Se fue Madiba

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6 de diciembre, 2013 - 1:18 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Foto: Agencias

El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma lo describió como «el hijo más grande del país». En 1993 recibió el Nobel de la Paz

El gobierno sudafricano anunció este jueves la muerte de Nelson Mandela en Johannesburgo a los 95 años después de una recurrente infección pulmonar.

El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma dijo que murió en paz rodeado de sus hijos, nietos y bisnietos en su casa de Johannesburgo.

«Fue el hijo más grande del país», aseveró el Mandatario en su anuncio por televisión, retransmitido en vivo a muchos países.

«Lo que hizo grande a Nelson Mandela fue precisamente lo que lo hizo humano. Vimos en él lo que buscamos en nosotros».

«Ahora está descansando… ahora está en paz», afirmó profundamente afectado el Mandatario sudafricano.

Mandela, el líder que inspiró al mundo

Es posible tender una mano al enemigo más brutal, es posible resistir con la fuerza del espíritu a la opresión más monstruosa. Es posible, ante la más terrible de las adversidades, mantener la integridad y la esperanza.

Nelson Mandela demostró con su vida que lo aparentemente imposible es posible, iluminando un camino válido no solo para sus conciudadanos sino para todos los seres humanos en cualquier rincón del planeta.

El espíritu de Nelson Mandela no se quebró a pesar de sus 27 años en prisión. Luego de ser liberado visitó con un mensaje conciliador a la viuda del arquitecto del sistema de segregación racial en Sudáfrica, el mismo sistema que había oprimido despiadadamente durante décadas a la mayoría negra, obligándola a vivir en zonas designadas y prohibiéndole votar.

El mismo sistema que lo encarceló y lo hizo picar piedra cada mañana encadenado, dañando en forma irreversible sus pulmones y su vista. El mismo sistema que había asesinado brutalmente a líderes de la lucha por la libertad como Steve Biko o que disparó contra niños en la masacre de Soweto.

Cuando el gobierno blanco le ofreció liberarlo solo bajo ciertas condiciones, Mandela, quien ya llevaba dos décadas en la cárcel, prefirió permanecer en su celda antes que renunciar a su lucha, porque «mi libertad no puede separarse de la de todos los demás».

Con un carácter moral forjado en las más duras de las circunstancias, Mandela supo encarnar con sus acciones ideales de libertad y justicia y tener la grandeza de alma de acercarse a quienes habían martirizado a la mayoría negra, eligiendo el perdón por encima del odio y construyendo puentes hacia enemigos, a veces con su característico sentido del humor y siempre con dignidad.

El exmandatario fue por ello no solo el estadista que supo llevar a su país por la cuerda floja de la reconciliación tras las atrocidades del apartheid. La figura de Nelson Mandela también pertenece al mundo.

Un pie en la realeza

Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Umtata, una pequeña comunidad en el este de Sudáfrica.

Su padre, jefe del clan Madiba de la familia real Tembu, murió cuando Mandela tenía 12 años, pero el líder tribal aseguró que tuviera una buena educación. El adolescente asistió a una escuela de misioneros británicos y luego estudió abogacía.

Cuando llegó a Johannesburgo, Mandela experimentó la segregación racial y se convirtió pronto en una figura prominente en la lucha contra el apartheid. En 1943 se unió al Congreso Nacional Africano, CNA, fundando su ala juvenil y convirtiéndose más tarde en presidente de la organización.

En 1944 Mandela se casó con su primera esposa, Evelyn Mase, con quien tuvo cuatro hijos, y en 1952 abrió un despacho de abogados junto a su compañero de lucha Óliver Tambo.

Luego de divorciarse de Mase, Mandela se casó en 1958 con Winnie Makikizela, con quien tuvo dos hijas. De sus seis hijos, solo tres hijas permanecen actualmente con vida.

«Dispuesto a morir»

En 1956 Mandela fue acusado de alta traición junto a otros 155 activistas, pero los cargos en su contra fueron retirados tras un juicio que duró cuatro años.

La resistencia contra el apartheid seguía creciendo, en particular en lo que se refería a la Ley de Áreas, que forzaba a las personas de determinada raza a trabajar en ciertas actividades y a vivir en zonas designadas. El apartheid también imponía la clasificación de las personas por su color y prohibía el casamiento entre personas de diferente raza.

