Lepra: el mal bíblico que se curó en Venezuela

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14 de mayo, 2014 - 11:49 am
Redacción Diario Qué Pasa

Durante 15 años el médico y científico, Jacinto Convit, se aisló como un paciente de lepra más, conviviendo con los enfermos, compartiendo su dolor y luchando por conseguir la cura de la enfermedad que los aquejaba.

Los ojos azules y de mirada penetrante de Jacinto Convit, hubieran preferido quedar ciegos antes que mirar con asco o desprecio a un paciente con lepra o con cualquier otra enfermedad. Se dice que de niño lloraba cuando veía a un enfermo. Poseía una especie de don para sentir lo que el paciente sufría y lloraba, lloraba mucho. Según su nieta Kika, «colaborar con acabar con el sufrimiento de la humanidad fue lo que lo llevó a ser médico».

Fue tal su sensibilidad que después de más de 70 años de ejercicio profesional inagotable, continuaba viendo a un paciente con la misma pasión con que hizo una revisión médica la primera vez, así lo afirman quienes lo acompañaron en su devoción, algunos de sus expacientes que, con lucidez, confirman que «el médico de la esperanza» trató a los enfermos con un respeto y una delicadeza increíbles, cada paciente para él fue único.

La enfermedad que curó

La lepra es una enfermedad que data de tiempos bíblicos. «Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes. Y el sacerdote mirará la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo», señala La Biblia (Levítico 13, 1-2).

Científicamente fue descrita como una enfermedad infecciosa de nula transmisibilidad cuando está debidamente tratada, aunque los pacientes que no reciben tratamiento  o el mismo sea  inadecuado, sí constituyen una fuente de contagio, debido a la reacción inmune a alguna de las bacterias. Es importante destacar que la  bacteria mycobacterium leprae fue descubierta en 1874 por el médico noruego Gerhard Armauer Hansen, debido a lo cual fue denominada en su tiempo como bacilo de Hansen o mal de Hansen.

Pero más allá de esto, quien padeciera de lepra en aquella época era víctima de prejuicios arraigados en la sociedad. Según cuentan quienes sobrevivieron a la enfermedad, a los «lázaros» —como eran llamados— se les encadenaba y eran custodiados por autoridades policiales, eran una vergüenza para la sociedad. Por tales razones los gobernantes de la época decidieron que todas las personas que padecieran «el mal» serían reclutadas y trasladadas a la fuerza o por voluntad propia, a lo que denominaron «leprocomios».

Cabo blanco

Uno de estos hospitales especialmente creados para los tratamientos de lepra fue la leprosería de Cabo Blanco, ubicada en el departamento Vargas del Distrito Federal (hoy estado Vargas). Descrita como una inmensa casona hecha en 1906 durante el gobierno de Cipriano Castro, albergó a 1.200 pacientes recluidos. La lepra para aquel entonces se trataba con aceite de chaulmoogra y se aliviaba el dolor con derivados de morfina. El aceite lo refinaba un danés, Jorge Jorgesën, químico experto que había participado en la Guerra Mundial. Pero el enfermo no se curaba, debía encontrar un tratamiento más eficaz.

Luego de varias investigaciones y teniendo como único remedio este aceite, Jacinto Convit demuestra por primera vez que una mezcla de mycobacterium leprae (la bacteria que produce la lepra) con bacillus de calmette y guérin (BCG, que se usa como vacuna de la tuberculosis) producía una lisis total del agente de la lepra cuando era inyectado en pacientes lepromatosos, esto luego de inocular el bacilo de la lepra en armadillos (dasypodidae), logrando la inmunización de la enfermedad.

Isla Providencia

Según relata la historia, Simón Bolívar ideó un lugar donde fueran atendidos los pacientes con lepra, el inédito pensamiento del Libertador fue ideado con el único fin de salvar a estas personas de la indigencia y el rechazo continuo que sufrían por parte de la sociedad. Fue en 1828 cuando se  promulgó el decreto donde se ordenaba el levantamiento del leprocomio en el lugar conocido para ese entonces como la Isla de Los Burros, después como Isla de Lázaro, también llamada Isla de los Mártires y finalmente Isla de Providencia. Es por ello, que en allí se construyó el primer hospital antileproso de Venezuela, lugar que abrigó a más de mil pacientes.

Tal como lo describe uno de sus exhabitantes, el señor Buenaventura Morales —colombiano de nacimiento, pero venezolano de corazón—, la Isla Providencia «era un paraíso». A pesar del tiempo transcurrido, relató con total lucidez que fue a los 27 años de edad cuando contrajo la enfermedad. La aparición de unas manchas blancas en la piel lo alertaron mientras se desempeñaba como contratista en el centro de Maracaibo, posteriormente estas se convirtieron en ulceraciones que le producían fiebres muy altas, por lo que fue trasladado a la Isla de Los Burros, donde según él, vivió los mejores años de su vida a pesar de la feroz enfermedad.

