Hugo Chávez: el imprescindible de la revolución

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5 de marzo, 2015 - 1:40 pm
Redacción Diario Qué Pasa

El legado de Hugo Chávez transformó el pensamiento venezolano, no solo a nivel político, sino social y hasta cultural

Fotos: Agencias

Su legado: independencia, autoestima, conciencia política, patria libre y soberana

Hace 24 meses se despidió un Gigante. Ese día, 5 de marzo de 2013, nació el chavismo como idea socialista, y ejemplo para la izquierda planetaria.

La pasión por la lectura, la formación política, y el tesón en la lucha por la justicia social, y la revolución de los pobres fueron un factor clave en la gestación y madurez ideológica del comandante Chávez en la apuesta por un bolivarianismo de corte liberador, socialista y anticapitalista. Su talento instructivo fue un arma eficaz en la educación y cimentación política de millones de venezolanos.

Chávez utilizó y puso en práctica sus inigualables dotes a través de todos los medios, en especial los de información. La claridad para hacer entender realidades lo ubica como un maestro de óptimo nivel, y en el pináculo ideológico como el más firme sembrador de conciencia revolucionaria, en su país Venezuela, en América y en el mundo.

¿Cuál es su legado?

El legado de Chávez como líder socialista es muy extenso y diverso, pero se pudiera resumir, por entendido, en tres aciertos:

1.- La verificación de que se puede cambiar el rumbo de la historia. En concreto: Que el capitalismo —y su categoría última el neoliberalismo— como proyecto hegemónico, autoritario y de exclusión social puede ser sustituido por una agenda alternativa, que tenga al pueblo como su protagonista, si hay la suficiente voluntad política.

2.- La reivindicación psicosocial de que «podemos volver a soñar» como en el meridiano del siglo XX, es decir, que la utopía es de nuevo un instrumento práctico para la organización y la movilización de las masas. Hoy, muchos intelectuales de la izquierda valoran la importancia del discurso de Chávez en el Foro Social de Brasil en 2005, cuando rescató de las catacumbas la necesidad de recuperar el socialismo como proyecto revolucionario de emancipación, para la humanidad.

3.- La idea clara y precisa, de que Latinoamérica y los pueblos del mundo pueden ser libres y soberanos, o lo que es lo mismo, que se inicia el tránsito hacia la verdadera independencia de las metrópolis, se apuesta por superar el perpetuo ciclo colonial, con estrechas relaciones de solidaridad entre los pueblos, acogidos por la construcción inmediata de un mundo multipolar, que ya es una realidad.

Los recursos fueron, y son, dirigidos al bienestar del pueblo, hechos demostrados con acciones que millones de venezolanos testifican

El nuevo ciclo

Chávez acrecentó la conciencia política e ideológica de las masas, sobre todo para instaurar una nueva cultura política que se sustenta en la siguiente ecuación: Estado social, soberanía nacional y participación popular. Sumada a la capacidad para tejer alianzas regionales y mundiales exitosas, basadas en la solidaridad y la utilización de los recursos para dar pasos cualitativos. Aunado a lo anterior a la batalla de las ideas y al despliegue del poder simbólico de las utopías de cambio social… Todo, absolutamente todo, bajo la perseverante idea chavista del socialismo para el siglo XXI.

Las características del proceso bolivariano, su formulación dialéctica y dinámica, contienen profundas lecciones para aquellos que luchan desde las instituciones y la calle, desde el contrapoder, por un cambio político, económico, social y cultural en clave esencialmente popular y con el socialismo como denominador. Ejemplo que se regó por Latinoamérica y ha llegado a Europa y África con signos alentadores de triunfo. El caso Podemos —en España— es algo especial, por las influencias del chavismo.

Lo más paradigmático no es que se estén creando instrumentos de integración regional autónomos respecto a EE UU, como el Alba, la Celac, Unasur, Mercosur, Petrocaribe, sino que los países más conservadores como Chile, Colombia, y otros, se vean obligados a formar parte de la nueva dinámica latinoamericana que lidera Venezuela, porque no pueden permitirse el derroche, darse el lujo, de quedar fuera de la historia.

¿Lo irreversible?

El autoestima (plano psicosocial). Chávez, sus ideas y su movimiento, consiguieron elevar la autoestima colectiva del pueblo a niveles inéditos. Las conocidas mejoras de las condiciones de vida materiales de millones de seres humanos en el país han ido acompañadas de un proceso de dignificación de los más excluidos que alcanza proporciones colosales. La inclusión no solo socioeconómica y política sino cultural, fundamentalmente afectiva y simbólica ha sido un eje de transmisión constante de la Revolución Bolivariana de Chávez.

La conciencia política. La capacidad para aumentar y vigorizar la conciencia política e ideológica de las masas fue uno de los logros de Hugo Chávez. Venezuela afianzó, en quince años, una nueva cultura política, sustentada en la ecuación que señalamos anteriormente: Estado social, soberanía nacional y participación popular; articulada en una democracia participativa y protagónica dentro de un Estado democrático y social de derecho y de justicia que propugna la libertad, la solidaridad, la igualdad, y los derechos humanos.

Los venezolanos ahora tenemos patria

Chávez traspasó el timón de la nave pero las palabras de su último discurso antes de partir a La Habana, quedan para la posteridad como una metáfora que condensa el momento histórico venezolano: «Sea como sea y con esto termino, hoy tenemos patria, que nadie se equivoque. Hoy tenemos pueblo, que nadie se equivoque. Hoy tenemos la patria más viva que nunca».

