100 años de vivencia

Carmen Parra una zuliana que vio los dos siglos

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8 de abril, 2017 - 9:04 am
Gabriel Oretga / Pasante Unica/Redacción

Sus familiares describieron a «La Tata» como carismática, chistosa, y le dan gracias a la vida y a Dios por haberles permitido disfrutar de un ser tan querido toda su vida

Foto: Gabriel Ortega

Con cantos y risas Carmen Parra nos abrió las puertas de su casa y al mismo tiempo las de su vida, que hoy se reflejan en 100 años de experiencias, las canas demuestran que son fáciles decir pero no de vivir, Carmen recuerda su juventud como si fuera ayer, entonando boleros contó que fiesta que había, fiesta que se gozaba, asegura haberse criado en una familia llena de valores donde los domingo no se podía faltar a misa.

Jugaba trompo, metra y hasta volaba papagayos, mamá me salía acosando por todo el patio porque decía que me gustaban los juegos de niño, recuerdo que era echá pa′lante, peleaba por mis metras cuando mis hermanos me hacían viveza crecí con cinco hermanos con quien pasé momentos inolvidables, y que recuerdo como si no hubiera pasado mucho tiempo, y es de admirar cuando se cumplen 100 su llegada al mundo, 36.525 días compartiendo junto a los míos, más de la mitad con su hijo, nietos y bisnietos.

Crianza distinta
Al remontarse a su niñez Carmen enfatiza que creció bajo los recelos de su padre, quien le impedía que asistiera a fiestas, sin embargo, según contó recuerda que no había nada que la parara, parranda que saliera parranda donde estaba, sin duda alguna recuerda cómo se entonaban los boleros de su época.

En su infancia se dedicó a estudiar la primaria, y a los quehaceres de la casa, lavaba, planchaba, y hacía comida para que su mamá no se mortificara por los quehaceres, a pesar de que era la quinta de los seis hijos que tuvieron Teolindo e Isabel, fue la más consentida por ambos, con mimos la consentía, «como recuerdo esos mimos, pareciera que fue ayer cuando él me sentaba en sus piernas» entre lágrimas Carmen mantiene vivo el recuerdo de su padre.

Carmen acompañó a sus padres hasta los 35 años, cuando decidió casarse con el que sería su único esposo José Ramón Molero, aunque decidió formar una familia bastante mayor para las mujeres de su época, vivió un matrimonio en plenitud y lleno de amor, confortado por la confianza, tolerancia y respecto, tuvo dos hijos producto de este amor que se construyó sin duda alguna en amor puro y sincero. Según Carmen amar es valiente porque cuando se ama se sufre.

Poco después de casarse Carmen dio a luz a sus dos hijos, Alicia Margarita y Claudio José, lamentablemente le tocó sufrir el dolor de enterrar a su hija luego de que a temprana edad falleciera de una enfermedad desconocida, marcándole este hecho su vida por el dolor, a sus 100 años Alicia entre lágrimas y con el corazón apachurraíto recuerda con gran dolor a su hija Alicia, quedándole Claudio José a quien se dedicó desde entonces con mucha entrega, pero sobre todo pasión a cuidar de él, para poder cubrir el dolor que había dejado la muerte de su primera hija.

Disfruta su matrimonio con José, quien cinco años después fallece, quedando viuda y con un hijo, Carmen se embarga de nuevo por el dolor, puesto que había perdido a su único amor, y que hasta el momento dice amar con todo el corazón, y desde entonces se dedicó a su único hijo, la mayor bendición que Dios le dio, para Carmen ser mamá ha sido el mejor rol que ha podido tener en sus 100 años de vida, y que aún sigue disfrutando, aseguró que no hay amor más puro que el de su hijo.

Lo sacó adelante
Su hijo José Molero, lleno de emoción y con lágrimas y hasta sin palabras, define a su madre a sus 66 años de edad, como el mejor regalo que le dio la vida, Carmen se dedicó a sacarlo adelante luego que su padre falleciera trabajando como señora de servicios para poder cubrir su educación y alimentación, hoy celebra los 100 años de la vida de su mamá con lágrimas en sus ojos que atribuimos eran de felicidad.

Para Lismary Molero, bisnieta de la señora Carmen, su abuela es su todo, es su guía, más que su abuela es su madre, fue la persona que la cuidó desde chiquita, la bañó, la llevó al colegio, ella fue quien se dedicó a sus nietos, dejó la vida entera, dejó de vivir, soñar, dejó de hacer su vida por dedicarse a su hijo y sus nietos, su familia para ella es todo, para ella no hay más nada importante que su familia, por eso Dios le está dando la dicha de cumplir 100 años de edad, y nosotros con esa dicha le celebramos esos 100 años que se oyen fácil, pero que vivirlos es difícil.
Pensamiento que comparte otra de sus nietas, Merly Urribarrí, quien desde pequeña disfrutó de las historias de vida de su abuela.

Sin duda alguna, la familia Molero se viste de fiesta para celebrar un siglo de vida de Carmen mejor conocida como «La Tata» por sus bisnietos, con los cuales ha compartido, sus cantos, y cuentos en especiales los de Jaimito, con quienes ríe sin parar y con quienes comparte sus historias de vida.

Experiencia religiosa
Carmen se encuentra lúcida y con una memoria intacta, y sin ninguna enfermedad, a sus 80 años sufrió una caída, donde se partió el fémur, según, el pronóstico médico por lo avanzada de su edad no podría ser intervenida quirúrgicamente, y que quedaría sin poder caminar. Terrible noticia. Sin embargo, a Carmen, puesto que su pasión era el baile, poco tiempo después sus familiares, quienes están con ella a diario, la vieron deslizarse por la pared.

«La Tata» aseguró haber visto destellos de luz y con mucha firmeza dijo que había sido operada por el Doctor José Gregorio Hernández, sus familiares hoy dicen que solo pudo haber pasado por un verdadero milagro.

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