Hay resistencia en Europa a involucrarse en una misión naval liderada por EE. UU.

El Estrecho de Ormuz: EE.UU., Inglaterra, Alemania y Francia ¿Ir o no ir?

Estrecho de Ormuz
31 de julio, 2019 - 9:42 am
Agencias

La embajada de Estados Unidos en Berlín informó que la Casa Blanca ya le pidió oficialmente a Alemania, a Gran Bretaña y a Francia que sumaran sus tropas a una misión naval para proteger de los iraníes a los buques mercantes en el estrecho de Ormuz, un brazo de agua de importancia estratégica para el comercio porque une al golfo de Omán con el golfo Pérsico. Es muy probable que los Gobiernos de Angela Merkel y Emmanuel Macron declinen la invitación; pero el nuevo primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, podría aceptar.

Estados Unidos y Gran Bretaña ya han enviado barcos a la región para evitar que los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica capturen más naves occidentales; se cree que el pasado 19 de julio, el tanquero Stena Impero, que navegaba con bandera británica, fue tomado por las fuerzas iraníes cuando éste estaba en aguas del emirato de Omán. De momento no hay coordinación entre ambas operaciones. “Nosotros escoltamos a nuestros barcos”, declaró el ministro de Defensa estadounidense, Mark Esper.

 

Estrecho de Ormuz

El estrecho de Ormuz es un espacio muy limitado. Su punto más angosto es de 40 kilómetros, de los cuales sólo unos diez son navegables para los grandes petroleros, que disponen de un carril de entrada y otro de salida con una franja de separación en medio. Esto lo hace muy vulnerable ante una intervención militar para bloquearlo

Juntos pero no revueltos

“Los británicos escoltan a sus embarcaciones y supongo que otras naciones harán lo mismo con las suyas”, acotó Esper, subrayando que, por ser más grande y potente que otras, la marina de Estados Unidos ayudaría a sus aliados si éstos lo necesitaran y lo pidieran. Por su parte, el Secretario de Estado, Mike Pompeo, dice ver la misión naval europea que Londres ha propuesto formar como un posible complemento de la misión estadounidense. Washington envía una señal al otro lado del Atlántico, pero no se sabe qué respuesta recibirá.

Cuando Theresa May llevaba las riendas del Gobierno, Londres tenía en mente una misión naval europea totalmente separada de la estadounidense. La flota norteamericana es percibida por los diplomáticos comunitarios como parte de la estrategia de Donald Trump para ejercer “máxima presión” sobre los persas y obligarlos a renegociar el acuerdo firmado en 2015 con miras a limitar el desarrollo atómico iraní. Y, hasta ahora, tanto la Unión Europea como los británicos desean que el pacto nuclear siga vigente.

 

El factor Johnson

Pero, ahora que Boris Johnson ha tomado el timón en el Reino Unido, es posible que a Londres ya no le interese tanto mantener separados el asunto nuclear iraní y los incidentes recientes en el estrecho de Ormuz. El nuevo ministro de Exteriores británico, Dominic Raab, explicaba este fin de semana que, aunque aspiraba a la formación de una misión naval europea, ésta no podría sobrevivir sin el apoyo de Washington. Su homólogo alemán no tardó en responder que Berlín no se involucraría en una misión liderada por Estados Unidos.

A Johnson le convendría hacer concesiones para acercarse Washington. Una alianza Gran Bretaña-Estados Unidos más estrecha aceleraría la firma de un tratado de libre comercio entre ambos países después de un “brexit duro”. Johnson anunció que Gran Bretaña abandonaría al Club de los 28, cueste lo que cueste, el 31 de octubre de 2019 y, al hacerlo, se puso en curso de colisión frente a la Unión Europea. A nadie le extrañaría que su Gobierno decidiera darle la espalda al consenso europeo de cara al acuerdo nuclear con Irán.