Desalojo de la isla

Para muchos, el desalojo en 1985 de La Isla Feliz como hoy en día la siguen llamando los pacientes del doctor Convit, fue una sorpresa de la que hasta el momento desconocen las causas. Cirilo Antonio Montero, de 83 años de edad y oriundo de Barinas, llegó a la isla en 1965 luego de que por voluntad propia y tras ser diagnosticado como paciente positivo de lepra le pidió al director de la Sanidad para aquel entonces, de apellido Barroso, que lo trasladara a aquel inhóspito lugar que hoy continúa describiendo con nostalgia como «el mejor lugar del mundo».

Cirilo también recuerda cómo les fue anunciada la salida de la isla donde más de mil pacientes vivieron durante largos años. «Una tarde estábamos viendo televisión en el cine y hubo una cadena corta del presidente Carlos Andrés Pérez: «Voy a acabar con la vergüenza de la Isla de Providencia», dijo el presidente. A así fue, nos sacaron».

Finalmente la Isla de Providencia fue desalojada del personal médico y pacientes en el año 1984, una vez que el doctor y científico venezolano Jacinto Convit inventó la vacuna contra la terrible enfermedad. Al menos 300 positivos de lepra fueron trasladados al Hospital Cecilia Pimentel, situado en el sector Palito Blanco, en Maracaibo donde actualmente viven 16 pacientes, ahora negativos de la enfermedad rero que llevan en su cuerpo las marcas de lo que fueron aquellos años.



Enfermería con espíritu de lucha

Cuando los pacientes llegaron al Cecilia Pimentel, los tratamientos contra el mal de Hansen continuaron. Según relatan algunas enfermeras que tratan la enfermedad desde sus inicios, ellas tuvieron el deber de aplicarles el nuevo tratamiento, que a su juicio era más fuerte pero que al cabo de un tiempo lograría erradicar por completo la enfermedad gracias a los avances que logró el doctor Convit.

Ramona González fue una de las primeras enfermeras que atendió a los pacientes con lepra. Con más de 40 años al servicio de los que reconoce como «su familia» explicó que los pacientes tenían todas las comodidades para ser atendidos medicamente en Providencia. «Había de todo: quirófano, sala de hospitalización, medicamentos y se les hacían curas y amputaciones en los casos más extremos».

Explica que al inicio se les aplicaba una inyección mensual para controlar las infecciones con Dapsona (DDS), que es un antibiótico usado para el tratamiento de la lepra, de administración por vía oral. Según su experiencia a lo largo de los años, existen siete tipos de lepra. «Hay varios tipos, unos más drásticos que otros. Hay quienes sufren deformaciones, otros pierden la vista, la movilidad e incluso sufren demencia, pero siempre existen otras complicaciones con el corazón, la tensión, problemas renales». A sus 75 años de edad, Ramona González recuerda al doctor Jacinto como el incansable médico que dedico su vida a «aliviar el sufrimiento de los leprosos». Finalizó asegurando que tal como le enseñó la luminaria de la medicina, «mientras mis piernitas me den para caminar yo vengo al hospital».

Tratamiento y comportamiento actual

Los antibióticos que se utilizan con mayor frecuencia para tratar la lepra son la Dapsona, la Rifampicina y la Clofazimina. Otros fármacos que también se administran a los enfermos de lepra son la Claritromicina, la Ofloxacina, la Etionamida y la Minociclina.

Con frecuencia se emplea una combinación de fármacos para combatir la infección, ya que el tratamiento multimedicamentoso ha demostrado una gran efectividad en la lucha contra la enfermedad, que desde 1985 la incidencia de la lepra en el mundo se ha reducido en un 90%.

En la actualidad, la lepra puede curarse y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha fijado el objetivo de reducir su prevalencia a un caso por cada diez mil habitantes a nivel mundial, y eliminarla así de la lista de problemas de salud pública. En algunos países este objetivo está más que superado, sin embargo, todavía quedan zonas muy afectadas en otros países como Brasil e India.

Curiosidades

(1831-1985) El primer hospital antileproso de Venezuela se construyó en la isla de Providencia en el lago de Maracaibo, a 14 kilómetros de la capital zuliana y a escasos dos minutos en lancha del municipio Santa Rita.

La moneda usada en la isla de Providencia poseía características que la diferenciaban de las usadas en la época.

Los enfermos rara vez tenían contacto con el mundo exterior. También circularon billetes.

En 1939 el lazareto pasó a llamarse leproserías Nacionales Isla de Providencia, hecho que obligó a cambiar las monedas. Se emitió una serie de seis denominaciones.

Hace más de 20 años que no se registra un nuevo caso de lepra en Venezuela.

Gozan de una pensión por vejez que el Gobierno otorgó.

Continúan la atención médica por otras complicaciones.

Fotos: Archivo

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