El abuso canallesco del lenguaje en los medios

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25 de octubre, 2013 - 12:05 pm
Redacción Diario Qué Pasa

 

Fotos: AVN

Las palabras «per se» no significan nada, más bien dependen del uso que se les dé, del tono, del contexto y la circunstancia en que se pronuncien.

El presidente Maduro se refirió ayer al tema del lenguaje como arma de la derecha, concentrándose sobre todo en las acciones miméticas que tratan de aprovecharse de los símbolos que estableció Hugo Chávez, que pretende así  ganar indulgencias con escapulario ajeno. El del lenguaje es un tema en realidad mucho más amplio y que desemboca en una de las líneas de manipulación más caras al Imperio y sus adláteres, sobre todo los mediáticos.

El lenguaje mediático derechista se especializa en diferenciar a los seres humanos según los intereses de los poderosos. En Medio Oriente los invasores son «los aliados» o «soldados de la coalición», mientras los invadidos son terroristas, talibanes (en connotación despectiva de la que el término carece originalmente), fundamentalistas o inclusive el «enemigo». En Venezuela la clase media antichavista es la «sociedad civil» y los revolucionarios son «grupos oficialistas», de nuevo con una connotación negativa que realmente no tiene (según la segunda acepción del Drae, edición N° 22: Conjunto de tendencias o fuerzas políticas que apoyan al gobierno). Esta fórmula es aplicada para definir a los miembros diferenciados de un sector específico: los estudiantes de derecha son el «movimiento estudiantil» o «universitarios», los revolucionarios son «grupos estudiantiles oficialistas».

Otro ejemplo de un vocablo que es transformado en peyorativo sin serlo es «régimen». Volviendo al Drae, en su segunda acepción la palabra significa «sistema político por el que se rige una nación». Pero los medios la han convertido en sinónimo de dictadura, gobierno autoritario, gobierno forajido. Por eso cualquier gobierno de un país considerado opuesto a los designios imperiales es un «régimen»: el régimen cubano, el régimen de Hussein, el régimen de Al-Gaddafi, el régimen de Chávez, el régimen de Al-Assad. Jamás verá el lector que se hable del régimen de Obama, del régimen de Sarkozy, del régimen de Merkel. Esos son administraciones, gobiernos de «gente decente», occidentales, industrializados.

Luego está el uso de locuciones adverbiales para ocultar la realidad. Por ejemplo, si un grupete de estudiantes de derecha inicia una huelga absolutamente minoritaria, la canalla mediática trata de disimular la precariedad usando la locución «al menos»: «Al menos quince estudiantes iniciaron una huelga de hambre en la sede de la OEA» o «al menos veinte personas protestaron en Madrid contra el régimen de Chávez». La expresión puede ser sustituida por otras como «no menos de quince estudiantes» o «más de un centenar de personas trancaron la autopista».

Más ejemplos

Otra manera de usar el lenguaje es echar mano de términos que implican autoridad o conocimiento superior. Así es como se habla de «expertos» o «analistas» para dar credibilidad a alguna afirmación que le resulte conveniente a la canalla mediática: «expertos consultados señalan…» o «diversos analistas afirman…». Otra fórmula para introducir las manipulaciones es «según observadores» o inclusive «según observadores independientes». La mayoría de la veces los «expertos», «analistas» u «observadores» son anónimos, pero también les adjudican estos títulos a perfectos desconocidos o a personajes que, aun siendo profesionales, distan de ser «expertos».

La filiación ideológica de gobiernos y personeros sirve igualmente para la manipulación. Se habla de «gobierno comunista», pero jamás de «gobierno capitalista» (en este último caso es solo «gobierno»). Por ejemplo, el «gobierno comunista de Cuba», pero jamás «el gobierno capitalista de Estados Unidos». Por extensión, se puede hablar en los medios de la derecha de «dictadura comunista», cuando se trata, por ejemplo, de Cuba, pero no de «dictadura capitalista», si se trata del Chile de Pinochet o del gobierno golpista y represivo que instauró Micheletti en Honduras.

Últimamente se viene usando cada vez más en esos medios el concepto de «valores universales» para referirse a los valores burgueses. Así, términos como «libertad», «libertad de expresión», «libertad económica», «Derechos Humanos» son concepciones secuestradas por la derecha. La libertad para ellos consiste en libertad para conspirar, libertad para mentir, libertad para explotar, y los «Derechos Humanos» son útiles mientras sirven para defender esas «libertades». Para la canalla mediática, esos conceptos, en el sentido que les da la burguesía, son universales, sin importar que haya quien los entienda o aplique de otra manera.

Usos lingüísticos tergiversados se han hecho comunes en estos tiempos de grandes crisis, conflictos y transformaciones. Cuando se dan golpes de Estado, como en abril de 2002 en Venezuela o en junio de 2009 en Honduras, los gobiernos productos de las asonadas no son de facto, sino de «transición», y dictadores como Carmona y Micheletti no son presidentes usurpadores sino «interinos».

Como se sabe, el del lenguaje es el reino de la subjetividad. Las palabras «per se» no significan nada, más bien dependen del uso que se les dé, del tono, del contexto y la circunstancia en que se pronuncien. En Venezuela la frase: «¡Qué bonito!» puede querer decir: «¡Qué lindo!» o «¡Qué descaro!». La derecha está consciente de eso y le da al asunto la importancia que tiene.

Fotos: Captura

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