¿Se pondrá Gran Bretaña del lado de Estados Unidos? Esa es la pregunta de rigor para los expertos de Bruselas. “Boris Johnson está en una posición muy difícil”, comenta Judy Dempsey, del instituto de investigación Carnegie. Por su parte, Jürgen Hardt, portavoz de los democristianos en el Bundestag para los asuntos exteriores, no cree que el Reino Unido haya cambiado de posición en lo que concierne al pacto nuclear con Irán. A sus ojos, los sucesos de las últimas semanas demuestran que el acuerdo en cuestión constituye un canal de comunicación diplomática, por muy imperfecto que ese convenio sea.

Es una pena que los estadounidenses hayan abandonado el pacto, dice Hardt. “Yo creo que los acontecimientos recientes demuestran que los socios europeos –Alemania, Gran Bretaña y Francia– están más convencidos que nunca de la utilidad del acuerdo”, añade el diputado democristiano.

Irán considera “hostil” una fuerza europea en el estrecho de Ormuz

Irán insiste en su rechazo a una fuerza europea en el estrecho de Ormuz. Las autoridades han advertido de que tal situación solo llevaría a un incremento de las tensiones. Reino Unido, principal impulsor de la idea, ha enviado un destructor al Golfo Pérsico que, junto a una fragata, velará por la seguridad de sus barcos. El origen de la disputa está, precisamente, en la incautación de una embarcación con la bandera británica días después de que Gibraltar apresara un petrolero con mercancía iraní.

Teherán está de acuerdo con la posibilidad de un cambio de cromos como muestra de buena voluntad, aunque teme las intenciones de Londres y Washington, como indica Ali Rabel, portavoz del Gobierno: “Ellos quieren traer una flota europea de guerra al Golfo Pérsico. Creemos que esas acciones son provocaciones en la situación actual. Conllevan un mensaje hostil y agitarán las tensiones”.

 Los encontronazos con Teherán tienen su origen en la retirada unilateral de Donald Trump del pacto nuclear y la posterior respuesta del régimen de los ayatolás, que comenzó a enriquecer uranio por encima de los límites establecidos. Todos los países que alcanzaron ese acuerdo excepto Estados Unidos se han reunido en Viena para intentar que las aguas vuelvan a su cauce, aunque el representante iraní se ha quejado de las sanciones.

Iranische Soldaten in der Straße von Hormus (picture-alliance/XinHua/A. Halabisaz)Cierre del estrecho

El presidente de Irán, Hassan Rohaní, ha abierto la caja de los truenos al mencionar de forma tácita la posibilidad de cerrar del estrecho de Ormuz si Estados Unidos (EE UU) intenta reducir a cero las exportaciones del petróleo iraní. Fue en Suiza a principios de mes y desde entonces el cruce de amenazas entre Teherán y Washington se ha agravado tanto que ambas partes amagan abiertamente con las opciones bélicas.

Esta guerra dialéctica da pie a preguntarse con qué recursos cuenta la República Islámica para cerrar este paso marítimo clave desde el punto de vista geoestratégico, ya que una quinta parte del petróleo que se consume se transporta a través de sus aguas, según el Departamento de Energía de EE UU.

“Irán puede bloquear el estrecho como mínimo un mes, lo que podría hacer que el precio del barril superara los 200 dólares”, asegura Foad Izadi, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Teherán. A día de hoy, el precio ronda los 75 dólares el barril de Brent. “Rohaní está muy enfadado con EE UU, apostó todo su prestigio político por el acuerdo nuclear y EE UU lo ha abandonado sin ningún motivo”, añade convencido de que su salida es, en cierta medida, fruto de la política del “eje Tel Aviv-Riad”.

Irán cuenta con cuatro tipos de armas para bloquear el estrecho. Aunque cada vez que anuncia maniobras haga mucho énfasis en las lanchas rápidas, el eje de su plan se basa en el despliegue de minas marinas. Sin requerir de mucha tecnología, las minas permiten cubrir suficiente espacio para entorpecer el paso de los petroleros. Obviamente, la Marina de EE UU cuenta con dragaminas, pero es ahí donde entrarían en acción las lanchas iraníes aumentando los riesgos de su misión para complicar el trabajo de los estadounidenses.

