jacinto Convit luego de entregar 100 años de vida a nuestra patria, mis condolencias a su familia».

Por su parte, Jorge Arreaza, vicepresidente de la República, expresó: «El legado científico y el ejemplo de vida y constancia del Dr. Jacinto Convit, forman parte de la historia y los valores de Venezuela».

Agregó: «Nuestra solidaridad con los familiares y allegados al Dr. Convit. Sus aportes a la salud de los humildes del mundo, son invaluables».

Homenajes

El ministro de Educación, Héctor Rodríguez, afirmó: «Desde este despacho le enviamos nuestras más sentidas palabras de condolencias a sus familiares, amigos y colaboradores, a la vez que anunciamos que este martes en los distintos centros de salud y escuelas se le rendirá un merecido homenaje en eventos culturales y académicos».

También el ministro para la Salud, Francisco Armada, reiteró la decisión de modificar el nombre del Instituto de Biomedicina ubicado en el Hospital Dr. José María Vargas de Caracas en honor al Dr. Jacinto Convit.

Expresó que esta decisión fue anunciada por el presidente Nicolás Maduro recientemente y destacó que Convit dedicó su vida al desarrollo de la salud en Venezuela dejando importantes aportes en esta materia.

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