Hugo Rafael Chávez Frías se caracterizó por su carisma

Estado social, soberanía nacional y participación popular

Ser revolucionario no consiste en dramatizar el libreto, sino en escribir la historia con los principios de igualdad, justicia, democracia y paz, en un contexto geopolítico e histórico, de cambios radicales, y llevando adelante una política que se alimenta de la lucha de miles y miles de personas a lo largo del tiempo y ancho del mundo. No hay verdugo por muy imperio que sea que pueda someter a un pueblo que ha decidido ser libre. Ese es uno de los principios del «Comandante Eterno», como lo designó su pueblo venezolano.

La intensidad del pensamiento socialista atrae a muchos. En la gráfica, el actor norteamericano Sean Penn acompaña a Chávez en un acto

Hugo Chávez y los países emergentes

Uno de los efectos más interesantes de la reacción global a la muerte de Hugo Chávez fue la postura de los denominados países emergentes. Dentro de su diversidad, que va desde Brasil a India, de Rusia a China, de Irán a Suráfrica, pasando por decenas de países en proceso de transformación, las alabanzas a Chávez, y a su proyecto político, fueron un claro reflejo y una clarinada del profundo cambio que ocurre en el mundo. Su ejemplo integrador es luz que ilumina a los pueblos, y sus ideas han revivido a la izquierda y al socialismo, en todos los rincones del planeta.

La tradicional hegemonía de occidente, liderada por el eje nor-atlántico, y adherida por muchos países en clave subalterna, está en franca decadencia intentando sobrevivir. Varias décadas de neoliberalismo rapaz y de soberbia postsoviética han llevado al sistema capitalista a una crisis de carácter fatal. Hugo Chávez fue el primer líder en plantear un mundo pluripolar, libre de imperialismos, luego del «fin de la historia».

Niños y adultos por igual seguían a su líder. La revolución alcanza y llega a todos

El imperialismo, o cede o confronta

Pese al poder acumulado y al hecho de que las opciones no las ofrecía el centro sino la periferia, le permitió al hegemón, por un tiempo, retrasar la debacle. Ahora, en el tiempo postchávez, con su ejemplo, la opción está ya en manos agigantadas (Rusia, China, Brics, Alba, UEA, Celac) en las clases dirigentes occidentales conviven dos visiones contrapuestas. La mayoría (USA-Otan) acuerda por el suicidio de la guerra. Otros, defienden la opción de ceder un poco para sostener el grueso, al estilo New Deal del pasado siglo; los pueblos se mantienen desdeñados por el bombardeo de la prensa corporativa, que miente y desinforma continuamente. Aunque la crisis sistémica ha hecho despertar a muchos sectores sociales, sobre todo en Europa.

Ambas visiones comparten un elemento: el miedo a una «revolución estructural», un cambio que tiene en el ideal socialista-bolivariano propugnado por Hugo Chávez un proyecto, una agenda y una fórmula que ha demostrado ser efectiva y exportable.

Latinoamérica volvió a ser una sola gracias al pensamiento revolucionario que protagoniza, aún, Hugo Chávez

La fórmula Chávez: Estado social, soberanía nacional y participación popular

Chávez acrecentó la conciencia política e ideológica de las masas, sobre todo para instaurar una nueva cultura que se sustenta en la siguiente ecuación: Estado social+soberanía nacional+participación popular = revolución. A eso hay que sumarle las alianzas regionales e internacionales —integradoras—, la importancia de la solidaridad, la utilización de recursos económicos y legales para dar saltos cualitativos, la batalla de las ideas y la lucha constante por la legitimidad, el despliegue del poder simbólico de las utopías revolucionarias… Todo ello bajo la idea del socialismo como resultado.

Todas las características del ideario bolivariano, su formulación dialéctica y dinámica, contienen profundas lecciones para quienes luchan desde las instituciones y la calle, desde el contrapoder, por un cambio político, económico, social y cultural en clave esencialmente popular.

El ideal bolivariano identificó la lucha revolucionaria de Chávez. Su pueblo lo seguía a donde fuera que decidiera ir, convirtiéndolo en un auténtico líder de masas

Venezuela un ejemplo a seguir por la izquierda mundial

Venezuela hoy, con sus lagunas y colinas por conquistar es absolutamente otro país, una patria nueva. Una nación más mestiza, democrática y plural, que difícilmente se reconoce en aquella Venezuela sometida por sus élites de tez clara a los designios del FMI y el BM, y al despojo institucionalizado de su renta petrolera.

Mas allá de los confines de la Venezuela bolivariana, y hasta de esa «patria grande» cuyos gobiernos mudaron de piel en el tiempo del inquilino de Miraflores, la muerte de Chávez no ha dejado indiferente a nadie. Desde el omnipotente vecino del norte, EE UU, hasta Irán; desde las desafiantes potencias asiáticas hasta los pueblos árabes; desde esa África que no se resigna a ser el continente perdido, hasta la Europa que se lame las heridas causadas por su inconsciente adscripción a las imposiciones de los mercados; todos se sometieron al tono de admiración por el ejemplo revolucionario del líder bolivariano. Los pueblos lo enaltecen y lo tienen presente como ejemplo de liberación frente al monstruo que todo lo devora.

Se despidió un gran líder popular. Ha nacido el chavismo como idea revolucionaria y como ejemplo de gestión popular para la izquierda planetaria.

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