Berlín, indeciso

En Alemania, el Gobierno de coalición se muestra vacilante frente a la propuesta británica de proteger la navegación en el Estrecho de Ormuz. Los socialdemócratas temen que medidas militares aticen el conflicto con Irán.

Las formaciones que integran la coalición de Gobierno de Angela Merkel –la Unión Demócrata Cristiana (CDU), la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) y el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD)– están teniendo dificultades para asumir una postura común de cara a la propuesta hecha en días recientes por Gran Bretaña: la de enviar una misión naval europea al Estrecho de Ormuz, con miras a garantizar la seguridad de las embarcaciones que transitan por esa vía que comunica al golfo de Omán con el golfo Pérsico. Las tensiones entre Irán y el Reino Unido se han intensificado en las últimas semanas: cada uno tiene en su poder buques petroleros del otro.

Norbert Röttgen, una ficha importante de la CDU y presidente del comité de Relaciones Exteriores del Parlamento alemán, alega que Berlín tiene el deber moral de involucrarse en el proyecto aludido debido a su dependencia económica de las exportaciones. “Nuestra prosperidad depende de la navegación libre”, comenta Röttgen. “Y debemos dejar claro que apoyamos a nuestros amigos, socios y aliados británicos”, agrega. Las acciones por tomar deben ser europeas, subraya el político democristiano, admitiendo, por otra parte, que Alemania no puede cooperar con Estados Unidos “así como así” debido a su particular política para Irán.

Iran Krise l Straße von Hormus (picture alliance/dpa/NASA/The Visible Earth)  

Sopesando posibilidades

La posición del SPD, que controla el Ministerio de Exteriores, es menos entusiasta. “Una participación alemana en este proyecto no es ni necesaria ni oportuna en este momento”, señala el socialdemócrata Karl-Heinz Brunner, integrante de la comisión de Defensa del Bundestag. “Por supuesto que asegurar las rutas del libre comercio es extremadamente importante, pero estoy convencido de que eso también es posible apelando a recursos diplomáticos. En este instante, medidas militares podrían más bien generar mayor inestabilidad”, acota Brunner. Otras figuras del Gobierno germano oscilan entre estas líneas de argumentación.

En cambio, los partidos de oposición alemanes perciben la idea de enviar buques militares al estrecho de Ormuz como una de alto riesgo: “Alemania no debería pisar la trampa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ni la de su perro faldero, el primer ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson. Alemania no debe permitir ser involucrada en un conflicto o en la preparación de una guerra contra Irán”, esgrimió Sevim Dagdelen, diputada de La Izquierda en el Bundestag, en entrevista con DW. Abundan las interrogantes en torno a las contribuciones militares concretas que Alemania podría hacerle a la operación concebida por Londres.

 

Desafíos concretos

“La Armada alemana ha estado funcionando al máximo de sus capacidades durante años. Ésta sólo podría asumir nuevas responsabilidades si se liberara de otras; de otra manera se vería amenazada por falta de personal y de recursos técnicos”, asegura el socialdemócrata Fritz Felgentrau, quien, como Karl-Heinz Brunner, pertenece a la comisión de Defensa del Bundestag. Por su parte, Thomas Wiegold, periodista especializado en el área de Defensa, sostiene que es muy poco lo que el Ejército alemán puede ofrecer. “Lo más sencillo y rápido sería que pusiera a disposición sus aeronaves para labores de patrullaje marítimo”, dice el experto.

La Armada del Reino Unido sólo tiene un buque en la zona del golfo Pérsico y apenas acaba de enviar un segundo a esa región. Escoltar a las decenas de barcos mercantiles que transitan el estrecho cada día sería imposible. ¿Cómo determinar qué buques gozarán de protección cuando hay barcos operados por compañías europeas que no navegan con banderas europeas? A eso se suman las complicaciones de índole legal: las aguas del estrecho de Ormuz constituyen territorio iraní o emiratí u omaní; las aguas internacionales entre ellas son franjas muy angostas.
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