Wilmer: El hombre que no tiene derecho ni a morir

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19 de enero, 2015 - 1:33 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Foto: Cortesia

Nació en Colombia y se crió en Venezuela, pero en ninguno de los dos países fue registrado.  Sus padres le aseguran que se llama Wilmer Paternillo, pero nunca ha tenido un documento que lo identifique.

Maracaibo – Su cruz va con él desde el mismo momento en que nació en un pueblo rural de Cartagena de Indias, en Colombia. Según su mamá, vino al mundo el 19 de agosto de 1977 y se llama Wilmer Paternillo, pero tanto el nombre como la fecha de nacimiento son tan solo una leyenda. No hay un papel que lo certifique.

Ésta es la historia de un hombre que ha vivido en Maracaibo desde hace 37 años sin identidad, sin un solo documento que avale su exitencia.

Fue traído a Venezuela cuando apenas contaba cinco años. Para su concepto, él no existe. “A veces maldigo el día en que nací”, dice este moreno de 1,75 mts. con un destejo de rencor en sus ojos verdes. Y a quien la vida le ha negado el derecho al estudio, a la vida pública, al matrimonio y hasta a morirse.

“Creo que si me muero me enterrarán en una fosa común o utilizarán mi cuerpo para experimentos de alguna universidad, porque ¿cómo va a tener acta de defunción quien ni siquiera tiene una partida de nacimiento?”, señala, Wilmer, quien vive en el sector Nueva Vía de Maracaibo.

Familia desintegrada

No fue registrado ni aquí ni en Colombia. Sus padres, quienes no llegaban a los 20 años cuando lo tuvieron, se separaron cuando apenas contaba con nueve meses de vida. Su papá se vino a buscar mejor vida en Venezuela, mientras en Colombia su mamá y él vivían muy alejados de los registros civiles.

A los cinco años su abuela paterna se lo trajo para Maracaibo por Paraguachón, pero aquí tampoco contó con quien hiciera diligencias para sacarle un documento y él estaba muy pequeño para saber lo que repercutiría en su vida futura o reclamar por sus derechos.

“Al pasar del tiempo me fijaba de que me cambiaban de un colegio a otro porque me pedían partida de nacimiento. Aprendí a leer con una Biblia que me regalaron mis primas y que aún conservo porque ha sido mi guía en la vida, pero legalmente creo que no pasé de tercer grado en educación básica”, explica Wilmer.

“Luego me daba cuenta de que mis colegas tenían un cartoncito que decía cédula de identidad y yo no contaba con eso y me explicaban que no podía sacarlo”, agrega.

Aumento de inmigrantes

La Asociación de Colombianos en Venezuela señala que tras la ola de violencia que originó el asesinato del candidato a la presidencia Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, aumentó la salida ilícita de ciudadanos en Colombia. Un estudio realizado por esta ONG (Organización no gubernamental) señala que antes de ese año había en el país alrededor de 29 mil colombianos y ahora este número representa solo el 9% de los que llegan cada dos años.

Pero Wilmer no entra en ninguna de estas cifras pues no está registrado ni como colombiano ni como venezolano, es un hombre sin identidad que solo le ha servido a la justicia para ser extorcionado.

“Una vez viajé por Venezuela. Cuando regresaba a Maracaibo en la cabecera del Puente sobre el Lago había una alcabala. Me pidieron plata para no llevarme preso por andar sin documentos. ‘En El Marite la vas a pasar peor’, me dijeron.  Tuve que darles 300 bolívares, quedándome yo con solo Bs. 28”, relata.

No solo los funcionarios han obtenido dinero gracias a la falta de identidad de Wilmer, si no que también ha sido víctima de los llamados “gestores”. Ha pagado miles de bolívares en sueños frustrados de que va a obtener su cédula como tantos colombianos que la tienen en el país, pero para eso debería tener al menos una partida de nacimiento colombiana, luego la cédula del vecino país y posteriormente la cédula venezolana. 

Salida costosa

Todos los abogados le explican que el proceso es costoso, largo y que comenzaría con una demanda legal a su padre.

“Mi abuela siempre le decía a mi papá ‘sáquenle la partida de nacimiento y la cédula a ese muchacho’, pero él le respondía ‘otro día’. Y así entre otro día y otro día fui creciendo. Durante la adolescencia comencé a jugar en las canchas de la ciudad. Tenía 14 años cuando unos entrenadores me vieron jugando fútbol. Soy muy buen arquero y querían contratarme. Yo me ilusioné, pero entonces pasó lo que me pasaba todo el tiempo: la falta de papeles me fregó”, recuerda.

Wilmer se dedica a mecánico. Es el único empleo en donde no le han pedido documentos. Le pagan semanalmente y en efectivo porque su condición no le permite abrir una cuenta bancaria.
Se enamoró una vez, pero su desilusión llegó pronto cuando su novia se quiso casar y no podía hacerlo con un hombre sin identidad.

“Eso me dolió mucho. Quizá ella era demasiado para un indocumentado como yo. La vida me ha echado a perder hasta el amor. Yo quería hacer tantas cosas: estudiar, jugar fútbol, formar un hogar, llegar lejos; pero no pude hacer nada por los malditos papeles”, expresa con rabia y tristeza, mientras sus ojos se aguarapan.

De acuerdo con La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el Zulia es el estado con más recepción de inmigrantes que vienen de Colombia: “Este es un país que nos ofrece empleo. Hay distintas personas, hay residentes, ilegales y refugiados. Consideramos que el 90% de los colombianos que entra aquí lo hace de forma ilegal”, explicó Libardo Leones, miembro la Asociación de Colombianos en Venezuela.

Wilmer es ilegal tanto en Venezuela como en Colombia, es una especie de ser que uno solo puede ver en persona, pero no buscarlo en ningún registro ni público ni privado, como si en verdad no existiera. Ni siquiera se deja a hacer fotos de frente o la luz del día por el temor que le tiene a los funcionarios de seguridad del Estado de quienes toda la vida se la ha pasado huyendo.

“Sé que me llamo Wilmer, que tengo 37 años, pero no tengo ni la más mínima forma de probarlo. Soy un fantasma, un hombre sin identidad. La ignorancia de mis padres me arruinó la vida”, concluye.

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