Las tensiones se agravaron en 1960 con la masacre de Sharpeville, cuando las fuerzas de seguridad mataron a 69 personas negras que participaban en una manifestación pacífica contra el apartheid.

El CNA fue proscrito ese año y el líder sudafricano decidió seguir su lucha en la clandestinidad, convirtiéndose en uno de los hombres más buscados por las autoridades.

La masacre de Sharpeville marcó el fin de la resistencia pacífica. Mandela lanzó un plan de sabotaje económico y posteriormente fue arrestado, acusado de sabotaje y de atentar contra el gobierno.

En un acto desafiante, Mandela, quien enfrentaba una posible pena de muerte, se presentó a la audiencia vistiendo no un traje, sino el tradicional atuendo Tembu. Conduciendo su propia defensa en los tribunales y sin llamar a ningún testigo, Mandela declaró: «Yo abrigo en mi corazón el ideal de una sociedad democrática e igualitaria en la que todas las personas vivan en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero ver materializado en vida. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir», sentenció.

En 1964 Mandela fue sentenciado a cadena perpetua. En su primer año en la cárcel murieron su hijo mayor y su madre, pero las autoridades no le permitieron asistir a los funerales.

Masacre de Soweto

Mandela pasó 18 años encarcelado en la isla de Robben Island, donde los prisioneros salían todas las mañanas, en hileras y encadenados, a picar piedras. En 1982 fue trasladado a la cárcel de Pollsmoor, en Ciudad del Cabo.

Mientras Mandela y otros líderes del Congreso Nacional Africano permanecían en prisión o en el exilio, los jóvenes de los barrios negros de Sudáfrica continuaban su lucha contra el gobierno de la minoría blanca.

Uno de los hechos más recordados es la masacre de Soweto, el 16 de junio de 1976, cuando miles de estudiantes negros protestaron contra el decreto que los obligaba a estudiar en afrikaans, la lengua de la minoría blanca, y fueron dispersados por la policía a balazos.

Libre al fin

En la década del 80 el antiguo compañero de Mandela, Óliver Tambo, entonces en el exilio, lanzó una campaña global por su liberación. La comunidad internacional intensificó las sanciones contra el régimen del apartheid y la presión mundial eventualmente tuvo resultados.

El 11 de febrero de 1990 el presidente sudafricano Frederick de Klerk liberó a Nelson Mandela y se iniciaron conversaciones dirigidas a la formación de una democracia multiracial.

La minoría blanca rechazó los llamados a elecciones libres y los enfrentamientos llevaron al país al borde de la guerra civil.

En diciembre de 1993, Mandela y de Klerk recibieron de forma conjunta el Premio Nobel de la Paz. Cinco meses después, el 16 de abril de 1994, millones de personas hicieron fila para participar en los primeros comicios libres en la historia de Sudáfrica. Cuando Mandela votó por primera vez en su vida a la edad de 75 años dijo a la prensa que se sentía «un hombre completo».

Retiro de la vida pública

A los 80 años Mandela, quien se había divorciado en 1992 de Winnie, contrajo matrimonio con Graça Machel, viuda del expresidente de Mozambique Samora Machel. En 2004, a los 85 años, se retiró de la vida pública.

En un país donde todavía es tabú hablar del Sida, Mandela admitió que su hijo Makgatho había muerto en 2005 a causa del virus e instó a los sudafricanos a hablar sobre la epidemia «para que comience a parecer una enfermedad normal».

Su apoyo fue fundamental para que Sudáfrica obtuviera la sede del Mundial de Fútbol de 2010, la primera vez que el evento se realizó en suelo africano, una muestra de que aún con más de 90 años siempre estaba listo para impulsar las causas de su país.

Estadista, luchador por la libertad, la paz y la reconciliación, venerado más allá de fronteras geográficas o generacionales. La vida de Nelson Mandela a lo largo de más de nueve décadas escapa a los confines de cualquier narración.

Fuente de inspiración

El Premio Nobel de Literatura Seamus Heaney se inspiró en Mandela para escribir el coro más conocido de su poema épico La Cura en Troya:

«Los seres humanos sufren, se torturan unos a otros, se hacen daño y se endurecen…

La historia dice: No hay esperanza a este lado de la tumba.
Pero entonces, una vez en la vida… puede emerger la justicia, y riman la historia y la esperanza».

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