El suicidio de un migrante indio desató la polémica

Preocupación en Japón por suicidio en un centro de detención para migrantes

japón
22 de abril, 2018 - 9:22 am
Con información de Agencias

Los migrantes detenidos afirman que si se quejan de un problema de salud a los guardias, estos les administran somníferos o medicamentos contra la ansiedad

Foto: Agencias

Japón – El suicidio de un ciudadano indio en un centro de detención para migrantes en Japón desató una huelga de hambre de compañeros y reaviva las críticas al trato dispensado en estos establecimientos.

Deepak Kumar, un indio treintañero, fue hallado muerto el 13 de abril tras haberse aparentemente ahorcado en la ducha, en un centro de Ushiku, al nordeste de Tokio.

En reacción, unos 70 compañeros suyos comenzaron una huelga de hambre, según un responsable del establecimiento. El movimiento de protesta se propagó a otros centros.

No es la primera vez que se registra un suicidio de estas características. Al menos 8 detenidos murieron en este tipo de centros desde 2010, según un recuento de la Asociación Japonesa para los Refugiados (JAR).

Alrededor de 1.000 personas permanecen en estos establecimientos, según la ONG. Las detenciones pueden alargarse y las condiciones de vida preocupan, en particular por la calidad del seguimiento médico y la vigilancia de los detenidos.

Sólo en Ishiku, el año pasado murió un vietnamita de un ataque cerebral y en 2014, un iraní  (atragantado con comida) y un camerunés (hallado inconsciente en la celda).

Los detenidos afirman que si se quejan de un problema de salud a los guardias, estos les administran somníferos o medicamentos contra la ansiedad.

«Es preocupante que el 20% de los detenidos tomen somníferos», afirma Eri Ishikawa, presidenta del consejo de administración de la JAR, que lamenta «la inexistencia de un mecanismo independiente para vigilar».

«Un sinsentido»

Un migrante sobre el que pesa una orden de expulsión puede estar detenido indefinidamente y «las detenciones largas generan daños físicos y psicológicos», recalca.

No es la primera huelga de hambre en estos centros, pero según Kimiko Tanaka, una defensora de los migrantes, la muerte de Deepak Kumar y la aparente indiferencia de los guardianes acentuaron el enfado.

«Él no había hecho nada malo. No se peleó, no robó nada. No tiene sentido haberlo encarcelado durante un año», condena, indignado, un amigo suyo que pide conservar el anonimato.

Las autoridades desmienten, por su parte, malos tratos o negligencia. «Respetamos sus derechos», asegura Daisuke Akinaga, un responsable del centro de Ishiku. «Intentamos escuchar a los detenidos y responder a sus demandas. Por ejemplo, algunos se quejaron de frío y mejoramos su situación».

«Las demandas de liberación provisional son otro tema. Hay procedimientos que respetar», justifica.

A la mayoría de los detenidos les espera una expulsión, pero muchos quieren obtener el asilo y pueden pedir una liberación provisional el tiempo que se tramite el dosier.

En el caso del migrante indio, «su demanda fue rechazada en marzo pero no lo supo hasta el 12 de abril, según su compañero de celda», explica Kimiko Tanaka.

Investigación

«No había motivo para que se suicidara. Era valiente y tenía un espíritu combativo», cuenta a la AFP el hermano de Deepak Kumar, Sanju, desde Ludhiana, una ciudad del estado indio de Punyab.

«Me llamó por teléfono la víspera de su muerte y estaba de buen humor. Prometió que llamaría dentro de cinco días. No nos creemos la versión de las autoridades y pedimos una investigación», añade.

Los activistas reclaman una reforma del sistema de detención de migrantres, una mejora del acceso a la atención médica y un control independiente de estos establecimientos.

También critican las reglas muy estrictas sobre la concesión del estatuto de refugiado. El año pasado, sólo lo obtuvieron unas 20 personas, sobre unas 20.000 demandas.

 

AFP

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